Una de esas noticias sobre las que el país no debía pasar de largo –nada fácil, en medio de la cascada de informaciones de cada día– ocurrió el miércoles pasado en las calles de Medellín.

Abel Resende

Con la mayor sangre fría, y aprovechando la desprevención que genera su aspecto infantil, un muchacho de 14 años asesinó a dos hombres. En segundos disparó seis veces, sin que sus víctimas tuvieran el menor chance de reaccionar

Uno a uno, cada desarrollo de ese caso es más desconcertante . El sicario fue capturado, pero estuvo a punto de que un juez lo mandara para la casa porque se identificó con una tarjeta de identidad según la cual no había cumplido los 14, y que resultó ser de su hermano

El niño sicario capturado en Medellín, sindicado de 12 homicidios ¿Qué hay detrás del niño sicario de Medellín?

Después se supo que no era su primer crimen. Según la Fiscalía, lleva al menos 12 asesinatos

¿Qué pasa en una sociedad y en una familia que generan el caldo de cultivo necesario para que un adolescente al que aún no le ha salido la barba se convierta en una máquina de matar?

¿Dónde están las condenas ejemplares para quienes sacan provecho de esos crímenes? Y ¿será capaz el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes de entregarnos, en 8 años (la máxima medida punitiva del sistema), un colombiano de bien?

Los niños y adolescentes que terminan cometiendo delitos son producto de nuestra inequidad y otros fracasos como país, y hacia allí debemos apuntar en primera instancia. Pero también vale analizar los efectos de las leyes que, en teoría, debían restaurar sus derechos

Hasta los 13 años y 364 días, cualquier persona en el país es inimputable ante la ley, sin importar su delito. Por eso, el sicario de Medellín no responderá por sus otros 10 asesinatos. Y por eso apostó esta vez por un ‘cambiazo’ que, aunque fallido, da luces de hasta dónde una norma pensada para proteger a los niños está en los cálculos criminales

De los 14 en adelante empieza a operar la justicia para adolescentes. Los que conocen el sistema saben que, no obstante todas las buenas intenciones, los muchachos sancionados van a sitios de reclusión en donde las condiciones de seguridad, respeto por los derechos humanos y resocialización no son nada mejores que las de las peores cárceles del país

Nadie habla de imponer las duras penas que establece, por ejemplo, la justicia de Estados Unidos contra menores que han cometido graves crímenes. Pero, por su propia protección, vale la pena abrir el debate sobre ajustes claves, como aumentar progresivamente las sanciones si hay reincidencia. De lo contrario, seguro nos volveremos a topar con otros niños graduados de delincuentes profesionales

JHON TORRES

Editor de EL TIEMPO

En Twitter: @JhonTorresEt

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