@TipsFemeninos // Lo que no debes hacer al levantarte // Miami.

1. Posponer la alarma
Cada noche nos acostamos con la falsa promesa de que a la mañana siguiente nos levantaremos más pronto para prepararnos con menos prisa y no llegar ahogados al trabajo, pero por la mañana volvemos a romper nuestra palabra y nos dedicamos a retrasar la alarma hasta que no podemos alargar más el tiempo en la cama. Esta dinámica de retrasar paulatinamente la alarma, además de obligarnos a ir a la carrera cuando nos levantemos, termina por hacernos sentir más cansados. Según el profesor Timothy Morgenthaler, la mayoría de expertos coinciden en que esta costumbre no es buena idea, porque cada vez que retrasamos el momento de sali de la cama entramos en un ciclo de sueño que se termina bruscamente a los diez minutos, cuando vuelve a sonar el reloj. Esta montaña rusa del sueño nos deja más aturdidos durante las siguientes horas.

2. Comprobar el correo electrónico
Los teléfonos móviles inteligentes han traído una serie de ventajas y comodidades antes impensables, pero la comunicación en movilidad también nos ha convertido en personas más dependientes. Además de las funciones propias de los teléfonos, de los servicios de mensajería como WhatsApp, de las redes sociales, etc. también nos llevamos el trabajo a casa con el móvil. Levantarse, mirar la pantalla, encontrar correos electrónicos, leerlos y responderlos es una auténtica locura. Julie Morgensern afirmó en ‘The Huffington Post’ que no podemos empezar así las mañanas. “Peticiones, interrupciones, sorpresas inesperadas, recordatorios, problemas… Hay muy pocas cosas que no puedan esperar al menos una hora”.

3. Quedarse acurrucado
Sí, es muy placentero quedarse hecho una bola entre las sábanas, especialmente las noches frías, pero una psicóloga de la Universidad de Harvard, la profesora Amy Cuddy, ha indicado que una serie de hallazgos le hacen pensar que esta posición hace que nos despertemos más estresados, mientras que estirarnos nos hacía despertarnos con más alegría y energía.

4. Dejar la cama sin hacer
“¿Para qué voy a hacer la cama si cuando la vuelva a utilizar la tendré que deshacer?”. Esta afirmación es cierta, para qué negarlo, pero también sería cierto decir que para qué nos vamos a duchar si, al fin y al cabo, nos volveremos a ensuciar. Lo cual, dicho de paso, es una guarrada. El profesor Charles Duhigg indica que hacer la cama se asocia con una mayor productividad durante el resto del día. Sin embargo, no se tiene claro que al hacerla seamos más productivos o, por el contrario, que sea la gente productiva la que tenga como hábito hacer la cama. De lo que sí que está convencido Duhigg es que este es un hábito importante, porque puede provocar una reacción en cadena en la que nos obliguemos a seguir con más rutinas.

5. Beber café
La cafeína es un poderoso estimulante que nos ayuda a espabilar, pero es preferible esperar un rato para tomar un café, aunque creamos que no seamos personas sin él. El motivo es que al levantarnos por la mañana es cuando nuestro cuerpo suele presentar unos valores más elevados de cortisol, conocido como la hormona del estrés. La cafeína es un elemento que aumenta los niveles de cortisol, lo que significaría echar más leña a la hoguera. Por tanto, es preferible esperar un rato y, a eso de las nueve y media de la mañana, tomarnos el café cuando tengamos más bajos los valores de esta hormona y no forzar un pico de cortisol tan pronunciado.

6. Espabilarnos con poca luz
Subir la persiana por la mañana cuando llevamos horas en la penumbra es un cambio muy radical, lo que nos puede llevar a pensar que es preferible una transición más tranquila, pero nada más lejos de la realidad. Nuestro organismo tiene un reloj interno que es sensible a la luz. La oscuridad la relaciona con el descanso y la iluminación con ponerse en marcha. Tal y como indica Natalie Dautovich, lo mejor es que al levantarnos tengamos luz y, si cuando lo hacemos todavía es de noche, será preferible encender las bombillas y despertarse con iluminación artificial.

7. No seguir rutinas
Que cada cual haga lo que quiera, pero que intente hacerlo siempre de la misma manera. Las rutinas nos permiten hacer tareas sin tener apenas que pensar, lo que es especialmente útil por la mañana, cuando estamos medio dormidos. En este momento del día es mejor que no nos concentremos ni quememos esfuerzos a lo tonto, porque nuestro cerebro todavía está poniéndose en funcionamiento. Nuestra capacidad de trabajo es limitada, por lo que ir con el piloto automático en los primeros momentos del día nos ayudará a mantener la fuerza para cuando realmente la necesitemos.

Fuente: Noticias 24

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