Finalmente se aceleró la carrera electoral, y hay dos fórmulas que, como se preveía, picaron en punta. El próximo presidente, salvo una sorpresa de último momento, será Mauricio Macri o Alberto Fernández. Este alto grado de polarización se refleja también en el rumbo que tomará la política económica dependiendo de quién se lleve la victoria. Dos caras opuestas de la misma moneda.

La reelección de Macri implicaría la profundización del modelo que viene impulsando Cambiemos, basado en una mayor apertura económica y menor interferencia del Estado en el día a día. Se mantendrán los incentivos a una economía de mercado que profundice la apertura al comercio internacional, con libertad para operar en el mercado de cambios y para los movimientos de capitales.

En el camino hacia la consolidación fiscal, la reducción del déficit fiscal se llevaría a cabo a través de la baja del gasto público y de la carga impositiva, especialmente para las empresas. Para esto, es indispensable una reforma del sistema de jubilaciones y pensiones que reduzca las erogaciones en el corto plazo y asegure la viabilidad del sistema en el largo plazo.

El FMI muy probablemente renegocie su programa con la Argentina a cambio de avanzar en reformas estructurales como son, además de la previsional, la reforma impositiva, la desregulación laboral y la apertura comercial. La continuidad de un escenario económico pro mercado y el mantenimiento del programa con el FMI deberían ser suficientes para que se reduzca significativamente el riesgo país, con lo cual Argentina recobraría el acceso al mercado de capitales y volvería a emitir deuda para financiar el déficit fiscal y cubrir el pago de vencimientos.

La política monetaria seguirá teniendo como objetivo central la reducción de la inflación, y para eso seguramente se mantengan tasas de interés reales positivas. Si bien se debería esperar un cambio en la estrategia de desinflación en la que el tipo de cambio tenga un rol más relevante como ancla nominal, lo que implicaría una menor volatilidad, se buscará a su vez mantener un tipo de cambio competitivo que favorezca el crecimiento de las exportaciones.

Con el retorno de la confianza de los mercados y el hecho de que ya se hizo gran parte del ajuste de tarifas y de tipo de cambio, el oficialismo espera que se generen las condiciones para que la economía entre en un ciclo de crecimiento sostenible y equilibrado, especialmente con respecto a la cuenta corriente del balance de pagos y a las cuentas fiscales. El consumo empezaría a crecer, aunque en menor medida que la actividad económica general, y los motores del crecimiento serían las exportaciones y la inversión.

Por el contrario, la administración de Alberto Fernández intentará impulsar la actividad económica a través de medidas que estimulen el consumo. Sin embargo, dado que las reservas netas son relativamente bajas y el acceso a los mercados de capitales será limitado, el espacio para implementar estas políticas luce bastante acotado. La victoria de Fernández generaría, al menos en un primer momento, incertidumbre en el ámbito económico y el nuevo presidente muy probablemente arranque su mandato con un tipo de cambio devaluado en relación con sus niveles actuales, y con un riesgo país más alto.

La política monetaria dejaría de tener como principal objetivo bajar la inflación, por lo que deberíamos esperar una baja en la tasa de interés y un intento por aumentar el crédito al consumo y las pymes. En este escenario, para que la inflación no se dispare seguramente habrá controles de precios, se limitarán los aumentos tarifarios y se mantendrá un tipo de cambio oficial atrasado. Para garantizar esto último, sería necesaria la incorporación de controles cambiarios, como limitaciones a la salida de capitales y a los pagos de dividendos, aunque sin llegar al extremo del cepo de 2011. En consecuencia, se incrementarían los volúmenes negociados en el mercado de cambios informal y se ampliaría la brecha con la cotización oficial.

En el plano de la política internacional, y con el fin de defender las reservas, podrían volver los controles a las importaciones que seguramente incluirán las licencias de importación. En esta línea, se incrementaría la protección a la industria, aunque habrá que ver cómo evoluciona la relación con Brasil, que está impulsando una mayor apertura comercial y qué ocurre con el acuerdo Mercosur-Unión Europea.

El mayor estímulo que vendría del aumento del gasto público, en especial de los subsidios, probablemente se dará en el marco de un aumento de impuestos, que podría implicar por ejemplo retrotraer las reducciones impositivas que realizó el gobierno de Macri, especialmente a empresas.

Por el lado de la deuda, si bien los referentes económicos de la oposición han manifestado su voluntad de pago, se deberá conseguir financiamiento fresco, algo que parece muy difícil dado el restringido acceso a los mercados. En caso de haber una reestructuración de la deuda, lo más probable es que la quita sea pequeña y que lo que se busque sea refinanciar los vencimientos de capital e intereses de los primeros años de gobierno.

La gran incógnita es qué ocurrirá con el programa con el FMI. El próximo gobierno deberá refinanciar los vencimientos de 2022 y 2023, de unos 20 mil millones de dólares cada uno, y para eso deberá negociar un nuevo programa. Desde el punto de vista financiero existen los incentivos para que ambas partes lleguen a un acuerdo, pero es difícil imaginar que puedan acordar políticas económicas con las que ambos se sientan cómodos.

Los dos modelos económicos enfrentarán importantes desafíos en su camino hacia alcanzar un sendero de crecimiento sostenido y sustentable en los próximos años. Por un lado, el mayor reto de la política económica de Macri será lograr una baja de la inflación que no genere inestabilidad financiera y cambiaria, no sume demasiadas trabas al cumplimiento de la meta fiscal y a su vez, tampoco imponga un sesgo muy contractivo a la actividad económica. Mientras tanto, el principal desafío de la economía de Fernández será, en un marco de políticas de incentivos al consumo, conseguir financiamiento y no agotar todos los fondos disponibles en mantener el ritmo de crecimiento. La moneda ya está girando en el aire y en octubre (o noviembre) sabremos de qué lado caerá. Cara o ceca.