La Nacion / NUEVA YORK.- Parece ciencia ficción: una película invisible que puede pintarse sobre la piel y devolverle la elasticidad de la juventud. Las bolsas de los párpados se desvanecen en segundos. Las arrugas desaparecen.

Científicos de Harvard y del Instituto Tecnológico de Michigan (MIT) han descubierto que no es en absoluto ciencia ficción. Según un informe publicado en el último número de la revista Nature Materials, los investigadores hicieron pruebas en 170 personas que revelaron que una “segunda piel” compuesta por productos químicos ampliamente utilizados y considerados seguros por la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos puede lograrlo. Y los estudios ya realizados no provocaron ni irritaciones ni reacciones alérgicas.

Las bolsas de los ojos son apenas el comienzo. Según los investigadores, uno puede embeber esa película en protector solar y no tener que preocuparse de que se vaya con el agua. También esperan que pueda ser usado contra el eczema, la soriasis y otras afecciones de la piel, cubriendo las partes urticantes con una película que calme la picazón.

Esas sustancias químicas son los siloxanos, que están formados por un átomo de oxígeno unido a dos de silicio y que, luego, forman polímeros. Los científicos pudieron agrupar grandes cantidades al modificar las propiedades moleculares, como el largo de la cadena, hasta lograr las deseadas.

Luego, diseñaron un proceso en dos pasos. Se aplica un primer polímero (líquido claro), seguido de un producto que mantenga unidas sus cadenas, que no son demasiado fuertes. Al modificar su composición química, los científicos pueden alterar las propiedades de la segunda piel (hacerla más o menos permeable, por ejemplo), de acuerdo con la aplicación.

Así, se puede usar una segunda piel permeable para corregir las bolsas de los ojos o una no tan permeable para “sostener” un medicamento mientras actúa en la piel. Se retirar con un solvente.

La investigación la financió Living Proof, una pequeña empresa de biotecnología de Cambridge, Massachusetts, y el producto lo está desarrollando Olivo Laboratories, otra empresa pequeña de la misma ciudad y dueña de las patentes. Los autores del estudio declararon poseer acciones de Living Proof.

En etapa experimental El estudio describe una serie de experimentos piloto con el producto. Los investigadores aún ignoran cuándo tendrán suficientes datos como para obtener la aprobación de la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su nombre en inglés) para comercializar el producto. Recién lo sabrán en los próximos meses.

  “Me parece brillante”, dice Gordana Vunjak-Novakovic, profesora de ingeniería biomédica de la Universidad de Columbia y que no participó del estudio. “Diseñaron un biomaterial que sintetiza todas las propiedades de la piel joven y sana. Pueden usarlo como un apósito sobre la piel envejecida o con arrugas y obtener resultados excelentes.”

Murad Alam, profesor de dermatología de la Universidad Northwestern, también quedó impresionado y anticipa que aún habrá que esperar. “Es el primer paso. Hay que seguir estudiando el producto”, dice Alam, que no participó del estudio. Si pasa todas las pruebas, el producto “seguramente será muy popular”.

La idea de una segunda piel surgió hace más de una década, cuando Living Proof se puso en contacto con R. Rox Anderson, profesor de dermatología de Harvard. Él ya venía trabajando en un polímero de uso capilar. Fue él quien les planteó a los ejecutivos por qué no pensar en un polímero para la piel.

“Gran parte del envejecimiento y la falta de firmeza de la piel se debe a la pérdida de retracción elástica”, explicó Anderson. “Cuando uno estira la piel, no vuelve a su lugar.”

¿Y si hubiese una manera de que la piel recuperara su naturaleza elástica? Anderson les dijo enseguida lo que debían buscar: “Tiene que ser prácticamente invisible, no debe impedir que la piel siga respirando y tiene que ser lo suficientemente fuerte y elástica como para devolverla a su lugar original”.

Enseguida, Robert Langer, ingeniero biomédico, profesor del MIT y fundador de Living Proof, se puso a investigar algo semejante. “Fabricamos cientos de polímeros, literalmente. Buscábamos que fuese seguro, adherente, de fácil aplicación y con las propiedades ópticas y mecánicas adecuadas”, cuenta.

Además, la “segunda piel” puede durar más de un día. Una de los primeros usos que le dieron, según recuerda Barbara A. Gilchrest, profesora de dermatología de Harvard, fueron las bolsas debajo de los párpados. “Queríamos algo que luciera bien y la prueba definitiva siempre es en la cara -comenta-. Realmente no se ve, pero está ahí. Parece la piel normal. Nos pusimos la vara muy alta. Y si lo logramos, es que conseguimos algo importante.”

Pero las pruebas no sólo incluyeron las bolsas debajo de los ojos, también se trató piel seca de las piernas.

Traducción de Jaime Arrambide

LA NACION Sociedad Salud