En las tierras de Hollywood, resulta muy sencillo imaginarse dentro de una película. Y un viaje a California puede transformarse en la mejor road movie que jamás vimos en el cine. Solo hay que alquilar un auto, seleccionar la música perfecta de los talentosos artistas que nacieron en estas tierras y comenzar la aventura, decididos a perder el tiempo en esas majestuosas carreteras bañadas por el Pacífico. 

A lo largo de cientos de kilómetros, los viajeros escucharán verdaderos himnos del rock, suspirarán ante la belleza de los paisajes naturales, disfrutarán algunos de los mejores vinos del mundo, recorrerán las bodegas donde se elaboran y contemplarán la bellísima San Francisco.

¿Algo más? 

La trama y el desenlace 

El reloj no es un buen compañero en este viaje. Los ansiosos aprenderán con el correr de los días que la carretera es tan disfrutable como el destino elegido. Es una curiosa mezcla entre querer llegar y al mismo tiempo querer seguir en la ruta; amar la trama y el desenlace. 

Algunos pueblitos son tan encantadores que no alcanza con recorrerlos apenas un par de horas. Vale la pena quedarse una noche. Solvang es uno de ellos. A menos de tres horas de Los Ángeles, esa ciudad fundada por daneses a comienzos del siglo XX es dueña de una entrañable estética típica del norte de Europa.  

Rodeada de viñedos y molinos, alberga restaurantes con platos clásicos de Dinamarca, cervecerías, panaderías y decenas de bares donde se pueden degustar los vinos de la zona. Puede ser recorrida a pie de punta a punta en una tarde. El viajero descubre que acaba de detenerse a contemplar una esquina por la que ya pasó antes. Poco importa en esas callecitas detenidas en el tiempo. 

Otra vez a la ruta. Las canciones eternas de The Beach Boys parecen ser la compañía perfecta para arribar a Carmel-by-the-Sea, un balneario californiano donde algunos valientes surfistas desafían las gélidas aguas del Pacífico en las mañanas de mayo. 

Mientras el pueblo se apronta para recibir a golfistas de élite (será sede del US Open en junio), viajeros de todo el mundo disfrutan sus caminatas en esas calles tupidas de flores y galerías de arte. Una recorrida por la playa con el fresco viento oceánico golpeando la cara también parece ser una buena idea.  

San Francisco blues 

“If you’re going to San Francisco”, canta Scott McKenzie. Esa hermosa canción hippie –que todos escuchamos las mil y una veces que vimos Forrest Gump – es un must de camino a la imperdible ciudad de los tranvías, las calles empinadas, las casas victorianas, el Golden Gate y Alcatraz.  

Entre los criminales estadounidenses había una ley no escrita: “El que rompe las reglas, va a la cárcel. Y el que rompe las reglas de la cárcel va a Alcatraz”. Entre 1934 y 1963, la isla ubicada frente a la bahía de San Francisco albergó a los más temibles criminales de Estados Unidos, incluyendo al mismísimo Alphonse Capone. 

Quienes estuvieron en esas celdas escuchaban, en medio del silencio de la noche, la música de las fiestas en San Francisco e imaginaban aquella vida libre que tenían tan cerca y tan lejos. 

“The rock” sufrió varios intentos de fuga. En 1962, tres reclusos lograron escapar y nunca más se supo de ellos. La teoría más aceptada es que murieron ahogados, pero hay quienes sostienen que sobrevivieron y llegaron a Sudamérica. En sus celdas aparecieron libros para estudiar castellano. Un documental de The History Channel afirma que los hermanos Anglin fueron vistos en Brasil en 1975. La madre de esos ladrones de bancos continuó recibiendo tarjetas con la firma de sus hijos. De ser cierta esa historia, aún podrían estar vivos, con casi 90 años. 

A lo largo de tres décadas, algo más de 1.500 presos cumplieron su condena en Alcatraz. Hacia 1960, el edificio estaba muy deteriorado y su mantenimiento era costoso. Los reformistas penitenciarios estadounidenses reclamaban un cambio en el paradigma carcelario, para pasar del castigo a la rehabilitación. Había que tomar una decisión. En 1963, el procurador de la nación ordenó clausurar la inexpugnable cárcel. 

El 21 de marzo de ese año, Frank Weatherman –el recluso número 1576– fue el último en abandonar la icónica prisión. “Alcatraz nunca fue buena para nadie”, dijo. 

Frank experimentó una extraña sensación cuando volvió a pisar las calles de San Francisco. “Recuerdo ver pasar los autos. Todo se movía con demasiada rapidez. Yo no sabía moverme a ese ritmo. Recuerdo la envidia que despertaba esa gente en mí porque todos ellos tenían un destino y yo no sabía adónde ir. Estaba muerto de miedo”, contó.

Playlist viajera Perfect day Luego de ese viaje en el tiempo aún hay mucho por descubrir en la ciudad. Una caminata de mañana por la calle Bush ofrecerá la típica postal de las casas victorianas. Por unos pocos dólares, la confitería B. Patisserie –ubicada en el corazón de un barrio tan tranquilo como hermoso– será un buen lugar para detenerse a desayunar. De nuevo, a caminar. El Golden Gate Park (algo así como el Central Park de San Francisco) invita a disfrutar un espacio verde, repleto de deportistas. Allí está el jardín japonés, un sitio encantador. La entrada cuesta US$ 9, una suma por demás razonable para disfrutar tanta belleza y paz.

Al fin de ese recorrido, asoma el Golden Gate, la mejor vista de la ciudad. Atravesarlo a pie lleva una media hora y vale la pena. Los visitantes deberán estar preparados para ejercitar las piernas porque no hay mejor manera de conocer San Francisco que caminar y caminar.

Oda al cabernet sauvignon

Los amantes del vino tienen una parada ineludible a 80 kilómetros de San Francisco: Napa Valley. Es una de las zonas vitivinícolas más importantes del mundo y sus paisajes enamoran. 

Hay cientos de bodegas que pueden ser visitadas. La gran mayoría son emprendimientos familiares que ofrecen degustaciones y recorridas por los viñedos. Los vinos de esta zona conquistan a los paladares más pretenciosos del mundo. Los cabernet sauvignon de Napa Valley merecen una oda escrita por un poeta con talento. 

Francis Ford Coppola, el famoso director de cine, tiene una bodega que lleva su nombre en la zona. Hay otras pequeñas que son aun más recomendables. Larkmead Vineyards es una de ella. La ruta del vino de California está rodeada de paisajes dueños de una belleza difícil de llevar al papel. Los visitantes los disfrutarán siempre con una copa en la mano. 

Cine . En la bodega de Francis Coppola, los amantes del cine pueden disfrutar de una exposición con objetos de sus mejores películas. Lo más destacado es el escritorio de El padrino . Además, hay varias estatuillas del Oscar ganadas por el cineasta.  Afuera la nieve 

Cuando parecía que nada superaría a Napa Valley, la carretera lleva a los viajeros al magnífico Parque Nacional de Yosemite. La inusual nieve de mayo pintó los caminos de blanco y otorgó aun más magia a un sitio que ya de por sí la tiene. La ruta está repleta de esos típicos moteles que tantas veces vimos en las películas. Algunos ofrecen cabañas muy bien equipadas a menos de US$ 75 la noche.  

Hay una zona llamada Mammoth Lakes cuyas postales parecen de otro mundo. Hay varios lagos de agua transparente, protegidos por las montañas. Muchos estadounidenses escapan de las grandes ciudades y pasan unos días pescando con esas vistas impresionantes.  

Un viaje por California será difícil de olvidar. Cada road movie llevará el sello de sus protagonistas: los viajeros. Esta versión tuvo pinceladas de comedia, entre carcajadas, sobremesas de charlas entre copas y largas caminatas sin preocuparse por el destino.  

Los Ángeles

Los Ángeles es una muy linda ciudad, que genera una gran impresión en la primera caminata. Una recorrida por el glamur de Beverly Hills es una perfecta opción para comenzar. Los Ángeles gira en torno al cine y a la vida privilegiada de quienes residen en la ciudad de las estrellas. Aunque repleto de gente, por supuesto que vale la pena caminar por Hollywood.

Pero tal vez lo más disfrutable sea elegir calles al azar y conocer las impactantes mansiones de los millonarios de Los Ángeles. Una parada ineludible para los amantes del rock es The Roxy, donde solían actuar artistas de la talla de Guns N’ Roses y David Bowie. Bob Marley también tocó ahí, al igual que Gustavo Cerati. Un consejo: los días de show hay que adquirir las entradas temprano porque generalmente se agotan.