La primera medida de Yanina, y que sorprendió al chulo, fue instalar un teléfono residencial, al cual lo llamaba a cada rato

‘Como anillo al dedo’ le cayó Yanina al flojo Darío, quien se casó con ella más rápido que ligero, sobre todo porque ella tenía un sueldo envidiable, y porque durante el noviazgo, delante de él, jamás manifestó ninguno de los síntomas de la grave celotipia que padecía. Apenas salieron del Juzgado, ya con el papelito de casados, ella le dijo: ‘Deja el trabajo que yo me hago cargo de la casa’, lo que Darío aceptó porque significaba abandonar para siempre la madrugadera, el andar correteando el transporte, estar largas horas en larguísimas filas para abordar el bus de regreso, esa oportunidad de oro para un flojo como él no se repetiría jamás.

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La primera medida de Yanina, y que sorprendió al chulo, fue instalar un teléfono residencial, al cual lo llamaba a cada rato para verificar que estaba en la casa. También le exigió que mandara fotos de él realizando las actividades del hogar, hora tras hora, por lo que al año del matrimonio, cansado de la vagancia y del monitoreo de su mujer, Darío anunció que buscaría trabajo otra vez; el anuncio devastó a Yanina, se imaginó a su marido rodeado de bellas acechándolo hasta hacerlo caer. No durmió en varias noches, llena de miedo y de celos; una madrugada le propuso que trabajara allí mismo, en la casa: Te pagaría el salario de esta zona, que es bueno, pero Darío se encorajinó y dijo que él no había pasado varios años estudiando administración para quedar barriendo y acomodando la casa. En la agonía de varias noches de insomnio, Yanina encontró la solución: pediría un préstamo para construir varios apartamentitos al lado de la casa, y Darío sería el administrador

‘Hay que evaluar a las que quieran alquilar aquí’, exigió Yanina, lo que significó que ninguna mujer jovenzona ni buenona sería inquilina. Las bellas, las tetonzonas, las traseronas, las carnudas y las de poca edad eran rechazadas de inmediato y, pronto, los cuartos se llenaron de viejos y de mujeres de muchos años y pocas sospechas de enamorar a Darío. En el grupo de mayuyones del inquilinato estaba Isidora, quien andaba a un tris de jubilarse, pero fue la primera en recibir llamados de atención de Yanina, que no aprobó, por pura envidia, la vestimenta de la inquilina

‘Óigalo, bien, doña Isidora, esto es para gente decente’, le dijo furiosa, pero la doñita no se quedó callada y con voz de trueno le contestó: ‘Pues, sepa, señora Yanina, que la decencia tiene muchas caras’, y se fue y la dejó hablando sola. La reacción de Yanina, quien dijo sentirse injuriada por Isidora, fue inmediata: ‘Que se vaya cuanto antes, que desocupe’, le exigió a Darío, quien no pudo complacerla, porque la doñita tenía contrato por un año. ‘Tiene cara de vieja y cuerpo de pelá’, les decía Yanina a las compañeras, que le dieron un consejito que aquella ejecutó enseguida

Faltaba poco para las dos de la tarde cuando llegó Yanina a su casa a echar un ojito. Lo que vio la dejó sin habla, su maridito estaba, sin camisa, en el cuarto de la inquilina vieja y suculenta. ‘¿Qué coño haces aquí?’, gritó. Darío ni se despeinó, al contrario, sin prisa le dijo que se fuera, que respetara el cuarto de la vecina, pero Yanina estaba fuera de sí y le cayó a la inquilina, que también tenía energía de joven y la enfrentó en un combate parejo

Rodaron las dos ante la mirada indiferente de Darío, que no movió un dedo para separarlas. Fue otro vecino el que vino a mediar. Cuando Yanina le pidió a su marido que fueran a denunciar a la inquilina para sacarla del alquiler, Darío, con su calma habitual, le dijo que fuera ella, que él renunciaba a su trabajo de administrador y que en ese mismo momento se iba de la casa

Desesperada, Yanina fingió un soponcio, pero Darío cumplió lo dicho y se fue, dejándola devastada y convencida de que aún no ha nacido quien pueda soportar muchos años a una enferma de celos

‘La decencia tiene muchas caras’