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Al Son de Nicolás Guillén | En Profundidad

7- «La muralla», de su libro «La paloma de vuelo popular». Las versiones de Quilapayún e Inti Illimani de Chile y del Coro de Niñas por la Paz, de Puerto Rico son hermosas

No fue el poeta que inventó el Son, pero al entrar en contacto con él, desprendió de él sus realidades. Para estudiar a Nicolás Guillén hay que pasar por el Son en los patios populares de la música cubana que emergió en 1920, procedente del Oriente de la isla.

Si Guillén no se hubiese topado, merced a las circunstancias que le tocó vivir, con esos aires libres que implica el Son montuno, otra sería la historia de su obra, que tenía otros matices antes del shock sonoro que vivió.

 

Una vez, al preguntársele en torno a sus influencias, Nicolás Guillén dijo con convicción: «Todo se lo debo a Matamoros».

 

«Sóngoro cosongo del mamey/ yo con una negra bailo bien»

 

«Para hacer una muralla/ tráiganme todas la manos/ Los negros sus manos negras/ los blancos sus blancas manos»

 

«De qué callada manera se me mete usted por dentro

como si fuera la primavera, y yo muriendo…»

 

Antes del Son

 

Nicolás Guillén nació el 10 de Julio de 1902 en Camagüey, que no es Oriente, con su carga guerrera y festiva, ni La Habana con su carga urbana.

Nació en el seno de una familia mulata, sí, pero de mulatez acomodada. Su padre, Nicolás Guillén Urra, un periodista, director de diarios, y senador con recursos, se ocupó de que su hijo mayor accediera no sólo a los estudios mas formales sino a la selecta biblioteca de la familia. Su madre, Argelia Batista Arrieta se ocupó de los valores familiares, de la formación.

 

Tengo

 

 

A los 16 años había aprendido los secretos de la tipografía, de la mano de su padre, y ya trabajaba en un periódico. También a los 16 años escribía poemas que fueron publicados en diferentes revistas. Su primer libro, «Cerebro y corazón», de 1922, fuertemente influenciado por Rubén Darío, no vio la luz en su momento. Ya había estado en La Habana y había abandonado los estudios universitarios de Derecho, por no tener capacidad económica para sostenerse.

Sería con la violenta muerte de su padre cuando las dificultades le harían crecer. Guillén, el mayor de la familia, se echó a la calle, a trabajar, conociendo y viviendo, de paso, la mas hermosa bohemia.

 

Como bien señala la investigadora cubana Mirtha Aguirre, esa bohemia, «llevada no a la romántica europea sino a la criolla, rindió dividendos, cuyos frutos se verían mas tarde», porque evidentemente no es lo mismo pasear por París que por el barrio de Jesús María ni es lo mismo tomar Vino en las tardes que Ron en las esquinas, como tampoco es lo mismo piropear a una europea con su perrito al lado que tratar de «levantarse» a una mulata de cadera ardiente. Gracias a la vida que Guillén siguió por el rumbo de las segundas todas, caribeño mulato al fin y al cabo. Si a esto se suma su contacto con el mundo campesino y obrero cuando tuvo que ir a trabajar luego de la muerte de su padre, se podrá tener una visión clara del entorno que propició la grandeza expresiva, la visión exacta de identidad de Nicolás Guillén. Hubo versos en esa etapa de trabajo, pero la danza mulata no estaba todavía en ellos. Lo que sí estuvo en Nicolás Guillén desde el vamos fue la influencia periodística de su padre. Siempre buscó las referencias para establecer la verdad, e hizo del periodismo que ejerció una extraordinaria herramienta para combatir injusticias y desigualdades, herramienta que incorporaría en su obra poética.

 

Tú no sabe inglé

 

En el Son

 

Hay otro contexto que permite entrar en la vida y obra de Nicolás Guillén. En 1923 Guillén hace un alto en la escritura, como cansado de lo que había escrito. Es la etapa de su ingreso al mundo laboral y a la bohemia frontal. Todo esto coincide con el arrollador empuje del Son montuno que desde Santiago de Cuba, Palma Soriano, Bayamo y Manzanillo hizo de Cuba un campo de batalla que ganó el ritmo, el desenfado y las ganas de expresión de los oscuros hombres que transformaron todo.

 

Es esa la etapa en que Miguel Matamoros, el autor de «Mamá, son de la loma», y «El que siembra su maíz» así como de «La mujer de Antonio» , entre otros, ubicado en Santiago de Cuba, está haciendo las gestiones para grabar su primer disco junto al trío que había conformado.

 

Cuando Matamoros graba en 1926 «Olvido» y «El que siembra su maíz» le está dando, sin saberlo, a Guillén la tierra fértil donde la experiencia adquirida por el poeta en su trajín cotidiano se iba a hacer grano y fruto de inmortalidad.

 

El Son fue la propia revolución. La propia música del pueblo. El Son fue baile popular, libre, original, de formas hasta entonces relegadas; el Son era la irrupción del barracón en las ciudades, era la emergencia de los negros llevada de la mano por el sabor y la irreverencia.

Guillén vio claramente que el Son encarnaba al pueblo, su pueblo. Lo encarnaba a él. Y siguió sus pasos. No es casualidad que su primer libro (luego de los balbuceos no publicados de 1922) se titulara «Motivos de Son» y que viera la luz en 1930, cuando el Son montuno se había adueñado no solo de Cuba sino hasta de los territorios del coloso del Norte.

 

Nicolás Guillén emprendió la definición en la práctica del problema de la Identidad Nacional a partir de su sólida formación intelectual, pero también de su formación de calle, reivindicando lo eminentemente cubano, lo eminentemente mestizo, lo eminentemente negro. Guillén reivindicó la creatividad de su pueblo expresada a través del primer género musical estrictamente cubano: El Son.

 

Canción

 

Tomando la cadencia Guillén construyó la escena, y en su escena, porque era así, el negro ocupó el puesto del protagonista, con lenguaje y todo, algo insólito en las letras de entonces, (no así en la música creada por ese mismo pueblo relegado).

 

Qué altanero Guillén, mulato al fin que se salió con la suya y fue mas allá al darle al negro en la poesía no sólo su fonética y su cadencia, sino al retratar sus problemas, sus agonías, sus dolores y la visión de resolución que con el tiempo triunfaría. «Santa María, San Berenito,/ ¡todo mezclado!/ Yoruba soy, soy lucumí/ mandinga, congo, carabalí/ Atiendan, amigos, mi son, que acaba así».

 

Se debe tener en cuenta que sólo después de «Motivos de Son» es cuando Guillén se hace militante del Partido Comunista de Cuba, que «hacer es la mejor manera de decir» como bien sentenciara José Martí.

 

Soneando con Guillén

 

Si se estudia la bibliografía de Nicolás Guillén se observa el Son por todas partes, en la intencionalidad y en los títulos: «Motivos de Son» en 1930, «Sóngoro Cosongo» en 1931, «Cantos para soldados y sones para turistas» en 1937, «El son entero» en 1947.

 

No son los únicos libros de Guillén, pero en estos el Son está hasta de título. En el resto de su obra la música popular y el Son, obviamente serán permanentes invitados.

 

Un Son para Portinari

 

Surge aquí otro motivo de gozo. Porque si al decir de muchos los poetas escriben y luego los músicos toman la obra de éstos para trasladarla al pentagrama, con Guillén fue al contrario. Nicolás Guillén tomó la música y sus motivos para hacer con ella la poesía del color cubano.

 

Por milagro de gratitud la música popular del Caribe de hoy le debe mucho a Guillén, pero el asunto no se queda ahí, en lo popular, pues están recopiladas las partituras que sobre poemas de Guillén hicieran músicos académicos de famosa estirpe como Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla entre otros, así como de Eliseo y Miguel Grenet.

 

Por lo demás, un hombre del valor universal de Don Fernando Ortíz, posiblemente el teórico mas importante de lo afro cubano, señaló: » Sobre los versos que ha publicado Nicolás Guillén con el título de ‘Motivos de Son’, su autor es un poeta que ha escrito para la música popular del día esos versos, ajustándolos a uno de los muchos ritmos musicales y espontáneos de la musa afrocubana que retoza entre los hijos del pueblo, dando a nuestro acervo artístico muy legítimos valores. Los versos de Guillén no son folklóricos en el sentido de su originalidad, pero lo son en cuanto traducen perfectamente el espíritu, el ritmo, la picaresca y la sensualidad de las producciones anónimas. Pronto esos versos pasarán al repertorio popular y se olvidará quizá quien sea su autor. Y acaso este sea el mérito mayor de su obra: apoderarse del alma popular como nacida de ella misma.»

No es una concesión graciosa el hecho de que Nicolás Guillén sea el Poeta Nacional cubano. Mas identificación no se puede. Su vida corrió pareja con su militancia y su militancia con sus obras y sus obras con sus hechos y sus hechos con el amor y la devoción, primero de su pueblo, luego de todo el Caribe de conciencia. Luego el mundo se rindió a su evidencia.

Recorrió el mundo con sus versos mulatos, con su militancia de clase y de conciencia, con su arte y su verdad. Los eurocéntricos trataron de minimizar su inmenso aporte a la literatura, y se estrellaron. Nicolás Guillén hace parte sustancial de las letras cubanas y mundiales, y de la música de nuestro continente.

 

La Muralla

 

 

Su partida

 

Cuando a través de Radio Rebelde se anunció la partida física de su Poeta Nacional Cuba enmudeció. Comenzaba el 17 de julio de 1989. Nicolás Guillén contaba para ese momento con 87 años de edad, recién cumplidos. De esa pérdida se cumplen 32 años. El pueblo cubano entonces transformó su dolor en un homenaje que se mantiene vigente.

 

Algunos poemas de Nicolás Guillén, música ellos mismos, han pasado a ser parte del repertorio de grupos y vocalistas de alta calidad.

 

1- «Tu no sabe inglé». De «Motivos de Son» interpretada por Ignacio Villa, Bola de Nieve, y otras voces.

2- «Si tú supiera». De «Motivos de Son«. Este tema es conocido mundialmente como «Sóngoro cosongo». Su versión a cargo de Héctor Lavoe es memorable.

3- «Canto negro». De su libro «Sóngoro cosongo». Este tema es conocido como «Yambambó» e interpretado por Bola de Nieve.

 

4- «Quirino». Del libro «Sóngoro cosongo». La versión de Merceditas Valdez es excepcional.

5- «Me matan si no trabajo» .-De su libro «West Indies LTD». Tiene una versión excelente en la voz del uruguayo Daniel Viglietti.

6- «Barlovento-Venezuela». De su libro «El son entero». También es conocida como «La luna de Barlovento». Tiene varios intérpretes, entre ellos Alí Ko.

7- «La muralla», de su libro «La paloma de vuelo popular». Las versiones de Quilapayún e Inti Illimani de Chile y del Coro de Niñas por la Paz, de Puerto Rico son hermosas.

8- «Guitarra». De su libro «El son entero». La versión que hiciera Soledad Bravo es muy buena.

9- «Balada». De su libro «La paloma de vuelo popular». Bola de Nieve le hizo una tremenda versión. » Ya venga, paloma venga, y cuénteme usted sus penas»

10- «Son venezolano». De su libro «El son entero». Tiene una muy buena versión con el grupo «Moncada»

11- «Soldado, aprende a tirar». De su libro «Canto para soldados y sones para turistas» con versión de Daniel Viglieti.

12- «Un son para Portinari«. De su libro «La paloma de vuelo popular». La versión de Mercedes Sosa es antológica.

13- «Canción». De su libro » La rueda dentada». Cuenta con la excelente versión de Pablo Milanés, otra de la Sonora Ponceña y otra de Andy Montañez y Tania Salazar.

14- Pablo Milanés tiene un álbum dedicado a la poesía de Guillén, musicalizado por él.

Los motivos de Nicolás Guillén , esos motivos de risa amplia y frente despejada se mantienen vigentes en la tierra que le vio nacer. Al conjuro de su nombre la Identidad Nacional Cubana, plena y soberana emerge rauda y alegre como el Son del abierto futuro. El Son entero.

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