Históricamente Aragón ha sido la patria chica de grandes médicos. A la nómina del universalmente reconocido Santiago Ramón y Cajal hay que añadir la figura de Miguel Servet y de Arnaldo de Villanova , entre otros.

Desgraciadamente en el imaginario colectivo ha quedado relegada la figura de uno de los grandes, el doctor Fidel Pagés Miravé (1886-1923). Un galeno oscense pionero en una técnica anestésica que se emplea diariamente en todos los hospitales del planeta.

Cirujano militar Tras licenciarse de forma brillante en la Universidad de Zaragoza el doctor Pagés pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar. Su especial habilidad con el bisturí propició que en 1909 fuese destinado a Melilla.

A los pocos días de su llegada al enclave africano tuvo lugar el Desastre del Barranco del Lobo , que se saldó con más de quinientos heridos y un centenar y medio de muertos. Aquel cataclismo desbordó a los profesionales sanitarios, hasta el punto de tener que habilitar el Teatro Alcántara, el casino militar y casas de particulares para atender a los heridos.

Durante aquellos días de intenso trabajo se fue fraguando en la mente del doctor Pagés cómo mejorar la administración de cloroformo y de éter para calmar el dolor de los soldados heridos.

En 1917 fue destinado, en una campaña humanitaria, al imperio Austro-Húngaro para inspeccionar los campos de prisioneros. Aprovechó su estancia para atender enfermos y realizar intervenciones quirúrgicas complejas.