Los libros nunca terminan como uno quiere, pero no por eso tiene que dejar de sorprendernos y este tampoco fue la excepción. Desde sus primeras páginas, impresiones y expectativas erróneas cargadas de anhelos íntimos me hicieron querer dar con una historia truculenta, oscura y contradictoria de los designios divinos. Sin embargo la suma de varios elementos, mucho más meritorios de lo que parecen, me tomaron desprevenido y me encontré suspirando, sonriendo por la vida y el destino de Leonardo Oldano y Ariana Santamaría.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

Publicada por Editorial Planeta , con una portada que bien a podido hacerle mejores méritos. Esta es una novela casi impecable, rápida, que nos sumerge en la sala de redacción de un periódico que sufre la decadencia de casi todos los medios en nuestro país. Con un primer cruce de miradas digno de una producción cinematográfica de las que no se han visto en Colombia. Leonardo es un periodista que ha perdido una gran oportunidad en su carrera, cruz que rige también a una gran mayoría de informadores en el país; se prende locamente de Ariana, esa joven, divina, periodista que sufre el lastre de saberse demasiado bella, de una gentileza indiscriminada que quiere probarse a sí misma ser digna del título que tanto ha trabajado, posee la intensidad creativa de pocos personajes literarios, que a cualquiera, incluso a los más despistados, le revive el ánimo. Todas las ilusiones, censuras y autocensuras, derrotas y pasiones sin freno que un puñado de vidas pueden contener, condensados en una historia que sabe hacer sonreír y suspirar en más de una ocasión. 

Ha sido de lo más ingenioso dividir la historia en doce capítulos que no es otro que el mismo número de signos zodiacales, y en cada uno, de epígrafe, el fragmento de una canción que bien ha puede ser la banda sonora de las escenas a leer o la música de fondo para la creatividad de la autora o de paso para nuestra imaginación. Sea cual sea el caso, Guevara nos bota el dato: doce canciones que le suman disfrute al libro.

Jose Antonio Oliveros

Esta es, sí, sencillamente una historia de amor tratada con muy buena escritura que bien vale la pena leer. Porque aunque no solo de amor vive el hombre, sin ilusiones como esta se moriría de falta de todo. Siempre son tiempos oscuros en los que tenemos cosas más importantes por las que indignarnos y reventar, y suspiros de esta calaña no le caen nada mal a unos corazones como los nuestros, que desencantados, acompasados al ritmo de tétricas y malucas rutinas olvidan lo que la autora ha sabido poner en mejores palabras.

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“Algunos pueden darse el lujo de depender del destino, pero otros amores hay que hacerlos ocurrir, y no por ello son menos verdaderos. (…) A veces no se le puede delegar la felicidad al destino, tan caprichoso, tan tiránico, a veces hay que suplantarlo, ser el hombre del horóscopo, el que construye las piezas y las encaja , el que edifica las invisibles capas tectónicas del amor.

Solo los tontos no crean sus propias señales, en cambio los dioses convierten la cadena de proteínas en vida. Del fabricante de signos depende la envergadura del acto creador, si será tan básico como tomar un trago en un bar o ser presentado por conocidos, o si será tan complejo y etéreo como haber trazado una ruta hacia ella, a través de las estrellas.”.

La primera vez que hablé al aire en radio fue para leer el horóscopo chino. Tenía trece años. Era el año del mono y mi padre me cedió unos minutos de su programa “La tienda ganadora; porque el que la escucha, gana” de RCN, me entregó la hoja de la sección de uno de los tantos periódicos que esparcía sobre la mesa de la cabina y me dio paso, para comunicarle a los oyentes una pista de lo que les deparaba su destino aquel año en el amor, la salud y el dinero.

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Aquellos instantes de nerviosismo, regidos por la luz roja del letrero de AL AIRE permanecen en mí desde entonces. Ya no recuerdo mayor detalle, salvo que fue el mismo año de la muerte de mi padre y escribo esto precisamente la noche de su cumpleaños número 71. En mi caso no tuvo que ser una gran noticia ni un hermoso poema lo que me enamorara, entre otras cosas, de este oficio, fue eso: la lectura del horóscopo chino, algo que dejé de leer desde hace mucho tiempo y en lo que nunca creí por completo, hasta ahora. Y si vuelvo a sus predicciones no es por una restaurada fe en los designios genéricos sino por una renovada esperanza en el amor.

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Que la nueva novela de Paola Guevara, Horóscopo , publicada por Editorial Planeta me haya hecho querer hablar de este grado de intimidad es algo que me sorprende y, sí, también, hasta cierto punto agradezco. Porque supo tratar la subestimada importancia de una de las secciones más pasadas por alto en los periódicos y revista; la crianza de un niño (para quienes los tienen o los anhelan tener) por el que temer que requiera una educación especial que no hay cómo costear y una fe, sin evidencias ni alicientes en un amor, que nos renueve de una vez por todas las ganas de vivir y amar la vida.

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A continuación el link para escuchar el playlist de la novela: Canciones de la novela Horóscopo

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