1 de abril de 2019 9:02 PM | Actualizado el 01 de abril de 2019 a las 21:53 pm

Francisco Massiani cumpliría 75 años este martes. Unos días antes de su muerte el lunes, terminó su última novela, cuyo nombre se llevó consigo. Sin embargo, dejó un legado en las letras venezolanas después de romper hace 50 años con Piedra de Mar.

Abel Resende

Encontró el idioma muy curioso. Quería capturarlo en una obra y así reflejar la manera más vívida de ese tiempo. También quiso producir sentimientos, porque una literatura que no provocó ni la risa ni el llanto, que no temblaba, “no funciona”

Su deseo de escribir comenzó en Santiago, Chile, donde vivió ocho años de su infancia. Allí estudió primaria y los dos primeros años de bachillerato. Luego volvió a Caracas y terminó el bachillerato

Comenzó a estudiar arquitectura y la dejó en el quinto semestre. Pasó por las aulas de Filosofía y tampoco la terminó. “Dejé todo esto por la maldita necesidad de escribir y dibujar”, dijo una vez

Sus primeras dos novelas cortas se publicaron en 1 964. Cuatro años después, las esperanzas y frustraciones de Cork en su lenguaje coloquial se forjarían, con Sea stone una referencia para futuras obras. Eritza Liendo, profesora de literatura venezolana en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, señaló en el quincuagésimo aniversario de esa novela que su gran virtud es coleccionar el alma juvenil, que le da sentido y que, de esta manera, trasciende

Massiani no se refirió a la obra por su nombre, sino como una extensa carta de amor escrita para un amor imposible. “No quiero hablar de esos secretos por respeto. Esa mujer existe, pero nunca la volví a ver. Un hombre se comunica con un libro”. Pronto, la juventud se convertiría en el rayo de sus escritos

También dibujó. Su acercamiento a ese mundo se debió a su padre, don Felipe Massiani, el mejor hombre de su vida y el único amigo que tuvo, además de su hermano. Lo llevó a galerías y le regaló muchos libros

Fumó, bebió y vivió muy intensamente. Su primera cerveza fue tomada en un bar restaurante en Florida y no le gustó. Sin embargo, su vida estaba vinculada al alcohol “por el apetito de Dios”. Su devoción al licor comenzó después de su divorcio. “Nunca me volví a casar porque un escritor no puede ser vinculado y tengo un profundo respeto por el amor”

En 2015, la breve y salvaje historia de su vida fue filmada bajo la lente del entonces estudiante Manuel Guzmán, un documental que, según el director, cambió su vida. De Pancho, como también se le conocía, recuerda la ternura, la humildad y la amistad; También considera que lo que es ahora, le debe mucho. Triste, recuerda de Israel, donde reside, que Massiani era un ser aventurero de quien aprendió mucho sobre el amor y la amistad

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