El Clarín / No utilices con los chicos la comida como premio. Esto es lo que les digo a mis pacientes y a los padres de mis pacientes más pequeños cuando me consultan acerca de la alimentación de sus hijos. En términos generales, los hábitos alimentarios de los niños se van forjando desde la socialización primaria que se experimenta en casa. Para ello, es primordial que nosotros como adultos analicemos nuestro propio estilo de alimentación y también nuestros hábitos y realicemos los cambios que sean precisos para poder fomentar un entorno saludable y prevenir el sobrepeso desde la infancia.

Desde siempre existieron creencias erróneas, mandatos o mitos en la alimentación. Y estos se van transmitiendo de generación en generación y contribuyen a edificar cierta cultura alimentaria en el grupo familiar. Es muy común que los padres no deleguen en sus hijos la decisión de cuándo parar de comer (autorregulación), aunque ellos manifiesten explícita o implícitamente que están saciados. Por ejemplo, cuando un bebé cierra la boca o pierde la atención respecto de la comida que su mamá o su papá le acercan a la boca, esto es un indicio de que ya no tiene hambre. Sin embargo, existe muchas veces la tentación o la costumbre de continuar ofreciéndole alimento. Cuando ya son más grandes, en muchos casos los presionamos para que terminen toda la comida sin respetar su saciedad; en otros, como ya dijimos, queremos premiar el hecho de que terminen de comer todo el plato, quitándoles de esta manera el propio registro que el chico tiene del “hambre”.

En este contexto podemos diferenciar 4 tipos de modelos parentales:

Los padres autoritarios: no respetan los pedidos que les hacen sus hijos. Tienen una resolución basada en reglas rígidas que no pueden ser cambiadas y, si no se cumplen, establecen castigos. Tienen un alto nivel de exigencia por lo que restringen alimentos que ellos consideran como no saludables validando un dietismo extremo que propicia, a largo plazo, un alto riesgo de sobrepeso.

Los padres democráticos: respetan los pedidos de sus hijos, pero reconocen su rol como padres y responden de forma independiente generando una negociación entre ambas partes. Además, este tipo de padres suelen explicarles a sus hijos las razones de por qué sí y por qué no pueden comer esa comida estableciendo límites de control. Al estar basado este modelo en una comunicación bidireccional que tiene en cuenta las preferencias de los chicos, existe una “división de responsabilidad” que fija qué, cuánto y cuándo se come. De esta forma, los chicos adquieren mayor autonomía y autocontrol. Y estas características los conducirán, sin duda, a mantener un peso saludable y adecuado en relación con su edad y contextura.

Los padres indiferentes: son padres incapaces de poner límites y de brindar contención. No les demandan a sus hijos que cumplan con reglas estrictas y tampoco se fijan en lo que ellos desean. Esta indiferencia produce que los chicos coman de forma excesiva o culminen teniendo carencias nutricionales. El perfil de este tipo de padres les facilita a sus hijos un camino que, tarde o temprano, termina en un trastorno alimenticio. La preocupación exagerada por la comida puede desembocar en una anorexia o bien, si sucede de forma contraria, en obesidad.

Los padres permisivos: son receptivos en cuanto a los pedidos de los chicos, pero excesivamente tolerantes. No pueden trazar límites porque su personalidad se los impide. Por eso, en estos casos es muy común observar que los chicos hacen lo que quieren porque no existe ninguna exigencia ni regla de parte de los padres. Así, suelen presentar mayor neofobia y selectividad en relación con la comida y suelen rechazar la variedad.

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La familia es el lugar natural en donde los niños aprenden a regular la saciedad y a comer de forma saludable, para prevenir futuras enfermedades relacionadas con el peso. Por eso, es imprescindible que los padres tomemos conciencia de que nuestra intervención es fundamental, sobre todo en los primeros años de vida, que pueden impactar de forma positiva o negativa según cómo nos manejemos. Para muchos puede ser difícil ceder y darles el lugar a sus hijos para que ellos también elijan pero tampoco es bueno decir a todo que sí o premiar con comida comportamientos o conductas que deberían ser normales. Recordá que el modelo para ellos sos vos. Nuestros chicos no te escuchan, te miran y te imitan. Entonces preguntémonos: ¿qué ven mis hijos de mí? Porque la nutrición también es un asunto de familia y la educación empieza por casa.