Quienes en el ejercicio de la actividad política como ciencia no advierten el papel que desempeñan las contradicciones en el cuerpo político partidista, como reflejo de desacuerdos ideológicos, sociales, de intereses creados en el ejercicio del paso por el Poder o las desavenencias generadas al calor de las competencias internas y externas, así como la inveterada ego manía habitual, de prolongar indefinidamente la permanencia individual o como clase en el Estado, no pueden elaborar una táctica correcta para  alcanzar la victoria electoral.

Abel Resende

Si la historia de la humanidad fuera racional, con toda seguridad, el 80%  de las tragedias y conflictos que dividieron Imperios y Estados, no se hubiese  producido. Pero la historia la hacen los hombres, curtidos en su práctica social y permeados por esa compleja relación sicológica  y orgánica, que los hace débiles ante el vacío de poder en cualquier esfera de la competencia humana. El inventario es ilimitado. Y los ejemplos huelgan. Más allá de las diferencias materiales, sobreviene el caos interior de sus ocios más hondos y complejos.  

Bosch en 1962 le huyó al discurso del anti trujillismo puro y simple, y propuso en la práctica una alianza soterrada y abierta simultáneamente con el trujillismo, no con los Trujillo ni con los sicarios, que le permitió derrotar a la poderosa Unión Cívica, que había sido la vanguardia de la lucha anti trujillista en las calles y pueblos del país enfrentando el trujillismo familiar y el residual, junto a la Agrupación Política 14 de Junio. Bosch, quien fue un anti trujillista frontal, interpretó correctamente la política de alianzas  y ganó las elecciones. Balaguer, expulsado del país por la ola popular que barría de calieses y testaferros las calles de Santo Domingo, optó  por Bosch ante el terror que le infundía Viriato Fiallo, el candidato de los cívicos. Frente al pregón de castigos y juicios a los colaboradores de la tiranía defenestrada, alguien de la “Comisión de la Libertad” del PRD que llegó al país el 5 de julio de 1961, negociada por Sacha Volman con Balaguer y Ramfis, y teniendo como intermediario al historiador Emilio Rodríguez Demorizi, proclamó la consigna de “borrón y cuenta nueva”, que Bosch nunca dijo, pero que tampoco desmintió, revelando a un Bosch con amplia comprensión  del papel de la táctica y la estrategia. A menos de un mes del Golpe de Estado al Gobierno constitucional de Bosch, los perredeistas y los balagueristas estaban juntos en los cuarteles  conspirando para derrocar al Triunvirato. Los dividió el 24 de abril de 1965, el planteamiento de reposición de la Constitución del 63 y de Bosch, frente a la formación de una Junta Militar provisional de tres meses que garantizara el retorno de Bosch y Balaguer y elecciones libres.  Pero los balagueristas y los constitucionalistas siguieron reuniéndose y conspirando hasta el estallido de abril. Bosch no desautorizó los aprestos conspirativos conjuntos. Y Peña Gómez que articulaba toda la parte política de la conspiración en el país se reunía indistintamente con  los militares constitucionalistas, como con los  del llamado “Clan de San Cristóbal” y con Belisario Peguero, el temible Jefe de la Policía, que  estuvo al punto de enfrentarse a tiros con el General Wessin

Peña Gómez fraguó en ausencia de Bosch, después de la Revolución, una táctica conspirativa, donde se alió  con el sector militar “cívico” que había derrocado a Bosch en 1963, integrando a esa alianza a la izquierda del Movimiento Popular Dominicano.  Continuaremos con este análisis en próximas entregas