La corrupción tiene su proceso de incubación. La del puntofijismo se desató en su tercera década –lo anterior fue calistenia-, con la Gran Venezuela de Pérez. Los pillos de cuello rojo, que mire si los hay, esperaron el fin de la fiesta constituyente de 1999. Pero esta gente del guaidonazo enloqueció demasiado rápido, muchos antes de convertirse en sietemesinos corruptos. La “ayuda humanitaria”, el concierto fronterizo, el robo de Citgo y otros activos resultaron demasiado. Y la carne, sin tuétano moral, es débil.