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De los cuadrantes de paz a los 20 paramilitares colombianos

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Pero lo cruel es que son defendidos en eso barrios, en sus comunidades, porque no tienen alternativas, porque el gobierno no está presente y ha practicado sobre ellas (o solo conoce para ellas) el método de reprimir con violencia policial –el mismo método de «la cuarta», que el gobierno llamó luego desde 2015 al 2017 con el sarcástico eufemismo «Operación Liberación del Pueblo (OLP)», sin menoscabo del matraqueo, la extorsión a extranjeros, cobrar cuotas a los pequeños y medianos traficantes de drogas, a los buhoneros, plataneros, aguacateros, etc. –

La razón para mentir o disimular, en la situación que sea, es tener una ventaja personal sobre aquel al que se le miente, sobre nosotros los más cándidos. Mientras tanto, la honestidad beneficia a todos, la verdad beneficia a todos, a los mentirosos y a los que no mienten, la verdad nos centra. Partiendo de este principio súper general ¿a quienes beneficia, por ejemplo, el asesinato del presidente de Haití, ahora que el gobierno interino llama al ejército de EEUU y la ONU a intervenir en ese país? Ahora es cuando comienza a construirse la gran mentira, para disimular una verdad del tamaño del sol, para confundir a los cándidos y a los negadores.

En el caso del Koki y su ofensiva hamponil, el gobierno también miente. Fue tomado por «sorpresa» (más bien la población fue tomada por sorpresa) y reaccionó tarde a esa muestra de violencia, su respuesta fue de fuerza, poco «inteligencia», la cual ha producido muertes entre inocentes, funcionarios de seguridad y jóvenes desbandados de los Kokis. Desde las famosas zonas de «Paz» o «cuadrantes de paz» – esa especie de pacto tácito (o no), entre bandas delictivas y el gobierno, donde se intercambiaba «paz», por canchas deportivas y equipos, actividades culturales, vida comunitaria en general – hasta el control militar de estos barrios por el paramilitarismo colombiano (según nos dice el gobierno), hay un espacio indefinido, desconocido para todos, donde aconteció ese «cambio» tan radical. En ese espacio de tiempo están las evidencias de la verdad, nada extraordinaria; en ese tránsito que va desde el discurso político a la mentira escandalosa –entre las «zonas de paz» y los paramilitares colombianos – descansa la verdad, evidente, clara y luminosa como el Sol: todo sigue igual que en la cuarta república.

Dice la noticia: paramilitares «10 no tienen huella dactilar venezolana, presumiblemente 10 abatidos paramilitares terroristas que vinieron desde Colombia», la ministro del interior, justicia y paz «denunció que las bandas criminales de la Cota 905 son formadas, financiadas y armadas por el paramilitarismo colombiano, acción en la que serían cómplices sectores de la extrema derecha venezolana.»

Sería conveniente saber la identidad de los «abatidos», para que comience la auditoría de los hechos y se active la justicia, pero, al decir «paramilitares colombianos» ¿a quién le importa su identidad?, el común dice por tuiter –»¡paramilitares colombianos! ¡Bien que los maten»!» El gobierno usa el temor y el rechazo colectivo a la violencia ejercida con balas, violencia directa, esa que causa terror, para poder matar a mansalva a los miembros de las bandas del Koki que huyen, pero también a todo aquel que parezca, y cualquiera que convenga, aprovechando la confusión y el miedo de la población. El asunto es que, si es verdad o es mentira el cuento de los paramilitares, no importa, la historia resulta muy útil para disimular el abandono del gobierno, del Estado, de esos barrios; el abandono por parte de esta «revolución de papel y de los discursos hueros», de su principal responsabilidad, la cual es la vida de la gente, gente de carne y sangre.

Los «cuadrantes de paz» es una idea mocha, improvisada, desvinculada de una estrategia general, de una ideología, es una idea huérfana, la cual siempre estará destinada a perderse, o disiparse como el vapor de agua porque es inaplicable. Las zonas de paz fue un gesto tan timorato, tan impráctico, tan débil e insulso políticamente que el hampa lo pilló y le sacó provecho casi que al instante, provecho particular para sus intereses mezquinos – para responder a los que los defienden, dentro de los cuadrantes de paz o fuera de ellos, inclusive, en los casos donde esos grupos y esos pranes de barrios cumplen con más eficiencia las funciones reguladoras de la policía y ayudan su comunidad, piensan solo en ellos; además que esos tipos, fuera de ella, actúan de forma negativa en la sociedad: en algún lado roban, trafican, secuestran, etc., y no solo afectando a la clase media, sino a otras comunidades igualmente pobre como las propias ¿Cómo se puede pactar con eso? –.

Pero lo cruel es que son defendidos en eso barrios, en sus comunidades, porque no tienen alternativas, porque el gobierno no está presente y ha practicado sobre ellas (o solo conoce para ellas) el método de reprimir con violencia policial –el mismo método de «la cuarta», que el gobierno llamó luego desde 2015 al 2017 con el sarcástico eufemismo «Operación Liberación del Pueblo (OLP)», sin menoscabo del matraqueo, la extorsión a extranjeros, cobrar cuotas a los pequeños y medianos traficantes de drogas, a los buhoneros, plataneros, aguacateros, etc. –.

Los «cuadrantes de paz», relevo de las OLP, desde sus orígenes es una política miserable, despreciable, donde imaginan a esas comunidades como un reservorio de esclavos para el trabajo capitalista y de delincuentes, a las cuales se les da «paz» a cambio de que controlen su violencia; se les «incluye», más o menos, solo si se calman, si no reviran – si se calman remozan las canchas, dan unos balones, pagan a unos monitores deportivos…, de aquellos que alguna vez trabajaron para «barrio adentro deportivo», pero que ahora, en tiempos de maduro, se llaman «cuadrantes de paz» una versión libre del chavismo –. Es lo mismo que hacen para cosechar votos: arreglar calles, recoger la basura, pintar brocales, uniformar a la «chamba juvenil», etc., pero para que el hampa no joda.

Por supuesto que luego del rotundo fracaso de este chantaje, viene el enseñoramiento de estos hampones, mezcla de Robin Hood con Tony Soprano. Y más tarde, para que el discurso sea coherente con el resto de sus mentiras, se los vincula con los paramilitares, con el asesinato de presidente de Haití, con el comando sur, con el bloqueo, las sanciones y la necesidad de recuperar la confianza para los inversionistas, bla, bla, bla… La mentira siempre sale, es como un clavo dentro del engranaje de un reloj.

Luego del fracaso de la OLP y de los cuadrantes de paz resulta que ahora Leopoldo López comanda toda esa maldad desde España. Sin desmeritar la maldad de López, eso que dice el gobierno es otra mentira, similar a la de responsabilizar del desastre de PDVSA a Rafael Ramírez y acusarlo a gritos, tan intensos como aquellos machetazos de Noriega, de corrupto y traidor… Ya la verdad les vale menos que un billete 20 mil roto.

Ministra del interior, justicia y paz: «Hasta ahora tenemos 28 personas heridas y han sido neutralizados 22 delincuentes, 12 identificados, uno de ellos alias «El Thor» y también alias «El Chino», poco a poco los iremos identificando» dijo, «Un total de 3.110 funcionarios, 2.460 funcionarios activos y 650 efectivos de reserva, participan en la Operación Gran Cacique Indio Guaicaipuro para la liberación y protección de las comunidades del suroeste de Caracas, afectadas por las acciones armadas de grupos delictivos que buscan desestabilizar al país», Señaló además que las guaridas como La Gallera y una Base de Misiones tomada por los delincuentes fueron destruidas antes de la llegada de las fuerzas policiales. «Las guaridas que tenían, ellos las destruyeron antes de irse, antes de escaparse»…

3.110 funcionarios, ¡Qué podemos decir!, poco menos que un ejército de personal policial altamente entrenado, profesional, para ocuparse de 180 delincuentes comandados desde España por Leopoldo López; ¡difícil tragarse ese cuento! Sin embargo, ni siquiera en Haití se ve tanta indefensión. Habría que pensar en una verdadera intervención militar extranjera: ¿Con qué pueblo contaría este gobierno para la defensa… y para la defensa, ¡defensa de qué!?

Chávez creyó en el socialismo, esa fue su unidad, su estrategia, su consenso, su norte. ¿Cuál es el norte, qué une al madurismo, dónde está su estrategia?

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