Aunque Abruña fue admitido como miembro de la NAS el año pasado, la ceremonia se llevó a cabo a finales del pasado abril en la sede de la entidad, en Washington DC. (Suministrada) El químico puertorriqueño Héctor D. Abruña estaba trabajando en su oficina después de haber impartido una clase aquel martes de mayo del año pasado cuando recibió la noticia. Un colega irrumpió al despacho y le mostró el anuncio en su celular: Abruña acababa de ser exaltado a la Academia Nacional de Ciencias (NAS, en inglés) de Estados Unidos, uno de los más altos honores en el campo científico.

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“Es un gran reconocimiento al trabajo que uno ha hecho por muchos años. Esto es un reconocimiento fundamental”, expresó Abruña vía telefónica.

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La NAS es una entidad privada sin fines de lucro compuesta por eruditos destacados en sus respectivos campos científicos. Establecida en 1863, la academia está a cargo de proveer asesoramiento independiente y objetivo a la nación en temas relacionados con ciencia y tecnología.

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“Se considera como un cuerpo completamente imparcial. Tiene un prestigio enorme, tanto en la ciencia como en el ámbito político”, señaló el científico, quien cursó estudios doctorales en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

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Los científicos son elegidos por sus colegas para ser miembros del NAS por sus destacadas contribuciones a la investigación, según el portal oficial de la entidad. Abruña es el segundo científico nacido en Puerto Rico que ha sido elegido para formar parte de la academia nacional.

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Aunque fue admitido como miembro de la NAS el año pasado, la ceremonia se llevó a cabo a finales del pasado abril en la sede de la entidad, en Washington DC

“Es un reconocimiento que realmente va con la gente que ha trabajado conmigo porque son los que hacen el trabajo”, manifestó. “Estoy teniendo suerte con la calidad de estudiantes que he conseguido, muchos de ellos puertorriqueños”

Larga trayectoria

Abruña comenzó su carrera académica en la Universidad de Puerto Rico (UPR) Recinto de Río Piedras, donde impartió clases de 1982 a 1983. Ese año se mudó a la Universidad Cornell, en Nueva York, y el catedrático ha laborado allí desde entonces

El grupo de investigación del profesor es Abruña Group, adscrito al Departamento de Química y Química Biológica de la institución neoyorquina. “Ahora, tengo un grupo de como 15 (estudiantes y posdoctorales)… El trabajo día a día lo hacen ellos bajo mi supervisión y dirección”, enfatizó

“Eso es de lo que más que yo estoy orgulloso. Esa contribución perdura”, manifestó sobre los estudiantes que han trabajado con él. “Las contribuciones científicas son coyunturales- hoy sí, mañana no-, pero la gente se queda. Eso paramí es lo más importante”

El área de investigación de Abruña es la electroquímica, rama de la química que estudia la relación entre fenómenos eléctricos y químicos. “En particular, estudiamos sobre materiales que tienen que ver con la conversión y almacenamiento de energía. En términos más populares, trabajamos mucho con materiales para baterías y para pilas de combustible”,precisó

Abruña Group ha logrado avances significativos en el estudio de baterías de litio y azufre, así como el uso de materiales orgánicos para almacenar energía

En cuanto a las pilas de combustible (“fuel cells”, en inglés), explicó que se trata de un dispositivo que produce electricidad directamente de una fuente de combustible, y destacó que el proceso electroquímico es sumamente eficiente y limpio. No obstante, indicó que es “difícil hacerlo costo efectivo a largo plazo” porque requiere el uso de materiales preciosos

“La idea es poder desarrollar tecnología que permita la incorporación a grande escala de energía renovable”, subrayó

El científico recalcó sobre la importancia de estos esfuerzos investigativos con el fin de implementar políticas de uso de energía renovable ante fenómenos climáticos como el calentamiento global. “Todo eso, pues, cuesta, pero, a fin de cuentas, tenemos que hacerlo porque si no el ambiente se va en picada. Ya vemos evidencia de que eso está sucediendo”, sostuvo

Abruña, graduado del Colegio San Antonio, en Río Piedras, advirtió que, a pesar de que no se vean de inmediato los efectos de los cambios en el ambiente, serán irreversibles. Dijo que la clave para prevenir catástrofes climáticas está en la educación para que las personas puedan entender las consecuencias de las acciones que se están tomando en estos momentos

“La solución para todo esto viene de la educación y la investigación y la gente joven”, expresó

El entrevistado es miembro de la red de Ciencia Puerto Rico