El País / Las mujeres ganan menos dinero que los hombres en Estados Unidos. También en España, China, India o Rusia. Ocurría así hace 50 años, hace 30 y sucede ahora. Así que cuando en las entrevistas de trabajo les preguntan qué sueldo ganan, el punto se referencia para fijar el nuevo jornal siempre es más bajo, y así se perpetúa la brecha económica respecto a los varones, aunque realicen el mismo tipo de trabajo.

Eso es lo que defiende Massachusetts, el primer estado de EE UU que ha aprobado un decreto por el cual las empresas no podrán inquirir sobre su historial salarial de los candidatos a los que evalúan, ni tampoco averiguarlo de cualquier otro modo.

El fin que persigue este decreto pionero aprobado esta semana es evitar que tanto ellas como los trabajadores de minorías tradicionalmente más precarios salgan mal parados.

La norma, que entrará en vigor en 2018, también impide que las empresas pongan como regla en el trabajo el secretismo en los sueldos. Es decir, prohíbe prohibir a los empleados preguntar o informar sobre los que ganan a otros, una norma que existe en muchas empresas de EE.UU. Porque precisamente la transparencia hace más difícil encubrir los casos de inequidad y pone sobre la mesa las disparidades, que siguen siendo importantes en todos los niveles profesionales e incluso en el país más rico del mundo.

En 1963 en EE.UU., cuando se firmó la ley de igualdad salarial entre hombre y mujeres, las mujeres ganaban 59 céntimos por cada dólar del hombre. Más de 50 años después, ganaban 79 céntimos. 20 céntimos de avance en medio siglo. Aunque una legislación ponga negro sobre blanco que todos los colectivos deben tener los mismos derechos en el mercado de trabajo, tanto en o referente a los sueldos como a la promoción profesional, las inercias del sistema hacen que los progresos avancen despacio.

Algo que recogen varios estudios es que la mujer, ya a priori, espera menos sueldo, así que negocia menos. Un informe de 2014 sobre graduados en másteres de dirección y administración de empresas (los famosos MBA, en sus siglas en inglés) recogido por la Business Harvard Review reflejaba que, mientras la mitad de los hombres habían discutido su oferta laboral, en el caso de las mujeres solo lo había hecho una octava parte.

Los investigadores concluyeron que las reticencias femeninas a negociar no tenían que ver con la confianza en sus capacidades, sino en que las aspirantes temían que pedir un salario mejor les costara el puesto. Y no se equivocaban. El llamado “coste social de la negociación” del sueldo, por el cual un empleador puede descartar a un candidato que ha reclamado más dinero, no es significativo para ellos, según varios estudios, pero sí para ellas.

En Massachusetts, las empresas ya no podrán hablar de dinero hasta que hayan hecho una oferta en firme al candidato seleccionado. La ley ?firmada el lunes por un gobernador republicano, Charles Baker, pero nacida del apoyo de ambos grandes partidos? es la más avanzada de Estados Unidos en materia de igualdad salarial entre hombres y mujeres, un tema que aparece con frecuencia en la campaña electoral de las presidenciales de noviembre.

El texto legislativo, además, no ciñe el concepto “trabajo comparable” a que tenga el mismo título, sino que lo extiende a una labor “que requiera sustancialmente similar las mismas habilidades, esfuerzo y responsabilidad y se desarrolle en las mismas condiciones”.

Dice Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook, en su libro Lean in (editado en español comoVayamos adelante) que las expectativas femeninas también hacen un flaco favor a las propias mujeres.

“La mayor parte de puestos de liderazgo son ocupados por hombres, así que las mujeres no esperan lograrlos, y esa es una de las razones por las que no lo hacen. Lo mismo ocurre con su salario, los hombres ganan más, así que las mujeres esperan ganar menos, y lo hacen”.