El Mundo / En Estados Unidos, varias personalidades presumen de levantarse mucho antes de que salga el sol, una práctica que puede ofrecer tantos beneficios laborales como problemas de salud

La periodista Pepa Bueno se levanta a las 3:15 horas para preparar su programa en la Cadena Ser. Carlos Herrera , su rival directo en las ondas desde la Cadena Cope, lo hace 15 minutos después. Cambiando de la radio a la televisión, Susanna Griso pone el despertador a las cinco de la madrugada, la misma hora a la que lo hace su panadero. Son la contrapartida española de distintas personalidades estadounidenses que hacen gala de su increíble capacidad para empezar el día antes de que lo haga el sol con un único fin: de aumentar exponencialmente su productividad.

Según informaba recientemente la BBC, el actor Mark Wahlberg necesita despertarse a las 2:30 horas de la madrugada para ser productivo. A esa hora empieza una jornada que incluye hora y media de gimnasio, golf, oración y recuperación en una cámara criogénica. Para conseguirlo se acuesta a las 19:30 horas. Se desconoce la hora a la que se acuesta Bob Iger , todopoderoso presidente y director ejecutivo de The Walt Disney Company, pero sí ha trascendido a la que se levanta: las 4:25 de la madrugada, momento en el cuál inicia una rutina de ejercicios inspirada en los jugadores de la NBA. Tim Cook , consejero delegado de Apple abre los ojos un poco antes, a las 3:45 horas, más o menos la misma hora a la que decía levantarse George W. Bush cuando era el inquilino del Despacho Oval en la Casa Blanca.

El mantra de que madrugar es una de las claves del éxito se sustenta en ejemplos como los citados, pero los expertos no se ponen de acuerdo. La clave se encuentra en esa “productividad” que muchas esconde más lucimiento en los stories de Instagram que trabajo sacado adelante.

El actor Mark Wahlberg (derecha) presume de levantarse a las 2:30 horas. / PARAMOUNT Dormir lo suficiente

Las horas de sueño es un primer factor a tener en cuenta. El propio Wahlberg resalta siempre, entre exhibición de bíceps y muestra de abdominales, que duerme las siete horas de rigor. En la Universidad de Michigan y en la de Washington, dos expertos se encargan de estudiar si las empresas deberían asegurarse de que todos sus trabajadores cumplan con ese mínimo de sueño. Son Gretchen Spreitzer y Christopher Barnes .

Spreitzer considera que madrugar aporta varias ventajas, como la facilidad para crear distintas disciplinas, ya que se tiene más tiempo para uno mismo . “Logras tus metas personales antes de que se despierte tu familia y antes de que sus amigos quieran reunirse contigo”, manifestó a la BBC. En en lado oscuro, el sacrificio de la vida social (y por ende, a la buena salud mental) que supone irse a dormir a las 19.30 horas.

Barnes, por su parte, apunta a los ritmos circadianos . Todas las personas poseen un ritmo propio, el mismo que hace que hace que los fines de semana se despierte uno a la misma hora que un día laboral sin alarma, o el que hace que se tenga hambre todos los días a la misma hora. Estos procesos se conocen como circadiano (del latín circa que significa alrededor, y dies , día) y el experto señala que “en el plano de la psicología y la conducta, estarás mejor si compaginas tu horario con tu propio ritmo circadiano”. A la hora de madrugar, la diferencia se cataloga entre ‘alondras’ y ‘búhos’ . Los primeros se despiertan y acuestan temprano, mientras que los segundos hacen lo contrario: se despiertan y acuestan tarde.

Tim Cook, CEO de Apple, comienza el día a las 3:45 horas. / REUTERS Búhos y alondras Por regla general, la mayor parte de la población tiende a ser alondra en la infancia, búho en la adolescencia y alondra de nuevo al envejecer.

El problema radica en la edad adulta, cuando a la hora de trabajar se posee un jefe alondra . Es ahí cuando entra en juego la apariencia. “La gente tiene un sesgo a la hora de evaluar el horario laboral. Generalmente, eres visto de forma más favorable si empiezas tu día temprano”, sostiene Barnes.

Por eso, las conclusiones de todos los estudios suelen señalar el mismo punto. La salud debe ser lo primero. Y a la hora de acabar el día, hay que escuchar al propio cuerpo. Y de ahí debe surgir la respuesta a la pregunta principal: ¿Madrugas para ser más productivo o para convencer a uno mismo (o a los demás) de que lo eres?