Salud & Nutrición

Keith Giancarlo Pietri Velutini Venezuela//
Símbolo de la astucia

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Símbolo de la astucia

Surgidas de las fábulas de un antiguo esclavo, Esopo, que vivió hace más de 2.500 años, a menudo releo sus enseñanzas, y me parecen más importantes que las de muchos filósofos actuales. Aquí algunas de las historias protagonizadas por la zorra. La fuerza de sus historias es tan intensa. 

La zorra y el rey mono

Los animales decidieron que sería elegido como rey del grupo aquel que bailase mejor. Después de una gran fiesta en la que todos participaron, el mono recibió la corona. Con envidia, la zorra fue a pasear por los alrededores. Allí descubrió una trampa intacta, con la comida dentro. En un santiamén, ya la había llevado adonde estaba el grupo: –He encontrado este banquete, y me he visto en la obligación de ofrecérselo a nuestro rey, que tendrá siempre la prioridad en todo. Sin pensarlo dos veces, el mono alargó la mano para coger la comida, y quedó atrapado en la trampa. 

–¡Me has traicionado!– gritaba este. 

–¿Cómo? ¡Ni siquiera he intentado quedarme con la comida! Pero, por otro lado, por lo menos todos hemos podido comprobar que no estás preparado para el cargo: un animal inteligente nunca toma una decisión sin antes pensar mucho sobre todas las posibilidades y peligros que esta puede acarrear. 

La zorra y el labrador

Cansado de que su cosecha fuese parcialmente destruida una y otra vez por aquel pequeño animal, el labrador consiguió por fin capturar a la zorra. Sin ninguna piedad, le echó aguardiente por todo el cuerpo y luego le prendió fuego. Sabiendo que iba a morir, la zorra se puso a correr por en medio de la cosecha, y todo a su alrededor comenzó también a incendiarse. Mientras se alejaba, decía: –¡La próxima vez procura ser comprensivo e indulgente! ¡Siempre es mejor dar un poco de lo que se tiene a querer guardarlo todo! ¡Siempre que hacemos un mal acaba volviéndose contra nosotros! 

La zorra y el cuervo

El cuervo les robó a los pastores un pedazo de queso, y fue a posarse a la rama de un árbol para comérselo. En ese momento, pasaba por allí una zorra hambrienta, que al verlo le pidió un pedazo, pero el cuervo dijo que no meneando la cabeza. Entonces la zorra empezó a decirle al cuervo que él tenía todas las cualidades: era sagaz, volaba, tenía un hermoso plumaje negro… El único defecto que tenía era que no sabía cantar como el resto de los pájaros. Para probar que la zorra estaba equivocada, el cuervo abrió la boca para cantar, y el queso cayó al suelo. Ella lo agarró inmediatamente y se fue de allí diciendo: –Querido amigo: ¡ese es el precio de la vanidad! ¡Cuando alguien te elogie mucho, desconfía! (O)

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