El 30 de junio a la noche el Partido Nacional (PN) cerró su fórmula con un hombre y una mujer. No hubo alharaca, ni discursos reivindicativos, ni votación de plenarios ni exigencia por parte de la Convención Nacional para que la fórmula fuese paritaria y sin embargo lo es.

Así como cuando asumió la diputada Gloria Rodríguez su banca por la lista 71 y nadie reparó ni en su raza ni en su género, lo mismo ocurrió el domingo en la Plaza Matriz cuando sorprendiendo a la mayoría de la opinión pública Luis Lacalle Pou anunció que la presidenta del Directorio del Partido Nacional, Beatriz Argimón iba a acompañarlo en la carrera hacia la presidencia de la República.

El anuncio obtuvo el visto bueno de los cinco precandidatos del PN que habrían acordado apoyar el nombre de Argimón en el escenario electoral que se terminó dando. La movida habla de la astucia política del candidato electo y amerita una reflexión honesta, si se compara con el gigante lio interno que tiene el Frente Amplio (FA) y su candidato Daniel Martínez para completar la fórmula.

“El asunto este de las mujeres”, al que se refirió el expresidente de la República José Mujica tiene al Frente Amplio preso en un laberinto que la propia fuerza política de izquierda uruguaya construyó y cimentó a cal y canto.

El nombre de Argimón surge naturalmente por su condición política; hizo una muy buena gestión al frente del Directorio del Partido Nacional, es una paciente negociadora, buena comunicadora, exlegisladora, con experiencia en el Estado y además ha fomentado las relaciones de su colectividad con la cultura y con el movimiento feminista.

Por su lado en el Frente Amplio la cavilación de Martínez con la ingeniera Carolina Cosse, la reacción esquizofrénica de los dos mensajes contradictorios en el aire: que la elija el candidato pero que cuente con el apoyo del plenario, declaraciones y una carta sumamente ambigua del MPP que a todas luces parece haberle soltado la mano a su excandidata justifican la posición del Partido Comunista que sabe que el baile se puso demasiado espeso como para seguir subiendo el volumen de una interna muy mal resuelta en torno al tema de la vicepresidenta.

En una entrevista radial el popular comunicador Orlando Petinatti, le preguntó al senador Rafael Michelini si ¿la igualdad de género obliga al Frente Amplio a poner para la vicepresidencia a una mujer por más que no sea la más capacitada? 

En un acto de honestidad brutal el senador contesta apesadumbrado: “Si, lamentablemente sí”.

Poco más para agregar. El Frente Amplio superará esta crisis política, encontrará a una mujer para acompañar a Martínez y el Uruguay seguirá andando. Pero la controversia muy mal manejada termina de desnudar el poco margen de poder y ascendencia que tiene el candidato sobre la fuerza política que lo ungió en las urnas para representarlo en octubre. 

Pero peor aún, el episodio revela que el Frente Amplio por más que tenía más que masticado el tema de la fórmula integrada por una mujer en los discursos y en la teoría, en la realidad no tiene ni idea de cómo resolverlo. 

Admitido por la infeliz declaración del propio Mujica, el “asunto este de las mujeres” terminó siendo un búmeran para quien lo fomentó e impulsó compulsivamente.