Ciro Alegría Varona habla del amor, del trabajo, del matrimonio, de las redes sociales y de la fuerza de voluntad -ideas por las cuales transitamos a diario, pero que no las analizamos con detenimiento-, tomando como punto de inicio varios dichos populares, esas fuentes breves de ironía que “activan el pensamiento”, en su libro Adagios (Petroperú), con el que ganó el Premio Copé de Ensayo 2018.

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Diario Correo conversó con el filósofo y catedrático peruano acerca de estos temas y de la relación que mantiene con su padre, Ciro Alegría.

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¿Cómo nacieron estos ensayos? ¿Hubo algún disparador? 

Los he ido escribiendo a lo largo de muchos años. Se trata de mis apuntes personales, pero son filosofía. Es una filosofía liberal, antiautoritaria, antipatriarcal, que llama a usar las fuerzas que hay dentro de cada persona para emanciparse.

Nos cuesta salirnos de los márgenes. Usted hasta va más allá de eso: presiente que los objetos pueden tener rostros y una vida personal… 

Se trata de un error mental que tengo: a veces siento una consideración personal por los aparatos. Me parecen magníficos. Nos sucede también con la gente. La persona que te vende la entrada para el cine está, en la práctica, confundida con un aparato vendedor de entradas. En otros tiempos, ello se vivió intensamente cuando hubo personas que se atrevieron a pensar que los esclavos eran gente. Ahora el tema es más difuso y más peligroso: nos cosificamos.

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Por eso propone buscar el poder que hay en la soledad, amistarse con la pena o aprender a sacar fuerzas del sufrimiento… 

Los recursos de motivación más corrientes suelen empobrecer el pensamiento de las personas. Se difunden creencias sobre realización personal, con dinero, progreso, desarrollo personal, de formas bastante estereotipadas. Y, al contrario, hay una especie de calumnia vaga, permanente contra las personas que piensan distinto. Se hace de manera indirecta, especialmente en la represión de la melancolía.

También está el rechazo al sufrimiento… 

No digo que haya que hacer sufrir a las personas, sino que no debemos menospreciar el sufrimiento. Sabemos por psicología moderna que el psicótico no sufre, pues ya perdió contacto con la realidad. El sufrimiento es una cosa muy valiosa, que se debe respetar y apreciar, porque es revelador y trae razones para actuar. No debe percibirse como un estado de desmoralización o decaimiento. Para apreciar el sufrimiento, hay que tener la moral bien puesta, el corazón en su sitio.

Y el sufrimiento, en el mundo de las redes sociales, se puede eliminar, evitar; pero lo pagamos con nuestros datos… 

Es una nueva gratuidad. Todos necesitamos socialidad sin mercado y la red social coquetea con eso. Ahí no hay que pagar por cualquier cosa. La gente quiere una verdadera comunicación social, monitoreada por ellos, sin que una empresa periodística gerencie el asunto como negocio de por medio. Pero eso es una grandísima ilusión manipulada por los propietarios de las redes sociales.

La ilusión, junto al aburrimiento y la ansiedad, son parte de “la explotación más sistemática y la acumulación mercantil más grande de la historia”…

Estoy intentando captar en palabras la forma de opresión más invisible y más actual y más poderosa de nuestro tiempo. No es la explotación abierta por medio del contrato de trabajo injusto; es más difusa e insidiosa, porque ahora resulta que las relaciones laborales son entre socios: no hay patrones ni trabajadores, sino que venimos a realizarnos personalmente como colaboradores. Hay una nueva retórica. Por eso las remuneraciones son bajas y la estabilidad es casi nula. Pero eso es solo una parte; la más intensa es la de mercados de ilusiones.

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Por otro lado, escribió que “leer un libro es atravesar una experiencia transformadora”. ¿Puede mencionar uno?

Uno que he leído y releído y me ha conducido a otros libros es El Quijote. Las ideas son razones para actuar y sentir de cierta forma. Me emocionan mucho los libros, pero no solo momentáneamente. Esta comunicación con gente que ha vivido muchos siglos es una buena manera de vivir. Mi abuelo era anarquista, por influencia de Abelardo Gamarra y de González Prada. A esos anarquistas peruanos hay que leerlos. Eso recibe mi padre en la primera mitad del siglo XX y por algún lado me ha llegado a mí. Estoy hablando de dos siglos, pero no es una abstracción. Son más contemporáneos míos que mucha gente que anda por ahí. No nos dejemos achicar el mundo. La biblioteca es un mundo adensado, compactado. No es falso que uno puede llevar una vida universal. Es la única forma buena de vivir.

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¿Escribe ficción? No

¿Relee los libros de su padre? En ciertas ocasiones, con mis viajes a Huamachuco, donde siempre hacen actividades. Lo tengo presente y cada vez soy más consciente de cuánto le debo.

Como el nombre…

Sí, sí (risas). Claro, empezando por ahí. Le debo prácticamente todo. Cuando él murió, yo tenía 6 años. Él falleció a mi edad. Algunos de sus contemporáneos han vivido 40 años más, como Luis Alberto Sánchez y Francisco Miró Quesada. Él se murió a sus 58. Entonces, hay que pensar que me dejó. Yo era chiquito. He vivido más con la memoria de él por mi madre. Mi familia Alegría de Trujillo ha sido siempre un respaldo cálido para mí y he sabido mucho a través de ellos, porque mi padre no salió de la nada. Hubo una movida cultural en el norte, como el Grupo Norte. Hay que pensar que ese protoliberalismo peruano llamado anarquismo -que no se debe satanizar- tiene una gran carga que ha impulsado, de diferentes formas, los cambios del siglo XX, y todavía tiene mucho que darnos. Así tengo presente a mi padre, como una cosa histórica. ¿Qué raro, no? Tengo una relación personal con una idea, pero así es

PERFIL

Ciro Alegría Varona

Filósofo y catedrático

Nació en Lima en 1961. Es Dr. Phil. por la Universidad Libre de Berlín y decano de la Escuela de Posgrado de la PUCP. Es hijo del escritor Ciro Alegría

DATO

31 de julio es la fecha de la presentación del libro en la Feria Internacional del Libro de Lima 2019.