El Heraldo / El embarazo es para muchas mujeres la etapa de más cuidado en su vida. Exámenes, dietas, visitas a diferentes especialistas, sin contar con aquellos efectos en el cuerpo como hinchazón, náuseas y demás, que algunas tienen.

Sin embargo, algo que se desconoce en este proceso es la alta probabilidad de que el bebé presente problemas en su corazón si no se realizan los procedimientos de control adecuados.

En el mundo nacen cada año 135 millones de niños, de los cuales uno de cada 33 recién nacidos vivos se ve afectado por una anomalía congénita. Esto genera a su vez 3,2 millones de discapacidades al año.

“Un tercio de estas anomalías son de origen cardíaco, y se estima una prevalencia de 0,5 a 9 por 1.000 nacidos vivos. Se concluye, por tanto, que aproximadamente 1,3 millones de recién nacidos en el mundo tienen cardiopatía congénita, hecho del que se desprende una alta mortalidad por tratamientos inadecuados durante el primer año de vida, especialmente debido a que la mayoría (90%) vive en los países más pobres”, escribe Néstor Sandoval, del departamento de cirugía pediátrica cardíaca de la Fundación Cardioinfantil en su editorial ‘Cardiopatías congénitas en Colombia y en el mundo’.

Lo más importante es la consulta preconcepcional, asegura Isaac Vargas, ginecólogo, especialista en perinatología y coordinador del servicio y ginecología y obstetricia de la Clínica Portoazul. Esto con el fin de poder determinar qué mamás tienen una posibilidad de tener un bebé con riesgo de enfermedad cardiaca. “Esos factores de riesgo pueden ser que ella tenga una enfermedad cardíaca, que un hijo la tenga, además interviene un factor importante como lo son los medicamentos que toma”, afirma.

Posterior a eso, los especialistas identifican el riesgo en el embarazo a través de los estudios ecográficos en diferentes etapas.

En el primer trimestre del embarazo existe un estudio para hacer un detalle anatómico, que es evaluar todos los órganos del bebé, se llama tamización de cromosomocardiopatía. “Inicialmente se hizo para determinar si hay riesgo de Síndrome de Down, ahí les medimos también unas estructuras valvulares y vasculares. Es importante saber que un 50 o 60% de los bebés que tienen Down tienen enfermedades cardiacas”, explica Vargas.

Ante esto, Minsalud indica que una ecografía positiva en el primer trimestre diagnostica la cardiopatía con una alta precisión; cuando es negativa, la descarta con una precisión razonable.

Con base en ese estudio realizado de la semana 11 a la 14 se decide si necesita un estudio complementario de células que se llama cariotipo fetal, “que es contarle los cromosomas al bebé para saber si tiene una enfermedad de cromosomas o no. Posterior a ello hacemos a la semana 16 una evaluación cardíaca avanzada”.

Con los equipos de alta tecnología actuales entre la semana 11 y 14 se puede evaluar el corazón del bebé que en ese momento mide apenas 5 milímetros.

“Vamos luego a la semana 16 donde el corazón ha crecido un poco más y lo evaluamos. Luego entre la semana 20 y 24 se hace un estudio de detalle anatómico y ahí evaluamos todos los órganos, pero también hacemos un estudio cardíaco más profundo y avanzado”.

Entre esas semanas es el tiempo ideal para evaluar alteraciones estructurales y funcionales. Esto debido a que se puede tener un corazón que estructuralmente es normal, pero funcionalmente puede presentar alguna anomalía.

En Latinoamérica, dice el análisis de Sandoval, nacen cada año 54.000 niños con cardiopatías congénitas y, de estos, 41.000 requieren algún tipo de tratamiento, pero desafortunadamente solo son intervenidos 17.000.

“En Colombia, donde deberían intervenirse aproximadamente 150 niños por millón de habitantes, tan solo se hacen 52 cirugías por millón, lo cual obliga a tomar acciones que favorezcan a este gran número de niños que no tendrán la oportunidad de recibir ningún tipo de atención adecuada y oportuna”, agrega en su escrito.

La enfermedad cardiaca puede ser evolutiva, destaca Vargas. “Puedo tener un bebé con un corazón normal a la semana 20, pero a la 28 ya hay uno con una enfermedad cardiaca”, agrega.

El control ecocardiográfico del bebé entonces debe hacerse durante toda la gestación. Además, es importante al nacer una evaluación completa del pediatra.

Respecto a esto último, Vargas resalta algunos signos al nacer de una cardiopatía: “que se ponga morado cuando está lactando, que no succione bien, que sea un bebé que se canse rápido, que respire muy rápido. Eso puede hacernos pensar que el bebé tiene una enfermedad cardiaca”.

La importancia del diagnóstico temprano, agrega, “es saber qué podemos tratar y además, qué decisión podemos tomar, porque tiene un impacto en lo emocional y económico para las familias”.

En conclusión, las semanas claves para  los estudios, que están incluidos en el Plan Obligatorio de Salud y pueden ser solicitados por las madres son: de la 11 a la 14, de la 20 a la 24 y de la 28 a la 32. Sin olvidar que al nacer se debe realizar uno completo.