Infobae / Existen los regímenes alimenticios que prometen resultados mediante el consumo de una comida específica, muchas veces catalogada como “milagrosa”. Sin embargo, consumirla implica consecuencias físicas y psíquicas para el organismo Por Alana Gorski 12 de diciembre de 2017 Restringir alimentos puede generar un efecto rebote en el organismo (Getty Images) A pesar de que la ciencia se perfecciona día a día y miles de estudios comprueban o desmienten la efectividad métodos que supuestamente ayudaban a bajar de peso, existen quienes, a pesar de las evidencias, continúan siguiendo las indicaciones de falsos gurúes que prometen la figura deseada consumiendo determinados alimentos.

Y la desinformación abunda. “Si bien hay estudios científicos que dicen que no hay ningún alimento específico que haga bajar de peso, hay investigaciones que afirman que los productos milagrosos son malos. Lamentablemente, en internet eso es lo que vende, creo que todo esto es por marketing y no es para informar bien a la gente”, explicó a Infobae la nutricionista Agustina Murcho.

“La gente recurre al consumo de algunas comidas mágicas por desesperación.  Lo que esta pasando es que en el afán de encontrar soluciones rápidas entran a una página y ven anuncios en donde prometen que una persona puede bajar 10 kilos en un mes si incluye o elimina determinado alimento, entonces aquel que tiene el deseo de estar mejor va y lo hace sin saber que está cometiendo un error”, agregó.

Cuáles son los mitos falsos de alimentación más asentados:

Agua con limón

Las dietas y alimentos mágicos no existen (Getty Images) Muchos la consumen en ayunas con la falsa creencia de que funciona como quemador de grasas. Si bien ayuda a la hidratación y proporciona energía y tiene varios beneficios -porque entre sus componentes hay vitaminas y minerales-, no sirve para bajar de peso.

Vinagre de manzana

Para bajar de peso es necesario combinar hábitos saludables (Getty Images) No hay evidencia científica que demuestre que es efectivo a la hora de quemar calorías. Sí posee beneficios derivados de los nutrientes de la manzana, ingrediente que se encuentra dentro de su composición.

Semillas de lino y chia en ayunas

Estas semillas sólo producen mayor saciedad, pero no ayudan a adelgazar (Getty Images) Su función principal es la mejora del tránsito intestinal y, como genera mayor saciedad, se come menos y eso puede influir en el peso. También cuando se activan por medio de la trituración y se les saca el aceite que tienen dentro, ayuda a bajar el colesterol malo, subir el bueno y disminuir los triglicéridos, pero no queman grasas.

Agua

Consumir agua ayuda a ?limpiar el organismo? pero no es una sustancia que ayude a bajar de peso (Getty Images) Ingerir un vaso de agua antes de las comidas no ayuda a adelgazar, lo que sí sucede es que el estómago se llena y uno come menos. A veces se suele creer que cuando uno orina se elimina grasa, y la realidad es que la mayor parte se elimina por dióxido de carbono por medio de la respiración, no se elimina ni por sudor ni por orina.

Café y té verde

El té y café verde son dos bebidas muy consumidas en países como Japón (Getty Images) Si bien tienen un efecto termogénico que acelera el funcionamiento del metabolismo, esta merma es insignificativa y de ninguna manera contribuye a lograr una silueta perfecta de manera mágica y en poco tiempo.

Las consecuencias y secuelas en el organismo

Las consecuencias de una mala alimentación provocan daños físicos y psicológicos (iStock) Algunos de los problemas más comunes cuando una persona se “obsesiona” con dietas y planes alimentarios es la pérdida de masa muscular y agua. Esto pasa porque el cuerpo tomas las reservas del músculo para generar energía cuando no hay carbohidratos.

El efecto rebote es una de las consecuencias que se tienen si una persona baja de peso restringiendo y recupera el peso inicial cuando incorpora nuevamente esos alimentos y a veces se suele recuperar más del doble de lo que se bajó La sensación de hambre también es otra de las secuelas, que aparece ante la falta de hidratos de carbono. Esto se produce porque el organismo “pide” glucosa y lo cierto es que cuando se está a dieta no no hay ganas de comer lechuga, sino de un buen plato de fideos, chocolate o galletitas.

A esto debemos sumar el factor psicológico, ya que la ansiedad de no poder consumir ciertos alimentos aumenta el deseo. “También hay problemas metabólicos y muchas personas comienzan con problemas de tiroides o resistencia a la insulina. Si lo hacen durante mucho tiempo, el cuerpo entra en estado de ahorro y cada vez cuesta más bajar de peso porque el metabolismo se vuelve lento”, señaló Murcho.

¿Comemos de acuerdo a nuestro estado de ánimo?

La sensación de hambre también es otra de las secuelas, que aparece ante la falta de hidratos de carbono (Getty Images) El cuerpo es una sola unidad, biológica, psicológica, emocional, ideativa y social y la alimentación es, primeramente una reposición biológica de nutrientes, pero también y prioritariamente para el sujeto de la cultura, un acto de amor y tiene una connotación emocional en relación a las elecciones individuales y al entorno social con quien comparto mis comidas.

La psiquiatra y psicoanalista Graciela Onofrio explicó a Infobae que la alimentación está estructurada como lenguaje y como tal recrea mitos sobre el origen de casi todos los misterios humanos y el ser humano.

“Todo resultado presuroso, apelando voluntariamente a técnicas mágicas de adelgazamiento, cobra un costo a nuestro cuerpo que se paga tarde o temprano. La mente lo acomoda de algún modo y después de todo, el ser humano es el único ser viviente que necesita del lenguaje para justificar sus acciones y habitamos una época que no tiene reglas respecto de la comensalidad y en la cual no tenemos todos los mismos derechos a comer saludable, ya que las condiciones de inequidad son moneda corriente” detalló.

Los resultados no son típicos y pueden variar de persona a persona

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