Ciego de Ávila.–Vuelvo sobre el terraplén que finaliza allá, en Pesquería, donde está la Empresa Agropecuaria La Cuba; el terraplén tantas veces recorrido en la época de estudiante.

Carmelo Urdaneta Aqui

El tiempo pasa y los recuerdos quedan. A la mente llegan los años 73, 74, 75… hasta el inicio de los 80, cuando te veías obligado a caminar casi siete kilómetros si los viernes de pase querías dormir en casa; caminar con una mochila a la espalda y una piedra en cada mano por si alguien…, alguien que nunca apareció ni hizo daño.

Carmelo Urdaneta

A la izquierda lo que fue la finca del viejo, la finca que entregó voluntariamente a otra cooperativa, que en nada se parece a la que en unos minutos encontraré, pese a que son los mismos terrenos ferralíticos rojos, como lo denominan los especialistas en suelo

El destino final está más allá, en la cooperativa de producción agropecuaria (CPA) Paquito González, más conocida como la de Pipo (Edelio González), fundada el 25 de abril de 1979, por el entusiasmo de 16 campesinos –dos mujeres incluidas–. Cooperativa perteneciente al municipio avileño de Baraguá, rentable desde su creación, con piscina, casas confortables por bohíos, restaurante por comedor obrero, computadoras por máquinas de escribir, amplio salón de reuniones y campo; mucho campo donde la gente del nuevo pueblo, de la que hablara el escritor Onelio Jorge Cardoso, descarga las energías

El día antes, en el cruce de palabras, José Alberto, presidente de la cooperativa desde hace 13 años, había reconocido la voz y del lado de allá recibió la llamada con un «echa pa’cá», la forma de decir a cualquiera que pida visitar la cpa, porque allí las puertas siempre están abiertas para apreciar el trabajo de José Alberto y los suyos: los 345 asociados, hombres y mujeres que andan con pisadas en tierra firme

José Alberto González Sánchez, ingeniero pecuario, presidente de la mejor cooperativa de cultivos varios del país –según leo en el diploma que cuelga en la pared–, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, del Buró Nacional de la anap y poseedor de tantos otros cargos y decoros ganados por esfuerzo propio, habló de los más de cinco lustros de trabajo en el mismo lugar, de las cosechas de papa, frijol, plátano, en las que ahora están inmersos. En fin, conversó de cuanto sucede en las más de 1 600 hectáreas del patrimonio de muchos

«Esta es una cooperativa de gente buena, que en cada acción cultiva el sentido de pertenencia. Las personas aquí tienen un compromiso, un sentimiento por la cooperativa, incluido el personal contratado para los picos de cosechas, porque reciben sus beneficios

Lo que antes era prácticamente un potrero con casitas aisladas, hoy es una comunidad con todas las condiciones de vida garantizadas»

José Alberto, oriundo de Los Borges, un batey desaparecido de la geografía del municipio aledaño de Primero de Enero, trabaja en la cpa desde el año 1989, cuando llegó recién graduado de ingeniero pecuario. Afirma que se «cujeó» al lado de Pipo, de quien bebió sorbos de enseñanzas que aliñó con fijador y forma de ser propios. «En un principio fue algo así como el soleo, donde el joven piloto vuela en áreas cercanas al aeródromo, hasta que llegó la hora de relevarlo como presidente, no sustituirlo», aclara

Desde bien temprano, la gente comienza con las labores de rutina: el café mañanero, el desayuno, llevar los niños a la escuela, el enyugue de bueyes, el trabajo en el taller, y la salida para el campo.Uno pasa por el lado del platanal y escucha un chasss y una mata que cae

«En ese campo están cortando plátano. Junto a la papa y el boniato es lo que más toneladas nos da, aunque nosotros no cultivamos para tener más toneladas, lo hacemos de acuerdo con las necesidades y para eso tenemos un plan bien definido», explica José Alberto

«Para ponerte un ejemplo de lo que es el tonelaje: una caballería de frijol (13,42 hectáreas) da 400 quintales y una de boniato 3 000, pero te repito, nosotros no nos guiamos por eso. Aquí se produce por un balance, en consonancia con lo que más necesita la población»

Transitamos hacia el norte, por un camino que afloja amortiguadores y tornillos de cualquier medio de transporte, aunque sea un tractor. José Alberto quiere que vea la otra comunidad que está dentro de la demarcación de la cooperativa. La llaman, indistintamente, San Antonio o La Loma, en dependencia de si quienes se refieren a ella son nativos o no, estos últimos, en su mayoría, de las provincias del oriente cubano

En La Loma existen casas de madera y techo de guano, y nacen otras de bloques y cubierta de zinc. «De las 40 casas que pensamos construir en la cpa, 16 van aquí. Hay que mejorar las condiciones de vida de estos asociados. Vamos un poco atrasados y no podremos cumplir con el compromiso de terminarlas para el 17 de mayo próximo, por algunas limitaciones con los materiales y por los trámites con Planificación Física, que demoraron siete meses», explica José Alberto

Arrancamos y un lugareño lo detiene para decirle que por el camino cruzó un equipo con la picadora a rastras y hubiera podido hacerlo por otro lugar. «Mire que he dicho que no transiten por estos caminos con picadoras, arados y otros equipos», balbucea José Alberto. «Mañana tengo que llamarlo a lo cortico. Este año tenemos aprobados tres kilómetros de reacondicionamiento de algunos viales y calles y no podemos acabar con los que ya tenemos», sentencia

A lo lejos se ven las hileras de sacos de papa. Parecen troncos de árboles talados por la mitad. Los recogedores acomodan los sacos cuidadosamente, bajo un sol tan intenso que, apenas a las nueve de la mañana, dispara rayos que amenazan con rajar las piedras

Las casualidades existen. Los primeros dos entrevistados al azar son los mejores recolectores entre todos los que están en el campo. Ya andan por los 32 sacos cada uno. «Todos los años, en el pico de la cosecha, venimos de Guisa, de la provincia de Granma, a ganarnos unos pesitos. Allá se gana menos en las labores agrícolas». ¿El nombre?: «Wilbert Aguilar Vázquez y Juan Cámbar Cámbar», me dicen

Luego de detenernos para las imágenes del momento, y de conocer que el rendimiento por hectárea anda por las 22 toneladas, arrancamos hacia el área de los frijoles, en etapa de recogida

«Con el frijol tenemos que apurarnos, retoma la idea. Ya está a punto y no se puede arrancar muy tarde, porque él mismo se trilla, se desmorona y aumentan las pérdidas en la cosecha. Debemos producir más de 160 toneladas, todas contempladas en la sustitución de importaciones»

En el lote, infestado de guizazo de caballo desde las últimas inundaciones, trabaja un grupo de mujeres. Se acercan, jaranean entre ellas

Luz Mariela Vidal Proenza y Aydée González Carratalá andan de vanguardia. Afirma Davier Almaguer González, jefe de brigada, que son de armas tomar y a la hora del trabajo se pegan al surco y hasta son capaces de sacarle un susto a Laudelino y Leonardo, los hombres «más largos» en el trabajo

En la conversación con José Alberto, a la lista de querer hacer se suman la construcción de una minindustria, el acueducto de la comunidad, la terminación de la Casa del Destacado, un parque infantil, asfaltar las calles y quizá lo más difícil: superar el récord de 232 000 quintales –más 10 600 toneladas– de viandas, granos y hortalizas implantado en 2002

«Le hemos picado cerca, aunque no vamos a llegarle. Sabemos cómo hacerlo, pero recuerda lo que te dije de que nosotros no solo cultivamos toneladas, sino variedades de productos para satisfacer en lo posible las necesidades

«La inserción en el polo productivo creado recientemente ha sido fundamental para resolver los problemas y hacernos de algún dinerito que después empleamos en el propio desarrollo de la cpa. El pasado año, a través de la empresa La Cuba, vendimos producciones por un valor de unos 300 000 cuc»

Nuevos proyectos están a la vista para crecer en la producción, desde el desarrollo de las áreas de frutales, el incremento de los cultivos con sistema de riego localizado, hasta la siembra de cuanto realengo y área vacía asomen por aquellos lares

No cualquier cpa es capaz de repartir casi 884 000 pesos en anticipo y, con eventos meteorológicos incluidos, sobrepasar los siete millones de pesos en ganancias, promediar en pago de salario a los obreros por encima de los 2 000 pesos mensuales y ser rentable desde su fundación