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El golpe de estado por el voto, por Beltrán Vallejo

Jeber Barreto Venezuela
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Esta elección que convoca Maduro no es la misma que nació de la lucha política de los años cuarenta en Venezuela. Esa elección que convoca Maduro es el regreso de un gomecismo del siglo XXI. Hemos vuelto a esos años de lucha contra el gomecismo y contra el medinismo. Otra vez nuestras banderas son las elecciones libres, universales, secretas, personalísimas, justas y constitucionales

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Venezuela en su tragicomedia de estos meses. En primer lugar, la tragedia del hambre y de las enfermedades en términos superlativos y bíblicos. En segundo lugar, la comedia en relación al montaje fraudulento de unos comicios que convoca Maduro para el 6 de diciembre, y que de elecciones no tiene nada.

Pues sobre el voto, es pertinente recalcar que su significado y semilla histórica establecen la necesidad civilizada de entender que el 6 de diciembre no hay una elección del parlamento nacional, sino una estafa electoral, un montaje, un artilugio, una emboscada gravísima que atenta y destruye todo lo alcanzado para el voto y con el voto como realidad histórica.

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 En esos términos, recalco que el voto y las elecciones universales, directas y secretas, tuvieron en su elaboración histórica hasta el impulso de un golpe de Estado, que por cierto el pasado 18 de octubre se cumplió aniversario. Me refiero al golpe de Estado contra el General Isaías Medina Angarita, un 18 de octubre de 1945.

Se trata de que en ese año la Venezuela rural salta a la modernidad política, que es lo que significa el voto universal, directo y secreto, pero a través de la prehistoria cuartelera del golpe de Estado desarrollado por una logia militar encabezada por Marcos Pérez Jiménez y otros uniformados que querían deshacerse del control de los viejos militares ?chopo e piedra? del gomecismo, en alianza con una Acción Democrática que quería irrumpir a si sea a los carajazos en la lucha por el poder en Venezuela para acelerar un proceso de democratización que desde 1936 venía dando sus tímidos pasos, acelerados por el mismo Presidente Isaías Medina Angarita cuyo único y fundamental pecado en ese ámbito fue no implantar el sufragio porque todavía imperaba la herencia del gomecismo y otras premisas de desconfianza para con ese pueblo analfabeto y que se consideraba no suficientemente apto para ejercer el máximo derecho civil de que cualquier ciudadano, a partir de la mayoría de edad, sea hombre o mujer, sin importar su condición económica y su nivel cultural, pueda elegir libremente, sin imposición, sin presión socioeconómica, en plena libertad, salvaguardando el secreto de su elección y de manera personalísima, a cualquier autoridad en este país, desde el Presidente de la República hasta el más humilde concejal. Pues bien, como el presidente Medina no avanzó suficientemente en eso, entonces fue desalojado de Miraflores y desterrado junto con sus ministros, entre los que se contaba un tal Arturo Uslar Pietri.

Así es que el voto es una herramienta popular poderosa que viene en Venezuela del atajo desarrollado por una vanguardia militar y política, una alianza que por cierto un par de años después se rompe, desalojando de Miraflores al escritor Rómulo Gallegos, el primer presidente electo de manera universal, directa y secreta.

El voto ha tenido extraños aliados. El voto ha tenido falsos defensores. El voto ha tenido hasta aduladores insinceros. El voto ha sido defendido hasta por golpistas y tiranos. Maduro, que es un impresentable tirano, ahora anda con una cantaleta de elecciones.

Esta elección que convoca Maduro no es la misma que nació de la lucha política de los años cuarenta en Venezuela. Esa elección que convoca Maduro es el regreso de un gomecismo del siglo XXI. Hemos vuelto a esos años de lucha contra el gomecismo y contra el medinismo. Otra vez nuestras banderas son las elecciones libres, universales, secretas, personalísimas, justas y constitucionales.

En defensa del sufragio puede pasar cualquier cosa; como pasó en el 45.

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