Sensualidad & Pareja

Lo que el viento se llevó: la ética parlamentaria

Partamos por la Cámara Alta, que de lo de alta le sobra. Al comienzo de la cuarentena, su secretario, Raúl Guzmán, fue sorprendido, en una reunión a escondidas, con dos funcionarios del Ministerio Público. No solo fue en un restaurante de mariscos de San Miguel, sino que el susodicho llegó en el auto oficial –que le provee el Senado–, balizas incluidas. Es que hay que ser muy alzado, ¿o no? Vergüenza ajena. Lo único que le faltó fue comer locos en veda, ya que la cuarentena sanitaria se la saltó sin remordimiento, por lo cual será próximamente formalizado. Supuestamente sus comensales le entregarían unos textos de derecho constitucional. Insólito. Imagínese, pues, al secretario del Senado, cuya biblioteca es la más completa del país. Hasta ahora, las razones de la reunión aún son un misterio, pero lo que no es un misterio es que la Mesa del Senado mira para el techo y se resiste a tomar medidas serias, ejemplares y definitivas, pese a la gravedad de las faltas, prefiriendo aquellas cosméticas y temporales, mientras su alicaído prestigio rueda descontroladamente cerro abajo por Valparaíso

Podríamos pasar lista entre los parlamentarios que han faltado a la ética en el último tiempo. Los ha habido, sin falta, de derechas e izquierdas. Que en las últimas semanas los casos se hayan concentrado en parlamentarios de centroizquierda es pura casualidad. Lo juro por el Che Guevara que me está mirando. Nos queda el consuelo de que, al menos, en la Cámara los temas éticos se están abordando con algo más de seriedad que en el Senado. Aún así, el desprestigio del Congreso ya está ganado. Se necesitaría la renovación de una mayoría importante del Parlamento para revertirlo, con la incorporación de nuevos “modelos de ciudadanos ejemplares”. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

A propósito de la icónica cinta Lo que el viento se llevó , los temas éticos se robaron la película en el Congreso Nacional durante las últimas semanas. Por razones de espacio, me salto varias décadas y me concentro en el presente. Lo que era un depositario tradicional de valores republicanos, el Parlamento, se transformó en los últimos años en un refugio para albergar a muchos innombrables. Perdón, honorables. Aunque para ser honestos, de eso poco les queda. Usted dirá que exagero. Le probaré lo contrario. Vamos viendo.

Partamos por la Cámara Alta, que de lo de alta le sobra. Al comienzo de la cuarentena, su secretario, Raúl Guzmán, fue sorprendido, en una reunión a escondidas, con dos funcionarios del Ministerio Público. No solo fue en un restaurante de mariscos de San Miguel, sino que el susodicho llegó en el auto oficial –que le provee el Senado–, balizas incluidas. Es que hay que ser muy alzado, ¿o no? Vergüenza ajena. Lo único que le faltó fue comer locos en veda, ya que la cuarentena sanitaria se la saltó sin remordimiento, por lo cual será próximamente formalizado. Supuestamente sus comensales le entregarían unos textos de derecho constitucional. Insólito. Imagínese, pues, al secretario del Senado, cuya biblioteca es la más completa del país. Hasta ahora, las razones de la reunión aún son un misterio, pero lo que no es un misterio es que la Mesa del Senado mira para el techo y se resiste a tomar medidas serias, ejemplares y definitivas, pese a la gravedad de las faltas, prefiriendo aquellas cosméticas y temporales, mientras su alicaído prestigio rueda descontroladamente cerro abajo por Valparaíso.

Vamos al turno de la Cámara Baja, que le hace honor a su nombre y que nunca llegará a ser alta. La Comisión de Ética decidió sancionar a dos diputados: Giorgio Jackson y Pedro Velásquez.

El primero, que se postulaba para ser socio honorario de un hogar de ancianos por su altruismo ejemplar, fue condenado por “engaño comunicacional”, al pretender camuflar como donación un mecanismo de financiamiento partidista. Bien chanta, ¿o no? La sanción le llega justo cuando se estaba promoviendo la creación del premio “Reverendo Jackson”, por sus méritos y caridad. Me temo que dicho premio naufrague, al igual que su partido RD. Solo nos queda solidarizar con quien aspiraba a ser el próximo animador del bingo anual de la fundación “Los Hermanos Frentistas Descalzos”.

Al segundo diputado sancionado no le faltaron méritos tampoco. Mientras viajaba a su distrito en su auto de fórmula parlamentaria –los únicos autorizados a exceder velocidades máximas–, amenaza a una mujer en un servicentro de la Ruta 5 Norte, cerca de Los Vilos. ¡A una mujer, el muy galán! Otra joyita del parlamentarismo que algunos quieren a todo nivel. El Comité le reprocha no haber sido un “modelo de ciudadano ejemplar”, lo que parece una broma de mal gusto. Este altercado me hizo recordar la pelea entre Eliseo Salazar y Nelson Piquet durante un Gran Premio de Fórmula 1 en 1982, aunque este caso criollo no deje ser una mera mocha callejera. Mientras el aliñado de Salazar desplegaba frente a las cámaras de todo el mundo su glamour, el diputado nos revela toda su flamante pachorra, agravada con ” la actitud, el tono descomedido, y las expresiones vertidas” en contra de una mujer . Al menos, este año el diputado puede olvidarse de postular a ser embajador de Hay Mujeres.

Pero eso no es todo. Al aguaite está la collera de los diputados Loreto Carvajal y Gabriel Silver, quienes alegando una suerte de persecución política, pretenden eludir sus responsabilidades por infringir las medidas de control sanitario decretadas por la autoridad. A los sumarios sanitarios dispuestos por la Seremi de Salud de Ñuble, el Comité de Etica declaró admisible una investigación en su contra. Pero esta pareja de “ciudadanos ejemplares” puede quedarse tranquila, pues hasta una paya les dedicaron en Fiestas Patrias. Difícil saber si los envidiamos por la nota musical o bien los rechazamos por abusar de sus privilegios. O ambos. Como sea, su “canita al aire” traerá consecuencias.

Podríamos pasar lista entre los parlamentarios que han faltado a la ética en el último tiempo. Los ha habido, sin falta, de derechas e izquierdas. Que en las últimas semanas los casos se hayan concentrado en parlamentarios de centroizquierda es pura casualidad. Lo juro por el Che Guevara que me está mirando. Nos queda el consuelo de que, al menos, en la Cámara los temas éticos se están abordando con algo más de seriedad que en el Senado. Aún así, el desprestigio del Congreso ya está ganado. Se necesitaría la renovación de una mayoría importante del Parlamento para revertirlo, con la incorporación de nuevos “modelos de ciudadanos ejemplares”.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador .

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