Vida & Psicología

El orden mundial con Joe Biden

‘Liberal’ quiere decir un orden internacional basado en reglas, la promoción de la democracia y sociedades abiertas. Trump no solo abandonó estos principios, sino que también mostró afinidad con los déspotas del mundo , coqueteando alternativamente con figuras como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el dictador norcoreano Kim Jong un. (Pero la indulgencia estadounidense con Arabia Saudita, por supuesto, no es adjudicable a Trump: todos los gobiernos han adherido a aquel viejo dicho de que ‘será un bastardo, pero es nuestro bastardo’.)

(Le sugerimos: ‘Estamos listos para trabajar con Biden’: embajador Santos )

No hay que hacerse ilusiones desmedidas con el nuevo jefe de la Casa Blanca, aunque sin duda es una ventana de oportunidad, especialmente viniendo de la funesta administración de Donald Trump. Tres análisis para aterrizar un poco el tema.

(Lea también: El deliberado intento de Trump de poner en jaque democracia de EE. UU. ).

Trump no se inventó el aislacionismo estadounidense Por: Shlomo Ben-Ami

En menos de cuatro años, el presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, logró lo que en la historia solo habían hecho guerras devastadoras: remodelar el orden mundial. Con su aislacionismo, su vocación autoritaria y su total arbitrariedad, Trump se dedicó alegremente a demoler las instituciones internacionales y organismos multilaterales que sus predecesores habían construido sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y preservado desde entonces. ¿Y ahora?

Muchos esperan que tras la asunción del presidente electo, Joe Biden, sea posible recuperar, e incluso renovar, la estructura internacional liberal. No hay duda de que sería deseable, pero lamentablemente es una esperanza ilusoria. Todo indica que el orden pos-Trump se parecerá más a un regreso a la competencia interbloques de 1945 que a la euforia liberal que siguió a la Guerra Fría.

Para empezar, el gobierno de Biden se consumirá enfrentando la enorme tarea de curar las heridas internas que provocó Trump y corregir las debilidades críticas de Estados Unidos, que la pandemia dejó al descubierto. Superar la presidencia más divisiva de la historia del país no será ni rápido ni indoloro. La reforma de Estados Unidos es un requisito para que recupere su capacidad de liderazgo global.

(De su interés: Medidas migratorias que Trump busca imponer antes de dejar el poder ).

Incluso si la administración Biden contara con capacidad infinita, es imposible volver a la situación anterior. El statu quo anterior fue producto de una especie de euforia tras la Guerra Fría, alentada por la creencia en que la democracia liberal occidental había logrado una victoria definitiva sobre los otros sistemas, y que el mundo había llegado, según la famosa fórmula de Francis Fukuyama, al «fin de la historia».

Tendrá que tratar las alianzas de Estados Unidos más bien como empresas colectivas, en las que el papel ideal de Estados Unidos sea de liderazgo sin dominio

FACEBOOK TWITTER Una tradición con historia En los noventa y dos mil, cuando Estados Unidos era la máxima potencia económica, militar y diplomática del mundo, la lógica de la hegemonía liberal era convincente. Pero en el dinámico mundo multipolar de hoy, ha dejado de serlo. Y hace más de una década que no lo es; por eso, Estados Unidos ya se estaba retirando del liderazgo global mucho antes de la llegada de Trump.

(Le recomendamos: Los dos universos paralelos en los que vive EE. UU. ).

Aunque el aislacionismo trumpiano suele presentarse como una anomalía, expresa una línea de pensamiento estadounidense que se remonta a los inicios del país. Si submarinos alemanes no hubieran atacado a barcos mercantes estadounidenses en 1917, es muy posible que Estados Unidos se hubiera mantenido ajeno a la Primera Guerra Mundial.

Asimismo, la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial fue resultado del ataque japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Y después de la guerra, sus esfuerzos por preservar la paz (mediante el despliegue de tropas) y restaurar la prosperidad en Europa (con la implementación del Plan Marshall) no fueron fruto de una idea de obligación moral, sino del temor a la expansión soviética.

Fue también pensando en el interés de Estados Unidos como el predecesor de Trump, Barack Obama, en cuyo gobierno Biden fue vicepresidente, e incluso George Bush (hijo) antes de él, dieron pasos hacia la reducción del proyecto hegemónico en política exterior. Igual que Trump, Obama y Bush fueron expresión del malestar derivado de un reparto inadecuado de cargas con los aliados de Estados Unidos en la Otán.

Una combinación perfecta La retirada estadounidense de la hegemonía es producto de una historia que Biden no puede deshacer: la pérdida estadounidense de credibilidad como resultado de sus largas, costosas e inconducentes guerras en Medio Oriente, y la crisis financiera global de 2008, que reveló los aspectos negativos de la globalización y las falencias de la ortodoxia neoliberal. En vez de cumplir la promesa de prosperidad compartida, quedó de manifiesto que el ethos libremercadista de las últimas décadas había facilitado el surgimiento de una desigualdad escandalosa y el derrumbe de la clase media.

(Además: ¿Cuánto gastan los candidatos a la presidencia de EE. UU. en campañas? ).

Esta combinación de guerra interminable y desigualdad en ascenso dio sustento a la reacción nacionalista que llevó a Trump a la victoria en noviembre de 2016. Y el mismo malestar se manifestó en el resultado del referendo británico por el brexit en junio de ese año, en las protestas de los ‘chalecos amarillos’ franceses en 2018 , e incluso en la crisis por el covid-19.

Una pandemia parece la mejor oportunidad que puede haber para la cooperación. Sin embargo, se respondió a ella con cierres de fronteras y competencia por suministros y futuras dosis de vacunas, por no hablar de la limitación de libertades civiles y la ampliación de herramientas de vigilancia (incluso en democracias). En síntesis, justo cuando más necesitamos cooperación internacional, la disfuncionalidad del sistema multilateral nos devolvió al regazo del Estado nación.

El gobierno de Biden debe  liderar a las democracias del mundo en su competencia con

un bloque autoritario en ascenso

y defender las instituciones multilaterales esenciales

para la paz

FACEBOOK TWITTER La misión del demócrata El mundo parece, pues, ir de regreso hacia un orden westfaliano, donde la soberanía prevalece sobre las reglas internacionales. La actitud ‘Estados Unidos primero’ de Trump es totalmente compatible con ese orden. Y por más que China ensalce la cooperación internacional en algunos ámbitos, el multilateralismo es para ella un concepto fundamentalmente ajeno, y se opondría al renacimiento de un orden mundial basado en preceptos liberales. Otras grandes potencias nacionalistas (como Brasil, la India, Rusia y Turquía) y actores más pequeños en Europa del este (Hungría y Polonia) se mueven, en general, dentro del mismo terreno iliberal.

(Le sugerimos: Con Biden, Estados Unidos sigue su propósito de cambio para Venezuela ).

La aspiración del gobierno de Biden debe ser liderar a las democracias del mundo en su competencia con un bloque autoritario en ascenso y defender las instituciones y estructuras multilaterales esenciales para la paz. Para ello debe abandonar de inmediato la connivencia de Trump con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y sustituir su belicosa estrategia para Irán con la búsqueda de un acuerdo revisado y duradero sobre el programa nuclear iraní. Felizmente, parece decidido a hacer ambas cosas.

Ahora que China prácticamente abandonó la estrategia de ‘ascenso pacífico’, evitar un conflicto violento será un delicado acto de equilibrio

FACEBOOK TWITTER Al mismo tiempo, la administración Biden tendrá que tratar las alianzas de Estados Unidos más bien como empresas colectivas, en las que el papel ideal de Estados Unidos sea de liderazgo sin dominio. Desde el punto de vista de los aliados, este cambio ya empezó, ahora que la dirigencia europea (en particular el presidente francés, Emmanuel Macron) es cada vez más consciente de la necesidad de asumir la seguridad de Europa en manos propias. Estados Unidos debe cooperar con una empoderada Unión Europea para contener el revisionismo de Rusia en las fronteras de la Otán y poner fin a su guerra híbrida contra las democracias occidentales.

Asimismo, la confrontación estratégica con China obligará a Estados Unidos a colaborar con sus aliados asiáticos, por ejemplo, un Japón y una Corea del Sur rearmados. Ahora que China prácticamente abandonó la estrategia de ‘ascenso pacífico’, evitar un conflicto violento será un delicado acto de equilibrio.

(Le puede interesar: Ella es Naomi, la nieta ‘influencer’ de Joe Biden ).

Más en general, Estados Unidos tendrá que movilizar a las democracias liberales para la creación de un bloque capaz de hacerles frente a los autoritarios. Esto debe incluir esfuerzos en pos de contrarrestar las fuerzas de desintegración dentro de la UE y, tal vez, transformar la Otán en una alianza militar de democracias más amplia.

Pero ambos bloques también necesitarán una cooperación eficaz en áreas fundamentales de interés compartido, como el comercio internacional, la no proliferación, el cambio climático y la salud pública mundial. Esto demandará habilidades diplomáticas que Trump apenas sería capaz de imaginar (y ni hablar de reunirlas).

SHLOMO BEN-AMI

© Project Syndicate

Tel Aviv

*Exministro israelí de Asuntos Exteriores y vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz.

Un cambio de estilo bienvenido Por: Josef Joffe

Tras cuatro años de Donald Trump, su inminente salida del cargo es motivo de mucha esperanza. El Gran Disruptor será reemplazado por Joe Biden, un internacionalista e institucionalista con una postura favorable a Europa y a la Otán que, a diferencia de Trump, tratará a los amigos de Estados Unidos mejor que a los enemigos tradicionales (entre otras cosas, respetando el libre comercio). En el ámbito de la cooperación militar, no llenará a los aliados de amenazas por el estilo de «o pagan lo que les corresponde o nos vamos». El multilateralismo guiará una vez más la política estadounidense; se volverá a una hegemonía liberal , en vez de la tosca versión iliberal de Trump.

‘Liberal’ quiere decir un orden internacional basado en reglas, la promoción de la democracia y sociedades abiertas. Trump no solo abandonó estos principios, sino que también mostró afinidad con los déspotas del mundo , coqueteando alternativamente con figuras como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el dictador norcoreano Kim Jong un. (Pero la indulgencia estadounidense con Arabia Saudita, por supuesto, no es adjudicable a Trump: todos los gobiernos han adherido a aquel viejo dicho de que ‘será un bastardo, pero es nuestro bastardo’.)

(Le sugerimos: ‘Estamos listos para trabajar con Biden’: embajador Santos ).

El juego de Trump fue estrictamente de suma cero, sobre todo en lo referido al comercio. Esto supone un claro desvío respecto de la tradición estadounidense de la posguerra, con su énfasis en el intercambio con suma positiva, donde ambas partes ganan.

No solo mejorará el tono, sino que jugará menos juegos de suma cero y más con suma positiva. Pondrá el acento en los intereses compartidos

FACEBOOK TWITTER Venía desde Obama Como es natural, ahora se espera una restauración del viejo orden liberal. Habrá cierta reconstrucción con Biden, un presidente que se formó durante casi medio siglo en los hábitos del imperio liberal estadounidense. Pero hay que tener en cuenta que Trump no fue una completa aberración: el giro de Estados Unidos hacia una política más endocéntrica es anterior a él.

Recordemos que aunque Trump ordenó la retirada de miles de soldados estadounidenses de Europa en 2020, el gobierno de Barack Obama (del que Biden fue vicepresidente) hizo lo mismo en 2012. Más allá de las invectivas de Trump contra Europa, Obama también se quejó de los que se «aprovechan» de Estados Unidos. Fue Obama el que inició el repliegue del poder estadounidense de Medio Oriente con la reducción de tropas en Afganistán e Irak y la negativa a intervenir contra Bashar al Asad cuando usó armas químicas en Siria.

(Lea también: ¿Cómo fue estar con Trump el día que perdió la Casa Blanca? ).

La promesa de Trump de poner fin a las «guerras interminables» de Estados Unidos es un calco de Obama. El predecesor progresista de Trump hizo los primeros experimentos de neoaislacionismo, y proclamó: «Es hora de concentrarnos en la construcción nacional interna». El compromiso de Trump de destinar un billón de dólares a un programa de infraestructura (‘Estados Unidos primero’ en desarrollo y bienestar) es un eco de esa frase.

El giro aislacionista de

Estados Unidos es anterior a Trump, y no se revertirá por completo con Biden

FACEBOOK TWITTER Lo que intento demostrar es que el giro aislacionista de Estados Unidos es anterior a Trump, y no se revertirá por completo con Biden. Al fin y al cabo, el proteccionismo (la defensa contra la competencia extranjera) es atractivo para la derecha y para la izquierda. Hablar de una política migratoria generosa estaba bien mientras los demócratas estuvieran en la oposición pintando a los republicanos como mezquinos nativistas. Pero es improbable que el gobierno de Biden abra de par en par las puertas de Estados Unidos a las ‘multitudes hacinadas’ del mundo, o que derribe las secciones del muro en la frontera mexicana construidas durante la presidencia de Trump.

(Le puede interesar: ‘Soy la primera vicepresidenta de EE.UU., pero no seré la última ‘).

China y Rusia Tampoco abandonará la competencia de poder con China, cuyas propias políticas proteccionistas y prácticas de apropiación de propiedad intelectual son una fuente permanente de tensión. Estados Unidos seguirá afirmando su presencia en el Pacífico occidental, donde se intensifica una rivalidad clásica entre una potencia terrestre en ascenso y una potencia marítima establecida. En general, demócratas y republicanos están comprometidos con una doctrina de Contención 2.0, en la que se congreguen actores regionales como la India, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Australia.

En cuanto a Medio Oriente, Biden ya confirmó que intentará restaurar el acuerdo sobre el programa nuclear iraní , aunque no en la forma bienintencionada de su anterior jefe Obama.

El gobierno entrante dejará intacta la nueva alianza contra Irán forjada entre Israel y los Estados árabes del Golfo, y no repetirá el error que cometió el gobierno de Obama de intentar un ‘reinicio’ en la relación con Rusia. La Rusia de Putin se ha convertido desde 2009 en una potencia expansionista que ejerce presión sobre Europa, África septentrional y Medio Oriente.

(Le recomendamos: «La economía de EE.UU. debe recibir un estímulo inmediato», Joe Biden ).

Los europeos celebran la victoria de Biden, pero deben saber que el nuevo gobierno insistirá en las demandas de que Europa aumente su gasto en defensa

FACEBOOK TWITTER Los europeos celebran la victoria de Biden, pero deben saber que el nuevo gobierno insistirá en las demandas de que Europa aumente su gasto en defensa. Asimismo, Alemania debe estar preparada para encontrar más resistencia estadounidense al gasoducto Nord Stream 2, un proyecto conjunto ruso-alemán que elude a los países de Europa del este y aumenta la dependencia energética alemana respecto de Rusia.

Aunque Biden se presente como la contracara de Trump, seguirá promoviendo algunos de los mismos intereses estratégicos básicos de Estados Unidos en relación con China, Rusia y la competencia comercial con Europa. Pero, como dicen los franceses, el tono hace la música. El gobierno de Biden traerá un bienvenido cambio en el estilo de la diplomacia estadounidense: de la brutalidad de Trump a una actitud profesional y educada. Igual que en la vida privada, en las relaciones internacionales el respeto y la cortesía también reportan grandes beneficios.

Biden no solo mejorará el tono, sino que jugará menos juegos de suma cero y más con suma positiva. Pondrá el acento en los intereses compartidos, y tratará de restaurar el liderazgo estadounidense mediante la persuasión, en vez de un unilateralismo desconsiderado (por ejemplo, tiene planes de interrumpir la retirada de tropas estadounidenses de Europa ordenada por Trump).

Estados Unidos volverá

a ser un socio disponible.

Pero que el mundo espere una ardua renegociación de

las condiciones

FACEBOOK TWITTER Con el abandono de la doctrina de ‘Estados Unidos primero’, de Trump, Biden dará un alivio (que no será gratuito) al resto del mundo occidental. Como escribió en un artículo publicado este año en Foreign Affairs, la «agenda política (de su gobierno) pondrá otra vez a Estados Unidos en la cabecera», desde donde liderará «no solo con el ejemplo (del) poder, sino también con el poder (del) ejemplo». Pero, a fin de cuentas, poder es poder; y el de Estados Unidos todavía no tiene competidores en el mundo.

(Siga leyendo: Arranca la cumbre del Apec marcada por la reaparición de Trump ).

Quienes temieron y despreciaron a Trump tienen en el resultado de la elección de 2020 motivos para la esperanza. Es indudable que Biden blandirá la potente espada de Estados Unidos con más juicio y con mejor cara de amigo. Tras la inauguración de la presidencia en enero, Estados Unidos volverá a ser un socio disponible. Pero que el mundo espere una ardua renegociación de las condiciones.

JOSEF JOFFE

© Project Syndicate

Hamburgo

*Miembro de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford, forma parte del consejo editorial del semanario alemán ‘Die Zeit’.

Hora de refundar la alianza transatlántica Por: Mark Leonard

La victoria de Joe Biden en la elección presidencial estadounidense generó una oleada de alivio por toda Europa, donde muchos creían que un segundo período de Donald Trump hubiera amenazado la propia supervivencia de la Unión Europea. Biden ofrece al menos la posibilidad de recuperar una relación transatlántica más tradicional. Muchos suponen que Estados Unidos volverá a liderar el orden liberal internacional, con el apoyo de los europeos a través de la diplomacia y el ‘poder suave’: Batman y Robin han regresado.

Pero esta visión es un espejismo; mucho antes de Trump y su doctrina de ‘América primero’, una serie de crisis –la debacle de la guerra de Irak, la Gran Recesión y el covid-19– minaron la voluntad de EE. UU. de continuar desempeñando el papel de policía del mundo. Y durante los últimos cuatro años otras potencias –China, Rusia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y muchas otras– fueron llenando el vacío que dejó la introspección estadounidense. Gran parte de la arquitectura de gobernanza mundial fue secuestrada por China y otras potencias, y ahora se hunde bajo el peso de la competencia entre las grandes potencias.

(Además: Palestinos condenan la visita de Mike Pompeo a una colonia israelí ).

A pesar de estas cuestiones geopolíticas, algunos atlanticistas europeos titubearon a la hora de buscar una mayor autodeterminación por temor a ofender a EE. UU., mientras que otros secretamente deseaban la victoria de Trump porque creían que finalmente sacudiría a Europa (especialmente a Alemania) para sacarla de su complacencia. Los de esta segunda ala pensaban que Europa había avanzado más en pos de garantizar su propia soberanía durante los últimos cuatro años que durante las presidencias de Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton juntas.

En este sentido, Trump –exponente de todo aquello a lo que se oponen los europeos– puede haber servido como padre accidental de la soberanía europea.

EE. UU. busca un socio, no un grupo de niños necesitados que

no asumen la responsabilidad

de su propio bienestar. Biden querrá trabajar con una Europa

que ofrezca soluciones en vez de más problemas

FACEBOOK TWITTER Preocupado por mantener su supremacía estratégica mundial, Estados Unidos alguna vez se mostró ambivalente respecto de la defensa y autonomía estratégica europeas; pero con el desplazamiento del poder hacia Oriente, los gobiernos estadounidenses subsiguientes estuvieron dispuestos a dedicar toda la atención, dinero y poder militar posibles a la región Indo-Pacífico. Si algo no quiere Estados Unidos es verse arrastrado a más ‘guerras interminables’ en Medio Oriente o conflagraciones políticas en Europa Oriental y los Balcanes.

(Le sugerimos: Así eran Trump y Biden en su infancia ).

Se necesitan En esa línea, actualmente los planificadores estratégicos estadounidenses no se oponen a una Europa más fuerte e independiente, sino a una que distraiga los escasos recursos estadounidenses de la rivalidad con China. EE. UU. busca un socio, no un grupo de niños necesitados que no asumen la responsabilidad de su propio bienestar. El gobierno de Biden querrá trabajar con una Europa que ofrezca soluciones en vez de más problemas.

Los atlanticistas con visión de largo plazo se dan cuenta de que ahora la tarea crítica no es recuperar la relación transatlántica, sino transformarla. Una UE que consiga la autonomía estratégica no siempre estará de acuerdo con EE. UU. en temas como la privacidad de los datos, la política energética o, incluso, el comercio mundial, pero manejaría esas diferencias de manera pragmática y siempre codo a codo con Estados Unidos en las cuestiones de importancia basadas en valores.

Desde la perspectiva estadounidense, la mayor

amenaza al atlanticismo no

es la soberanía europea, sino

la dependencia europea

FACEBOOK TWITTER En vez de esperar señales del próximo presidente estadounidense, los europeos ya debieran saber qué pretende EE. UU. y estar preparados para llegar a un acuerdo.

En cuanto a China y las cuestiones relacionadas con el 5G, por ejemplo, no hace falta que los europeos esperen instrucciones de EE. UU., ya debieran estar preparando el terreno para algún tipo de Asociación Transpacífico-Transatlántica integral. Hacen falta nuevos acuerdos para sortear la resistencia de los chinos a reformar sustancialmente la arquitectura comercial internacional y presionarlos para que pongan freno a las prácticas que distorsionan los mercados.

De igual forma, en lo que respecta a Rusia, los europeos ya debieran estar diseñando una nueva Asociación Oriental para brindar asistencia europea y estadounidense de seguridad en los frentes de lucha.

(De su interés: Trump, Obama y el impactante antes y después de presidentes de EE. UU. ).

En cuanto al cambio climático, los europeos deben actuar rápidamente para desarrollar un mecanismo de ajuste fronterizo de las emisiones de dióxido de carbono EE. UU.-UE y para invertir más rápidamente en una alianza ambiental que impulse la competitividad económica; y en cuanto a Irán, los europeos pueden prever nuevas negociaciones para un acuerdo nuclear renovado, orientado a reducir las tensiones en la región.

La prioridad pospandemia no

es ‘reconstruir’ la situación previa, sino aprovechar la crisis como oportunidad para corregir

aquello que ya sabíamos

que no funcionaba

FACEBOOK TWITTER Prioridad y estrategia Desde la perspectiva estadounidense, la mayor amenaza al atlanticismo no es la soberanía europea, sino la dependencia europea. Trump pasó los últimos cuatro años moviendo los hilos de las divisiones internas europeas; si Biden quiere reinventar el liderazgo estadounidense para el siglo XXI, tendrá que empujar a Europa hacia la independencia.

Biden prometió a los estadounidenses que buscará la unidad y pondrá fin a una «sombría era de demonización». Podría hacer lo mismo por Europa –sin costo alguno para los contribuyentes estadounidenses– presionando a los países que socavan la unidad europea desde adentro (es decir, Polonia y Hungría). Desde el primer momento, Biden debiera dejar en claro a los gobiernos de esos países que el camino a la Casa Blanca pasa por Bruselas. Eso ya lo convertiría en un mejor defensor de la soberanía europea que Trump y representaría un gran paso hacia la implementación de una nueva gran estrategia estadounidense.

Existe una fuerte semejanza entre este enfoque y los debates sobre el covid-19: la prioridad pospandemia no es ‘reconstruir’ la situación previa, sino aprovechar la crisis como oportunidad para corregir aquello que ya sabíamos que no funcionaba.

(*) Director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, un centro de pensamiento fundado en 2007.

Le puede interesar leer: El peligroso juego de Trump en su esfuerzo por poner en jaque a la democracia de Estados Unidos.

MARK LEONARD

© Project Syndicate

Berlín

REDACCIÓN DOMINGO

Descarga la app El Tiempo Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS Nuestro Mundo Colombia Internacional Bogotá Medellín Cali Barranquilla Más Ciudades Latinoamérica Venezuela EEUU y Canadá Europa África Medio Oriente Asia Más Regiones MÍO en Cali 01:10 a. m. Pistolero asesinó a una mujer en estación del sistema MIO en Cali El ataque causó conmoción durante la noche del sábado en el norte loca …

Elsa Noguera 01:00 a. m. Pese a covid, campesinos del sur del Atlántico tendrán cosechas Ahora las intensas lluvias son las que amenazan con ahogar los cultivo …

Providencia 12:23 a. m. La tragedia de Providencia, en voz de sus testigos: miedo, dolor y fe Ideam 11:28 p. m. Chocó, Cúcuta, Dabeiba y las tragedias que ha dejado la ola invernal Ideam 11:19 p. m. ‘Precipitaciones de fin de año registran valores históricos’: Ideam Horóscopo Encuentra acá todos los signos del zodiaco. Tenemos para ti consejos de amor, finanzas y muchas cosas más.

Crucigrama Pon a prueba tus conocimientos con el crucigrama de EL TIEMPO

Ponte al día Lo más visto Protestas en caracas 06:08 p. m. En paz, pero con algunos actos vandálicos, avanzaron marchas en Bogotá Periodistas 05:19 p. m. Murió el reconocido periodista Iván Parra Feminicidios 01:05 p. m. ADN hallado en una gaseosa delató a homicida de niña y su abuela Accidentes de tránsito 10:54 a. m. En grave accidente, bus con 24 personas cae a abismo de 100 metros San Andrés y Provide.. 01:24 p. m. Así serán las viviendas que les darán a damnificados de Providencia

Más de tips Femeninos