Acuciosa, Sebastiana Barráez publica en Infobae un trabajo sobre la cada vez mayor dependencia de Nicolás Maduro con Vladimir Padrino.

El ministro de la Defensa, luego de haber presuntamente estado convencido de actuar contra el mandón el 30 de abril (y arrepentirse minutos antes, por quién sabe qué desconocido descontento con los alzados), es, más que nunca, el baremo de la gobernabilidad.

Quien quiera dirigir este país tiene que contar con su aquiescencia, como mínimo. Por lo pronto, y hasta ahora (lo mismo se puede decir de Diosdado Cabello), Padrino sigue «leal».

Si el Ministerio de la Defensa era una caja negra en tiempos democráticos, hoy es un acertijo envuelto en un enigma. Padrino preside los ascensos, Padrino dice que la lealtad es un valor en estos tiempos en los que toda la cúpula dirigente corre el riesgo y tiene la desesperada certeza de que acabará con sus huesos en prisión.

Entre los múltiples misterios de estos mismos tiempos se encuentra el liderazgo de Padrino. Cómo un hombre que a los demás nos parece bastante mediocre tenga semejante ascendiente entre sus compañeros es, al menos para mí, una incógnita. ¿A quiénes son leales los militares venezolanos? ¿A Maduro, a Padrino, a Diosdado, al sistema, a los reales, a los cubanos?

De esa incógnita, que los venezolanos compartimos con Nicolás Maduro (un mandatario que en los últimos días luce más esquivo y más errático de lo normal), depende el único margen de negociación que le queda al aferrado de Miraflores.

Lo que, a falta de mejor título, sigue siendo denominado como «revolución bolivariana», es, hoy, un compendio de inseguridades, un julio de examen final con ocho materias raspadas y sin haber estudiado, como lo demuestra el también torpísimo intento de manipular, nada menos, la visita de Michelle Bachelet, a través de Jorge Arreaza y de esa televisión norcoreana hecha con el toque tropical de chambonería chavista que se llama VTV, niños del sistema tocando el Alma llanera incluidos.

Lo cierto es que hoy es 24 de junio, y ese sobreviviente profesional que es el mandón llegó nuevamente a conceder unos ascensos militares , que todos los años dejan heridas y causan suspicacias. Este año, ya lo dijo Padrino, se premia la lealtad. Como todos los anteriores.

Y a juzgar por la cantidad de ascensos concedidos, «la lealtad» es masiva en las Fuerzas Armadas… O las dudas lo son.

Pero quiero volver sobre el acto de ascenso de generales, que VTV transmitió el jueves. Que Maduro es un hombre inseguro de su poder es evidente. VTV refuerza esa percepción (dime de que presumes…) enfatizando, a cada 10 segundos de transmisión, que Maduro es «presidente constitucional y legítimo», y «electo por el pueblo».

Y finalmente, es el propio mandón, cada vez más cuestionado, en su versión frigidaire metalizada (porque el flux de kevlar era una mezcla de azul con gris), y con un insólito ayudamemoria pegado del micrófono, que más bien parecía un babero, que sentía «la fuerza de Bolívar» porque, para más inri, cargaba la espada original del Libertador, con unos guantes (rojos) para completar el atuendo.

En resumidas cuentas, Venezuela es hoy una república bananera. Maduro, ahora sí, es una brizna de paja en la tempestad, una frase que le encantaba decir a Chávez: un tipo sometido a los conjuros, dependiente de la palería, para seguir encaramado, para evitar la prisión.

Y lo militar es cada vez más una caja negra, un partido político en armas, que lo sostiene solo por conveniencia y quién sabe hasta cuándo. Pero mientras tanto, los venezolanos seguimos muriendo, huyendo, cayendo presos.

No hay derecho a que padezcamos tanto solo por culpa de unos aferrados.