Si alguien me preguntara qué opinión me merece lo ocurrido en la última semana, donde el dólar repuntó contra el peso, los bonos argentinos bajaron (y por ende subió el riesgo país) y las acciones domésticas agudizaron la toma de utilidades, diría simplemente que ha sido la semana más racional y predecible de los últimos dos meses.

Lo que sí realmente me había tomado por sorpresa fue la suba previa de 30% en dólares de las acciones y la recuperación de los títulos locales en junio, aunque el factor externo y la llegada de capitales a emergentes explicaron gran parte de este fenómeno.

Sin embargo, por estos días ¿por qué deberíamos esperar un comportamiento diferente al que el inversor tuvo en esta semana con semejante polarización política en las elecciones que tenemos a la vista?

No veo razones objetivas.

Cuando al ahorrista se lo acusa rápidamente de irracional por no confiar en su moneda y acumular dólares, creo que la irracionalidad es la que está primando sobre la persona que realiza la acusación.

El inversor argentino se maneja con las expectativas adaptativas: en base a la evidencia del pasado es que determina su comportamiento en el presente. Y precisamente en período pre-electorales, la historia muestra que no es conveniente correr riesgos desmedidos con el ahorro que tanto nos costó conseguir.

Incluso, en el actual proceso político existe un aliciente adicional: los candidatos con más chances de ganar las elecciones (Mauricio Macri y Alberto Fernández) tienen visiones y proyectos de país diametralmente opuestos, ya sea en primera persona o a través de sus equipos económicos que operan por detrás.

Mientras que el Presidente en curso pone énfasis en consolidar los cimientos establecidos para encarar un proceso de crecimiento dinámico hacia el futuro (visión que comparto aunque quedan muchos desafíos por delante para lograr esto último), la fuerza opositora con mayor intención de voto reivindica los “logros pasado” y sólo propone cambiar algunos matices, ignorando la gestación de los insostenibles desequilibrios macroeconómicos que dejaron cuando abandonaron el gobierno en 2015.

Así, una vez más, la Argentina dirime su futuro en medio de acusaciones sin sentido de un lado y del otro del mostrador, sin consenso en cuestiones relevantes que el mundo dejó de discutir hace medio siglo, como si esa incertidumbre resultante no tuviera impacto alguno en la economía.

Así las cosas, podemos inferior tres escenarios temporales para la dinámica financiera próxima:

1- Las siguientes dos semanas podrían ser traer síntomas similares a los evidenciados recientemente. Cierta aceleración de la demanda de dólares, mayor necesidad de intervención del BCRA para evitar saltos cambiarios imprevistos en la divisa y activos financieros argentinos bajo presión (acciones y bonos). Lo único que podría alterar esta tendencia es el shock externo positivo que recibirían los emergentes el 31 de julio próximo si la Reserva Federal convalida lo que el mercado espera con 100% de probabilidad: un recorte de la tasa de interés de referencia.

2- Entre las PASO y la elección general, el clima financiero (y su consecuente impacto en la expectativa económica) dependerá del resultado de la primera . Cuanto más crezcan las posibilidades de reelección de María Eugenia Vidal, primero, y Mauricio Macri, segundo, menor tensión cambiaria y bursátil tendremos a la vista. Caso contrario, habrá que ajustarse los cinturones.

3- Finalmente, cerrado el capítulo electoral tendremos que transitar un camino con un denominador común : el desafío de avanzar con las reformas estructurales, sin importar quien resulte electo. Si el oficialismo sigue gobernando cuatro años más, las oportunidades en los alicaídos precios de los activos financieros argentinos serán evidentes. En ese caso, el inversor pagará con más “caro”, pero con mayor margen de seguridad. De todas formas, el mundo rápidamente demandará señales de que las reformas para lograr un país previsible están en marcha. En caso de que no se avance con el consenso para las mismas, la alegría puede ser efímera.

A modo de conclusión, no es inocuo el resultado electoral para las aspiraciones económicas de Argentina a nivel general y las del inversor a nivel particular. Para éste último, rige más que nunca la concepción del “dime quien gana y te diré en qué invierto”.

(*) Economista y especialista en mercado de capitales