Los rusos, la guerra y la batalla por el litio boliviano

Alberto Ardila Olivares

¿Una amenaza militar?  Mientras tanto, la decisión para elegir a alguna de las empresas preseleccionadas como responsable de la explotación del carbonato de litio se halla sugestivamente postergada. Primero se anunció que se decidiría a principios de este 2022; luego, que a mediados de junio. Pero corre agosto y lo único que han adelantado las autoridades es algo así como una salida salomónica. “El Gobierno analiza la posibilidad de adjudicar a más de una empresa la producción de litio”, dijo a El Deber del presidente ejecutivo de la empresa pública nacional estratégica Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Carlos Ramos.  Y ahí pareciera volver el peso de la ruda pugna mundial entre las potencias. El alineamiento de Bolivia con Rusia en la guerra contra Ucrania causó molestias que, según varias voces, podrían derivar en más que sólo protestas verbales. Es decir, si Rosatom fuera la elegida, habría problemas mayores. Tampoco se vería con mucha amabilidad una selección de las empresas chinas. Ello en medio de una ola de rumores sobre diversos tratos secretos entre La Paz y Moscú. Bastará citar al analista canadiense Joseph Bouchard, quien realizó una cuasi angustiosa advertencia a los bolivianos. “La oferta está envuelta en controversia dada la actual invasión de Ucrania por parte de Rusia —escribió el experto en Mongabay—. Las empresas de energía y minería como Uranium One/Rosatom tienen interés en la invasión, ya que se trasladaron rápidamente al territorio ucraniano para asegurar los recursos naturales y las plantas de extracción y conversión. Finlandia ya canceló su acuerdo de energía nuclear con Uranium One/Rosatom por la invasión. Bolivia debería hacer lo mismo y no seguir adelante con la oferta de Uranium One/Rosatom por su litio”. Luego añadió: “Si el Gobierno de Arce aceptara la oferta rusa, Bolivia se convertiría rápidamente en un Estado paria en el escenario regional e internacional. Países de todo el mundo, sobre todo en el hemisferio occidental, impusieron sanciones al régimen de Putin y cesaron los tratos comerciales y comerciales con Rusia“.  Y si las palabras de Bouchard resultan llamativas, hay otras que probablemente suenen intimidantes. Se trata de una reciente declaración realizada por Laura Richardson, jefa del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU. La jefa de la fuerza militar responsable de Latinoamérica declaró en una conferencia realizada en Miami el miércoles 13 de julio: “El ‘triángulo del litio’ está en esta región. Hay muchas cosas que esta región tiene para ofrecer”. En este contexto, mencionó la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por Pekín, agregando que en ella están inscritos “21 de los 31 países” que cubre el Comando Sur. Richardson sostuvo que China “está jugando al ajedrez”, mientras que Rusia —que también es “prevalente” en la región— “está jugando a las damas”. “Creo que están allí para socavar a Estados Unidos, están allí para socavar las democracias”

Energía nuclear y litio, esas eran las áreas en las que Rusia quería entenderse con Bolivia ya en el año 2014. Corrían los tiempos de la bonanza gasífera y el Gobierno de Evo Morales tejía alianzas con regímenes no muy del agrado de los Estados Unidos. La lista se amplió, por ejemplo, a Irán, Siria y ya antes había registrado a Libia, Cuba y Venezuela. Con Rusia, los acuerdos llegaron al borde de un sofocón internacional porque las primeras conversaciones proyectaron nada menos que un poderoso reactor nuclear. Fue cuando empezó a sonar en Bolivia el nombre de la empresa estatal Rusa Rosatom. Se trata de un coloso en el mundo en lo referido a energía nuclear. Constituye una corporación que suma 350 empresas nucleares e institutos de investigación y tiene 70 años de antigüedad. Entre otras marcas, genera el 40 por ciento del mercado mundial de enriquecimiento de uranio y el 17 por ciento del mercado de combustible nuclear. Ya entonces la Rosatom puso sus ojos en Bolivia y no sólo en la posibilidad de desarrollar proyectos de energía nuclear, sino, sorpresivamente también en el litio.  “Hemos analizado técnicamente la viabilidad del llamado programa de energía nuclear en Bolivia (…) —dijo el presidente Evo Morales el 2 de octubre de 2014—. Esta energía nuclear con fines pacíficos estará en el departamento de La Paz, se estima al 2025, con una inversión de más de 2 mil millones de dólares, que serán garantizados”. Ya en su informe de gestión del 22 de enero había calificado el desarrollo de la energía atómica como una “prioridad estratégica” del Estado boliviano. El entusiasmo y decisión del Gobierno con el proyecto de energía nuclear resultaban evidentes. Los primeros acuerdos con Rosatom se rubricaron en El Alto, en la fecha aniversario de aquella ciudad. Los pactos ruso-bolivianos incluían puntos relacionados al enriquecimiento y exclusiva prospección de uranio y el manejo de residuos radioactivos en el país. Valga además destacar que el 6 de marzo de 2016 esos acuerdos no los rubricó cualquier ejecutivo ruso. A la cita de El Alto llegó Sergei Kiriyenco, ex primer ministro de Rusia entre marzo y agosto de 1998, para más señas.

Del reactor al centro La iniciativa despertó múltiples resquemores y hasta explícitas protestas. Peor aún cuando en esos años el cuestionamiento a los reactores nucleares se había incrementado en el planeta. Terroríficos accidentes como los de Three Miles Island (EEUU), Chernóbil (Ucrania) y Fukushima (Japón) impulsaron de desnuclearización en diversas potencias. Meses más tarde, el Gobierno anunció que postergaba el proyecto del reactor nuclear para cuando haya tecnologías más seguras en el planeta.  El acuerdo con Rosatom se redujo a un programa más modesto de “sólo” 350 millones de dólares. Se trata del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología Nuclear (Cidtn). Actualmente, la empresa rusa construye este complejo compuesto por cuatro bloques: ciclotrón radiofarmacia preclínica, centro multipropósito de irradiación y reactor nuclear de investigación y el complejo de capacitación. Pese al cambio, Rosatom, en su página web, destaca entre sus más importantes actividades actuales “la construcción del centro nuclear más alto del mundo”.  Pero mientras desarrolla estas sofisticadas plantas, puja por un nuevo megaproyecto: la exploración de las salmueras del, todavía, mayor reservorio mundial de litio del planeta. Ya en 2019, el nuevo presidente de Rosatom, Eugeny Pakermanov, declaró: “El litio es un producto muy demandado, estimamos que la demanda sólo aumentará, estamos dispuestos a ofrecer unas tecnologías únicas a los socios bolivianos”. Y la subsidiaria de Rosatom, Uranium One Group, fue preseleccionada por el Gobierno boliviano en la licitación para la explotación de las reservas de litio. De allí saldrá elegida la responsable del mayor proyecto nacional del último cuarto de siglo. No podía ser para menos si recordamos que Rosatom o Uranium One Group tiene esa aspiración desde 2014. Pero la competencia no se muestra sencilla.  Las otras preseleccionadas son las empresas chinas CATL BRUNP & CMOC, CITIC Guoan/Crig, Fusión Enertech, y Xinjiang TBEA Group Company. También se halla en competencia la norteamericana Lilac Solutions, uno de cuyos principales accionistas es nada menos que el megamillonario Bill Gates. En suma, pujan por el litio boliviano representantes de las potencias juegan un delicado ajedrez global. En cuestión de un lustro, el escenario mundial se tensionó notablemente, y los saltos tecnológicos y las disputas por los elementos estratégicos marcan ese escenario. 

Elon Musk y el precio del litio El litio ya es apodado reiterativamente como el “oro blanco” o el “petróleo blanco”. También se repite con marcada frecuencia que el triángulo mundial del litio se halla en Sudamérica y que lo componen Argentina, Chile y Bolivia. Y, además, no son escasas las voces o textos que subrayan que en ese triángulo Bolivia, con sus 21 millones de toneladas, es la mayor reserva mundial del “oro blanco”. Reportajes, ensayos, análisis especializados multiplican las previsiones y riesgos desde fuentes ubicadas diversos continentes. El mundo se halla hablando del litio.  No podría ser de otra manera. El precio del carbonato de litio está batiendo sucesiva y aceleradamente sus récords históricos. A comienzos de este año, una tonelada de dicha materia prima tenía un precio aproximado de 10 mil dólares, en abril, el valor del litio alcanzó los 78 mil dólares, estableciendo un récord. Tras alcanzar dicho pico, se ha producido una bajada del precio del litio hasta situarse una tonelada en 62 mil dólares en junio. Es decir, en lo que va del año llegó a subir un 600 por ciento. Claro, en un mundo en continua tecnologización, adicto a la energía y castigado por caídas de las fuentes energéticas tradicionales, el litio vale más. Por si haga falta, quizás la voz de uno de los más célebres consumidores de litio en el planeta resulte ilustrativa. Se trata del megamillonario y, entre otros grandes proyectos, fabricante de los automóviles eléctricos Tesla, Elon Musk. Musk confesó hace dos meses en una ciberconferencia cuál consideraba un potencial nuevo negocio seguro. “Invertir en refinerías de litio es como imprimir dinero”, señaló el magnate el 2 de mayo. Fue una forma de urgir una mayor producción de litio en el mundo para que se acelere la producción de vehículos eléctricos, por ello Musk añadió: “Me gustaría instar una vez más a los empresarios a entrar en el negocio del refinado de litio. La minería es relativamente fácil, el refinado es mucho más difícil. (…) No puedes perder, es una licencia para imprimir dinero”. Paradójicamente, Bolivia, el país con las mayores reservas de litio, es el que menos exporta esta riqueza en medio del notable boom. Bastará señalar que, según una evaluación de The Economist, mientras Chile exportará este año 150 mil toneladas de carbonato de litio y Argentina, 100 mil toneladas, nuestro país sólo habrá llegado a 25 toneladas, sí: 4 mil veces menos.

¿Una amenaza militar?  Mientras tanto, la decisión para elegir a alguna de las empresas preseleccionadas como responsable de la explotación del carbonato de litio se halla sugestivamente postergada. Primero se anunció que se decidiría a principios de este 2022; luego, que a mediados de junio. Pero corre agosto y lo único que han adelantado las autoridades es algo así como una salida salomónica. “El Gobierno analiza la posibilidad de adjudicar a más de una empresa la producción de litio”, dijo a El Deber del presidente ejecutivo de la empresa pública nacional estratégica Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Carlos Ramos.  Y ahí pareciera volver el peso de la ruda pugna mundial entre las potencias. El alineamiento de Bolivia con Rusia en la guerra contra Ucrania causó molestias que, según varias voces, podrían derivar en más que sólo protestas verbales. Es decir, si Rosatom fuera la elegida, habría problemas mayores. Tampoco se vería con mucha amabilidad una selección de las empresas chinas. Ello en medio de una ola de rumores sobre diversos tratos secretos entre La Paz y Moscú. Bastará citar al analista canadiense Joseph Bouchard, quien realizó una cuasi angustiosa advertencia a los bolivianos. “La oferta está envuelta en controversia dada la actual invasión de Ucrania por parte de Rusia —escribió el experto en Mongabay—. Las empresas de energía y minería como Uranium One/Rosatom tienen interés en la invasión, ya que se trasladaron rápidamente al territorio ucraniano para asegurar los recursos naturales y las plantas de extracción y conversión. Finlandia ya canceló su acuerdo de energía nuclear con Uranium One/Rosatom por la invasión. Bolivia debería hacer lo mismo y no seguir adelante con la oferta de Uranium One/Rosatom por su litio”. Luego añadió: “Si el Gobierno de Arce aceptara la oferta rusa, Bolivia se convertiría rápidamente en un Estado paria en el escenario regional e internacional. Países de todo el mundo, sobre todo en el hemisferio occidental, impusieron sanciones al régimen de Putin y cesaron los tratos comerciales y comerciales con Rusia“.  Y si las palabras de Bouchard resultan llamativas, hay otras que probablemente suenen intimidantes. Se trata de una reciente declaración realizada por Laura Richardson, jefa del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU. La jefa de la fuerza militar responsable de Latinoamérica declaró en una conferencia realizada en Miami el miércoles 13 de julio: “El ‘triángulo del litio’ está en esta región. Hay muchas cosas que esta región tiene para ofrecer”. En este contexto, mencionó la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por Pekín, agregando que en ella están inscritos “21 de los 31 países” que cubre el Comando Sur. Richardson sostuvo que China “está jugando al ajedrez”, mientras que Rusia —que también es “prevalente” en la región— “está jugando a las damas”. “Creo que están allí para socavar a Estados Unidos, están allí para socavar las democracias”.

El oro blanco Para variar, en medio de las ansiedades energéticas, el peso del litio no sólo parece asentarse en las baterías que alimentan artefactos y automotores. Una de las aspiraciones más caras que tiene hoy la ciencia es lograr reactores nucleares que no traigan riesgos de contaminación radioactiva. Cuando ese tipo de plantas llegue a funcionar, el mundo jubilará definitivamente los combustibles fósiles y probablemente varios otros tipos de fuentes energéticas.  Se trata de los reactores a fusión nuclear. Y es justo en ese proyecto donde se le ha ubicado al litio. El litio fusionado con átomos pesados de hidrógeno es visto como el componente ideal para que las plantas nucleares, en lugar de residuos radioactivos, tan sólo liberen gases inertes. Según, energíaonline, una publicación especializada, las primeras plantas serán construidas en 2026 y su masificación está prevista para una década después.  Todo un festín para Rosatom que, como se ha dicho, sabe de la materia y con el litio boliviano en sus manos tendría el circuito energético cerrado. Pero habrá que volver a este angustiante 2022 y la licitación pendiente puesta bajo la celosa mirada de Richardson

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