La Verdad / El derretimiento de las capas de hielo, especialmente en Groenlandia, está provocando este cambio de distribución de peso, lo que ha derivado en una modificación del curso del Polo Norte y el movimiento del eje rotacional de la Tierra en relación a su corteza, conocido como movimiento polar, según el artículo publicado por la agencia en la revista Science Advances. 

Científicos han medido con precisión el movimiento polar y el verdadero polo desde 1899, y durante casi todo el siglo XX hubo una migración leve hacia Canadá. Pero esto ha cambiado en este siglo, ya que el movimiento que se registra es hacia Inglaterra, según explica Surendra Adhikari, principal autor del artículo e integrante del Jet Propulsion Lab de la NASA. “El reciente cambio de la dirección que había en el siglo XX es muy dramático”, dijo Adhikari. 

Si bien los científicos afirman que el giro es inofensivo, eso no quita que sea significativo. Jonathan Overpeck, profesor de geociencias en la Universidad de Arizona, quien no participó del estudio, manifestó que “esto subraya cuán real y profundo es el impacto que los humanos están teniendo en el planeta”. 

Desde 2003, Groenlandia ha perdido en promedio más de 272,1 billones de kilos de hielo al año, y eso afecta la forma en que la Tierra se “tambalea”, similar a lo que ocurre con un patinador artístico cuando levanta una pierna y realiza un giro, dijo Eirk Irvins, científico de la NASA y coautor del estudio. 

Además de eso, la región Oeste de la Antártica pierde 275 billones de kilos de hielo, mientras que la región Este gana unos 74,8 billones de kilos de hielo anualmente, lo que también incide en acentuar la inclinación observada, dijo Ivins. Todos se combinan para provocar el empuje del movimiento polar hacia el Este, dice Adhikari. 

Jianli Chen, científico del Centro de Investigación Espacial de la Universidad de Texas, inicialmente atribuyó la modificación polar al cambio climático en 2013, y ahora afirma que este nuevo estudio lleva su trabajo un paso adelante. 

“No hay nada de qué preocuparse”, dice Chen, quien no participó de la investigación de la NASA. “Es sólo otro efecto interesante del cambio climático”, añadió.