Vida & Psicología

Lucas

Morales Divo
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Lucas fue compañero del alma, de sueños libertarios, inquietudes académicas y labores profesionales, de interminables tertulias inteligentes y amables alentadas por el fraterno Aníbal Taveras. Compartimos por igual la afición por la música –fue tratadista de la obra autoral de JL Guerra y mantuvo un programa de clase mundial por Dominicana FM. Ahora que se nos fue de improviso («por qué esta mueca siniestra de la suerte»), procede que sea él mismo quien nos hable, desde su balcón autorizado de internauta

En mi columna titulada «Mis Inmigrantes Favoritos», publicada en Diario Libre en mayo 5 del 2009, al aludir a la familia Miguel Miguel (Niní, Carmen y Jocelyn), de origen libanés, que residió en la intersección de las calles Emilio Prudhomme y Benito González, en San Carlos, referí como dato adicional, «frente a la Mercantil Barahonera de Juan Bautista Vicens (Tistete). Este, de ascendencia mallorquina, hermano de mi madrina María y padre de mis amigos Lucas, talentoso economista, Melba, doblemente bella y genial al igual que la más apacible Carmen, Margarita, biógrafa eximia de María Montez y Marisol Vicens Bello, brillante abogado empresarial actual presidenta de la Confederación Patronal». Cerraba la alusión a los Miguel Miguel y los Vicens Bello: «Ambas familias ligadas a la mía por entrañables lazos».

Ciertamente, como me contaba memoriosa mi madre Fefita –nacida y criada en casa de sus abuelos paternos Pichardo Soler en El Conde casi frente al Baluarte-, siendo una adolescente de 15 años, le sorprendió San Zenón el 3 de septiembre de 1930 en el hogar de los Vicens Coll, donde pasaba unos días junto a sus amigas María y Margarita. Vivieron episodios terribles de destrucción y desolación, cuando la fuerza mortífera del meteoro arrasó con la ciudad del Ozama dejándola en ruinas.

Desde que tuve «uso de razón», al lado de la grata imagen de mi madre y otros familiares, aparecía el rostro hermoso de mi madrina María Vicens. Dulce y elegante, queridísima. Quien irradiaba cariño entusiasta no sólo hacia su ahijado, sino también hacia mi madre, como si yo fuera fruto compartido.

Su hermano Juan Bautista (Tistete) quedó registrado en mi memoria de muchacho afanando en las labores de negocios en esa esquina de la Mercantil Barahonera, empresa que importaba gomas de vehículos, exportaba café y otros frutos del país. En ese inmueble operó también la Escuela Chile. Mi reencuentro en los 70 con este caballero ingenioso y locuaz, lo propició la amistad compartida del Lic. Freddy Prestol Castillo, quien nos reunió durante una plácida tarde en Caferelli de Galerías Comerciales, propiedad de mi amiga Rosario Bonarelli.

En algún momento, la conversación giró en torno a los orígenes de la industria azucarera moderna en el país, un tema que venía investigando por años en archivos nacionales y extranjeros. Al afirmar que los ingenios modernos surgieron en el último cuarto del siglo XIX, a cargo de empresarios cubanos, norteamericanos, puertorriqueños, alemanes, franceses e italianos, y algunos dominicanos, Tistete intervino para señalar que eran trapiches no ingenios. Y que éstos habrían sido levantados durante la Ocupación Americana y por Trujillo. Ahí se encendió el debate, siempre respetándonos.

El abogado armonizador que era Freddy intervino para acreditarme ante Tistete. Entonces mi interlocutor «bajó la guardia» y me preguntó de quién era hijo. Al darle el santo y seña, se levantó emocionado, con los ojos azules enternecidos, para abrazarme y decirme: «Pero si tú eres el hijo de Fefita, tú eres como un sobrino para mí». Al saber mi condición de académico de la UASD, me preguntó si conocía a Lucas, cuya respuesta afirmativa le llenó de júbilo. Sentía justo orgullo por su talento.

Juan Bautista Vicens Coll fue empresario de ideas avanzadas. En alocución del presidente Bosch al iniciar abril del 63, al rendir cuenta de su gestión y promover una mística nacional a favor de la reforma agraria, refirió las donaciones de tierra y dinero realizadas por privados. JBVC, a nombre de Mercantil Barahonera, aportaba 300 pesos.

Lucas fue compañero del alma, de sueños libertarios, inquietudes académicas y labores profesionales, de interminables tertulias inteligentes y amables alentadas por el fraterno Aníbal Taveras. Compartimos por igual la afición por la música –fue tratadista de la obra autoral de JL Guerra y mantuvo un programa de clase mundial por Dominicana FM. Ahora que se nos fue de improviso («por qué esta mueca siniestra de la suerte»), procede que sea él mismo quien nos hable, desde su balcón autorizado de internauta.

El 4/8/20, colgó en FB un pertinente perfil de sí mismo. «Ahora que las funciones públicas se han visto envueltas en actos de corrupción y atropello de instituciones y personas, quiero dejar sentada mi hoja y biografía de vida. He tenido la oportunidad de ejercer una carrera en diferentes ámbitos de la vida pública y privada en actividades académicas como profesor investigador y ejecutivo en funciones diversas, he fungido como investigador, consultor y asesor de empresas e instituciones públicas y privadas, me ha tocado ejercer el rol de liderazgo empresarial de dos empresas por diez años, quince en funciones académicas y veinte años como directivo y técnico especializado en entidades públicas, alcanzando un desempeño exitoso basado en el trabajo tesonero y honesto. Autor de diferentes publicaciones, articulista y editor. Con una hoja de servicio público a la nación por cuarenta y cinco años como ciudadano comprometido, y sin cola que me pisen a los sesenta y cinco años de vida. Casado, con una hija y una nieta parte de una familia numerosa de tradición empresarial y de honestidad a toda prueba.»

El MEPYD le reconoció al final del 2019 por su gestión al frente del Fondo de Investigaciones Económicas y Sociales (FIES) y como asesor.

El 16/8/20 escribió esperanzado. «Hoy se inicia un nuevo ciclo político que abre la oportunidad de la metamorfosis creativa de un nuevo momentum que cierre los reclamos de sanción de la corrupción que succiona los fondos del erario público, y sobre todo que marque un nuevo período de desarrollo sostenible y justicia social que contribuya a cerrar las brechas de desigualdad e inequidad social. Salud y energía al nuevo liderazgo que asume el país con el compromiso de conducir la nación en estos momentos de turbulencia. La nación está expectante para apoyar los cambios que demandan los nuevos tiempos.»

El 18/8/20 discurrió. «Sin lugar a dudas el presidente electo, la designación de sus colaboradores, algunas decisiones y su discurso, han generado una adhesión generalizada en las grandes masas populares, sectores medios y diferentes actores sociales, políticos y empresariales, al nuevo proyecto social encarnado por el bloque histórico que lo sustenta. Un nuevo ciclo político se abre dando inicio a un inédito período favorable para impulsar los cambios que demanda la nación en materia de independencia de la justicia, separación de poderes, sanción correctiva de delitos, entre los cuales la lucha contra la corrupción y la impunidad asumen una marcada y sensible atención, la oportunidad para impulsar los cambios institucionales para cerrar la modernización inconclusa, y una inusual posibilidad histórica para empujar las reformas económicas y sociales, las cuales se ven favorecidas por un estado subjetivo de amplios sectores de la población.»

Ante la pérdida de José Ernesto Oviedo, mi compañero de barrio y colegio, el 4/9/20 a Lucas le ganó la nostalgia y le rindió merecido tributo. «Querido amigo. Esperaba que salieras victorioso como siempre de estas batallas con la salud a que te habías enfrentado en los últimos diez años. Ansiaba que superaras esta encrucijada. Teníamos pendiente entre muchos otros temas y alegrías de la vida cotidiana un párrafo entrecortado sobre un libro que estabas escribiendo de las generaciones en la izquierda dominicana que me habías bosquejado. Habíamos compartido por más de 40 años desde aquellos intentos por hacer avanzar las ideas de cambio revolucionario por cauces democráticos y de masas. Participamos juntos, en esa coyuntura, en los intentos de unidad y avance democrático en la lucha social que culminó en aquel trágico 24 de abril de 1984.

«Siempre sano, inquieto, solidario, de buen humor, y sentido crítico, llenabas de armonía los espacios de desencuentro con tu talante jovial y tus salidas ocurrentes con ese tono pausado de tu voz. Cultivamos una especial amistad nacida en aquellos torbellinos de ideas encontradas que se agolpaban en largas e interminables reuniones. Y tejimos una praxis común que nos acercó en el plano de las ideas críticas, y manejamos con altura las diferencias políticas. Desde esos tiempos tenías la apertura hacia los temas cerrados de la burocracia, que nos separaban del resto. Tu don de gente, amor, ternura y solidaridad te convirtió en un símbolo de amplios segmentos sociales, que se daban cita en la celebración de tu cumpleaños en el parquecito (Pellerano Castro), convirtiéndose en una celebración llena de júbilo y amor filial.

«Con tu impronta singular te convertiste en personaje obligado de tertulias, celebraciones, y rondas bohemias nocturnas. Te habías dedicado a forjar una formación intelectual sólida la cual se vio complementada con tus contactos internacionales en el Foro de Sao Paulo que te llevó a cultivar relaciones especiales con Lula.

«Hoy varias generaciones están de luto con tu partida, y las lágrimas corren por nuestras mejillas. Mujeres, hombres, viejos, jóvenes de todos los colores y sectores de clase sienten ese golpe en el corazón por tu partida. Sobrevivirás en todos los espacios de lucha democrática y social, estarás presente en los encuentros de diálogo y amor lúdico, mientras tu bonhomía se engrandecerá con el tiempo como la de un personaje que pasó por la vida sin las dobleces del odio, el rencor y el resentimiento. Y por tu seriedad, sentido de la ética y del amor.

«He escogido esta foto que llevaré siempre en el corazón porque representa para mí la grandeza de tu figura, tu sonrisa, ternura y solidaridad. Adiós, querido amigo, cuánta falta me harás, pierdo un ser querido con el que multiplicaba la comunicación con un sentimiento filial, de verdadero y genuino afecto. Adiós Gordo querido, te quedarás en mi corazón en esa secreta complicidad que nos unió siempre.»

Ese era Lucas, derramando ternura sobre el amigo ido. Vuela ahora tú, camarada del alma, hacia la utopía infinita, «para que pueda surgir lo posible», al decir de tu apreciado Hesse.

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