Comer más sano y saludable es algo que debemos tomar como un hábito, asimilarlo y concienciarnos para crear nuestra propia rutina. Aquí tienes algunas formas muy sencillas de hacerlo. Hacer ejercicio está bien pero, ¿qué pasa con la alimentación? Sabemos de sobra que no nos servirá de nada matarnos en el gym si luego cuando salgamos nos vamos a cenar a un ‘fast food’.  Comer más sano es clave para mantenernos en forma, ya que no solo nos  ayudará a sentirnos mejor con nosotras mismas , sino que es realmente beneficioso para nuestra salud y para que nuestra rutina de actividad física tenga resultados de verdad.

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Solemos pensar que comer bien significa someterse a una dieta súper estricta, pero en realidad esto no es así.  Llevar a cabo una alimentación saludable es mucho más fácil de lo que creemos  y la solución la tenemos nosotras mismas. Te contamos 10 formas muy sencillas para que empieces a comer más sano… ¡a partir de ya!

1. Reduce las grasas y las comidas grasientas La grasa está presente en más alimentos de los que podemos llegar a imaginar. Normalmente, cuando comemos muchas veces no prestamos atención a la grasa oculta, especialmente cuando se trata de alimentos que parecen sanos como las carnes, el queso o los huevos. Por su parte, existen otro tipo de alimentos que sabemos de sobra que no son bienvenidos a nuestra dieta, como pueden ser los dulces. Es por ello que deberás controlar el consumo de este tipo de alimentos para estar atenta de no superar los 30-40 gramos diarios. De esta forma, sabrás cuánta grasa consumes y lo controlarás muy fácilmente.

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2. ¡En la variedad está el gusto! Grasas sanas, proteínas, minerales, vitaminas, agua y fibra son solo algunos de los nutrientes que se consideran imprescindibles para nuestro organismo pero, ¿existe algún alimento que contenga todos estos? La respuesta, naturalmente, es no. Entonces, ¿qué podemos hacer? Está en nuestra mano hacernos responsables de llevar a cabo una dieta variada y equilibrada basada en alimentos ricos en dichos nutrientes. Recuerda que, siempre es mejor que te cocines tus propios platos a comprarlos precocinados y sustituir algunos alimentos por otros similares más sanos, como por ejemplo una rebanada de pan integral en vez de una de trigo.

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3. Especias mejor que sal Dejar a un lado la sal no es tan difícil si sabes cómo. Al principio te podrá parecer que tus platos están un poco sosos pero tu paladar se acostumbrará antes de que tú misma te des cuenta. Cuando cocinamos, el uso medio de la sal es de casi 5 gramos al día, sin tener en cuenta los que son salados de por sí como en los caldos, los quesos, los platos precocinados o las salsas. Por ello, una forma fácil de sustituir la sal en la cocina y seguir dándole sabor a los alimentos es con especias. En cuanto a algunos alimentos bajos en sal, podemos hablar de los lácteos como la leche o el yogur, las verduras frescas y la carne. En caso de tener falta de yodo, lo recomendable sería sustituir la sal normal por la sal yodada.

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4. Di sí a las verduras, frutas y hortalizas Las frutas y verduras son ricas en carbohidratos y nos aportan más de la mitad de la energía que necesitamos en un día. Además, cuentan con una gran cantidad de fibra, agua, minerales y vitaminas que nos ayuda a sentirnos saciadas de la forma más saludable. En cuanto a las legumbres y las patatas destacan, especialmente, por su alto contenido de fibra. Unos alimentos que, sin duda, no podrán faltar en tu dieta.

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5. Apuesta por una dieta más completa Basada principalmente en alimentos ricos en proteínas (huevos, pescados, leche u otros derivados lácteos), frutas (especialmente aquellas con alto valor proteico como el coco, el plátano, el kiwi o la naranja), alimentos energéticos (como los cereales naturales o los frutos secos), así como verduras y hortalizas. Sin olvidarnos de aquellos alimentos ricos en fibra, como pueden ser las legumbres

6. No te pases con los dulces Al igual que controlamos el consumo de alimentos salados, también debemos hacerlo con los dulces. Y, aunque son alimentos con un alto contenido energético, su valor nutricional es muy bajito, por no hablar de aquellos que contienen grasas saturadas como los bombones o los caramelos. Y, aunque cuando los tomamos podemos sentirnos saciadas, realmente no estamos satisfaciendo nuestras necesidades nutricionales. En ocasiones, nos puede ocurrir que tengamos hambre o tengamos un nivel bajo de azúcar en sangre, ¿qué hacemos? Seguramente lo primero que se te pase por la cabeza sea comer un poco de chocolate u otros dulces. Pero, realmente, lo correcto sería comernos una pieza de fruta fresca

7. También debes beber sano Hidratarnos también nos aporta energía pero, ¿qué debemos beber? Evidentemente, el agua es la primera opción, ya que es pura y nos ayuda a eliminar las toxinas que nuestro organismo no necesita. Otras opciones saludables pueden ser las infusiones (especialmente el té) o los zumos naturales. Por supuesto, debes decir adiós a las bebidas alcohólicas o refrescos azucarados porque, definitivamente, no nos ayudan para nada a cumplir con una alimentación sana

8. Cuidado con la proteína animal Aunque al organismo humano le sea más sencillo adquirir energía de la proteína animal que de la vegetal, la animal no siempre trae beneficios y, por ello, también debemos controlar su consumo. Si combinamos proteínas vegetales con otros alimentos ricos en proteínas como los lácteos o los cereales, no debemos tener miedo por la posible falta de proteínas, especialmente si llevamos a cabo una rutina de ejercicios de fuerza

9. Mejor raciones más pequeñas Es muy importante que cumplamos con las cinco comidas diarias recomendadas (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) para que nuestro metabolismo funcione correctamente y para llevar a cabo una dieta más sana. Evidentemente, tendremos que tener en cuenta el tamaño de la ración de cada comida. Lo más recomendable es que prepares tus comidas principales (comida y cena) con menos cantidad de lo normal para que tu consumo total de energía no supere el nivel necesario

10. Cocina sin perder nutrientes Perder los nutrientes y sabor original de los alimentos una vez cocinados es lo más normal. Por ello, debemos cocinar el menor tiempo posible y con la menor cantidad de agua o aceite posible. Por ejemplo, las vitaminas son solubles en el agua y sensibles al calor, al oxígeno y a la luz. Para conservarlas, podemos guardar las frutas y verduras en un lugar fresco y oscuro y consumirlas lo antes posible. Otro truco es lavarlas antes de cortarlas y no al revés

Fuente:mujerhoy.com