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Incendio, tragedia y milagro en Tepoztlán

 @CesarG_Madruga

Recientemente viví de manera cercana un mega incendio en Tepoztlán, Morelos, que de acuerdo a varios testimonios de tepoztecos que han crecido en este lugar durante toda su vida este es el incendio más grande que han presenciado y para mí constituye también el más grande en el que he estado.

Desde hace poco más de un mes en este Pueblo Mágico comenzó a sentirse una sequía atípica, ya que en muchos barrios donde el agua llega por suministro de pipa, estas comenzaron a pasar cada quince días y no cada semana como solía hacerse los años anteriores. Entre otras razones ha sido debido al crecimiento urbano que requiere mayor suministro de agua, la reactivación de la construcción de la ampliación de la carretera que conecta de Cuahutla a Tepoztlán que ocupa mucha agua, el cambio climático y la mala organización para la disponibilidad del vital líquido, ya que la principal forma de abastecerse es por tandeo de pipas y son pocos los lugares que ocupan sistemas de captación de agua pluvial a pesar de que en temporadas de lluvia es abundante el agua entre sus montañas donde se forman cascadas, ríos y hondas pozas.

El domingo 11 de abril fue un día muy caliente; poco más de 35 grados, durante la mañana salí con mi familia en nuestra camioneta que a mitad de camino comenzó a echar humo, de regreso a nuestro hogar vimos a lo lejos una fumarada debido a un incendio más o menos a la altura de la «Pera» (una famosa curva muy pronunciada en la carretera México-Cuernavaca que se encuentra poco después de Tres María y poco antes de la desviación a Tepoztlán, en donde se han suscitado múltiples accidentes desde su existencia). Esa noche comenzamos a recibir mensajes de amigos que nos avisaban sobre la gravedad de las llamas, los grupos de las brigadas de los guardaparques y la de voluntarios entrenados comenzaban a organizarse. Lo primero que nos recomendaban era que si no teníamos experiencia o entrenamiento que no nos acercaramos. Nos fuimos a dormir confiados en el buen trabajo que realizaban los 60 brigadistas y que afortunadamente el viento no estaba soplando fuerte esa noche.

Al día siguiente el panorama era muy distinto, las llamas habían crecido arrasando con otras montañas y el fuego llegaba ya a la montaña donde se encuentra el Tepozteco y la zona de Meztitla, comenzaron a llegar más brigadistas y la gente del pueblo comenzó a circular todo tipo de apoyos que requerían los brigadistas, comida, rastrillos de acero, guantes, cascos, paleacates, garrafones de agua, jaulas para el rescate de animales, medicamentos para los lesionados, sueros para mayor hidratación, etc. Hacia la noche parecía que podrían controlar el fuego, sin embargo comenzó a azotar un viento intenso, que en muy poco tiempo hizo que las llamas se extendieran hacia a otras montañas.

La mañana del martes amaneció el pueblo con una gran humareda, se cerraron los pocos comercios que habían abiertos, los helicópteros desde primera hora hacían vuelos durante todo el día, yo imaginaba que ese era un escenario cercano a una guerra con el sonido de los helicópteros durante todo el día yendo y viniendo, por las noticias me enteré que en total fueron 529 vuelos para arrojar 608 mil 450 litros de agua y los brigadistas llegaron a ser más de 250, todos estoicos y heróicos.

Las solicitudes de apoyo seguían, pero ahora lo que se pedía era que las casas con alberca donaran su agua, pues en los depósitos del municipio ya no contaban con agua. Para acabarla de amolar; a medio día, el pueblo incendiado recibía una terrible noticia, su presidente municipal, Rogelio Torres Ortega, un joven político de 45 años que dedicó su gestión a la defensa de las montañas, falleció por Covid19. Hacia la noche, el gran esfuerzo de los brigadistas, voluntarios, pobladores y helicópteros parecía infructuoso, el viento volvió a azotar intensamente expandiendo las llamas. Cansados, tristes y angustiados, mientras las campanas de la iglesia sonaban para rendirle homenaje a su presidente recién muerto, éramos testigos de la fuerza del fuego que avanzaba calcinando todo a su paso y desde arriba de la montaña se caían troncos incendiados a sus faldas, acercando el fuego a las casas, hubieron zonas evacuadas, un amigo coordinador de brigadas me llamó para pedirme asilo en mi casa, pues la suya estaba en riesgo de incendiarse. Fue una noche muy peligrosa, pocos conciliaron el sueño, todos sabíamos que mucha gente estaba ya en riesgo, sin embargo las cadenas de oraciones empezaron a generarse, pedían al fuego que cediera su poder y llamaban la presencia del agua con gran fe.

A mis adentros; a tres meses de sufrir un accidente en el que casi pierdo la vida y del cual aprendí a comprender que estamos en manos de Dios, El Gran Espiritu, El Eterno, o como gusten llamarlo (sin sonar religioso), trataba de entender el designio en esto. Un amiga me llamó y me dijo que esperara la lluvia, que confiara en que llegaría a pesar de la sequía… El fuego siguió.

Al día siguiente la humareda y las llamas continuaban, había poca agua en las casas y depósitos, el municipio sin su presidente, los pobladores unidos, disciplinados, el que rezaba en su casa, el que apoyaba a los brigadistas cocinando o aportando lo que podía, y los brigadista, sacando fuerzas de la flaqueza para arriesgar su vida en un día más de ardua labor. Necesitábamos de la ayuda de la naturaleza, al menos que el viento dejara de soplar tan intensamente, los helicópteros siguieron volando y encaminados a lo que sería la cuarta noche, el milagro sucedió, los truenos comenzaron a sonar y la lluvia comenzó a caer. No tengo memoria de haber sentido tanta alegría en mi corazón al escuchar la lluvia caer, a modo de instinto, mi familia y yo salimos a bailar bajo la lluvia y ver como, poco a poco, las llamas se extinguían.

Mientras escribo, aún se investiga la causa del incendio, las pérdidas fueron muy dolorosas, pero este pueblo demostró una vez más su gran fuerza de espíritu, su capacidad de organizarse y finalmente ser testigos de un milagro.

 @CesarG_Madruga

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