Aparte de por pipá (en abundancia) dominicanismo que completa el título, quiero tomar prestadas las palabras abimbar (golpear fuertemente a alguien) y abombao (harto), esta última a propósito de las sagradas habichuelas con dulce de la Semana Mayor del catolicismo, para agregar una reflexión más al prontuario de estos días sobre la reelección y sus defensores o detractores. La cacareada soberanía popular se convierte en sofisma cuando, a través del voto, transfiere el poder (o los poderes) del Estado a un grupo o partido, sobre todo cuando lo hace en forma absoluta, ya que los funcionarios electos aplican el famoso aforismo “el poder es para usarlo” y lo transforman en “el poder es para retenerlo”, haciendo hasta lo más repugnante para continuar manejando los erarios en los países donde gobiernan, transformándose de demócratas en dictadores y convirtiendo los pueblos libres en conglomerados de miserables esclavos. “E`palante que vamos”, “sigamos avanzando”, “el cambio para continuar”, etcétera, son consignas de retroceso hacia expresidentes y organizaciones políticas que ya tuvieron sus oportunidades y, con algunos logros y excepciones, siempre tuvieron un balance negativo que los gobernantes nunca quieren responsablemente admitir. Estamos abombaos de promesas incumplidas y en los rostros de los aspirantes expresidentes, excongresistas, exministros y actuales reeleccionistas, se advierte retroceso por pipá y si la ciudadanía no despierta del letargo de una deuda externa asfixiante, corrupción y maleantes de cuello blanco modelos para gánsteres o delincuentes comunes, no será posible en las próximas elecciones abimbar de votos a los que, a cualquier costo, quieren impedir que nuevas caras, nuevos dirigentes y nuevas ideas nos conviertan en un decente y renovado país.

Roberto Pocaterra Pocaterra