La Nacion / Milagros Schmoll (26) nunca se conformó con mirarse en los espejos que acompañan la carrera de toda modelo. Al mismo tiempo que se exponía frente a todas las miradas, en medio de una carrera veloz y nómada a lo largo de diez años, descubría y afirmaba su identidad en las pinceladas de un cuadro. Ahora, su lado creativo gana exposición, mientras que su imagen se esconde detrás de su obra. O detrás de un personaje, porque después de realizar su primera muestra pictórica, en Regia Gallery, Buenos Aires, voló a París para asistir a la avant-première de Mon Roi , la película dirigida por Maïwenn Le Besco y protagonizada por Vincent Cassel que marca también su debut actoral.

Usa el pelo recogido y un pañuelo en su largo cuello. Está vestida de negro, con botas de caña alta. No necesita más para producirse. Siempre erguida, no ahorra ni un centímetro de su metro setenta y siete. Conversamos en la colorida cocina de Panal, a dos cuadras del Abasto, un espacio que aloja más de 30 talleres de artistas de todas las disciplinas, en permanente interacción. Allí, de una punta a la otra, entrando y saliendo de talleres a medida que se desocupaban, a lo largo de un mes y medio, Milagros pintó su serie de 12 obras que conforman El Profesor Muerto, la búsqueda del ser . Dentro de esta nueva etapa que inaugura en su vida, asegura que tendrá más tiempo para la Argentina y sus afectos. Con nueve hermanos y unos cuantos sobrinos, por primera vez se ha quedado tanto en el país desde que se mudó a París a los 16 años.

¿Cómo llegaste a la pantalla grande?

Estudié dos años de teatro en Cours Florent, y un año en La Fémis, una gran escuela de cine. Como hice un curso intensivo, tocaba de todo: dirección, guión, actuación, luces, cámara. Y al tener mucha experiencia de tantos años con la cámara, me fue mucho más fácil de incorporar. En cambio, el teatro es la antítesis. Pero me gusta mucho. No quisiera dedicarme al teatro, pero sí me gustó estudiarlo y lo que implicó, la complicidad con los actores, estar en el escenario sola, que todo dependiera de mí, de mi cuerpo. Me encantó. Mientras estaba estudiando, surgió esta audición. Es un rol secundario, pero la película fue un gran desafío. Es una historia de amor entre Vincent Cassel y Emmanuelle Bercot. Mi personaje tiene una amistad con él. Somos un grupo de amigos. Mucho de la historia transcurre con los amigos de la pareja. Maïwen tiene un cine muy interesante. Es un drama total, bien francés.

¿Te atrae el cine francés?

Me encanta. Y el inglés me gusta mucho también, especialmente su humor negro. Son unos genios. El francés, que es lo que más me gusta, tiene algo en lo que nos parecemos los argentinos, en lo cotidiano, en las crisis, los clímax que se van generando. Me gusta mucho el cine argentino también.

¿Te gustaría trabajar con algún director argentino?

Sí, me encantaría. Por qué no. Me gusta Campanella. Mucho.

¿Conocías a Maïwenn? Ella interpretó a Plavalaguna, la diva alien cantante de ópera de El quinto elemento , cuyo vestuario estuvo a cargo de Jean Paul Gaultier, pilar de tu carrera.

La conocía de nombre. Había hecho la película Polisse, una historia sobre chicos que son abusados sexualmente, que se ganó todos los premios en Cannes. Esta es su cuarta película. Pero yo llegué a ella de casualidad. Estaban buscando una chica y me llamaron. En la primera audición pensé que me había ido pésimo, me dio bastante vergüenza porque me pareció que lo hice mal, siempre te vas con esa sensación rara de no haber hecho esto o lo otro. A las dos semanas me llamó el director del casting diciendo que la directora me quería conocer. Y me sorprendí, dije ¡wow! Al ser guiada por ella, diciéndome qué necesitaba, tuve una confianza que quizás en la primera audición no había alcanzado. A las tres semanas me volvieron a llamar para decirme que había quedado, pero que me cambiaban de rol. Porque para lo que la directora tenía en la cabeza le quedaba un poco chica para el actor principal. No encajaba con la historia. Pero de todas maneras quiso que estuviera en la película, dándome este rol. Para mí fue una gran experiencia. Estaba estudiando. Nunca había hecho una audición en mi vida. Fue un desafío enorme, por más pequeño que sea el personaje. La tercera audición la hice con Vincent Cassel, y dependiendo de cómo quedara con él en cámara, estaría o no finalmente.

Milagros quedó bajo las órdenes de la actriz y cineasta Maïwen, otra mujer que ha vivido de manera intensa tempranamente (tuvo un hijo a los 16 años, con Luc Besson). Son puras coincidencias. Y a Milagros le encanta hablar de coincidencias, casualidades, como sucesos que enhebran su carrera. “Coincidencias como todo lo que me sucede en la vida. Como el día que me propusieron ser modelo a la salida de un cine. Yo iba como cualquier chica, a los 13, a ver una película con una amiga. Y me encontraron. Y con el cine fue un poco lo mismo. Me enteré por mi agencia en Francia. Yo no tenía idea. Me enteré de que estaban buscando una actriz, pero tampoco me dijeron para qué. Fui a la audición sin saber mucho.”

Tomar las riendas Después de tanto ir y venir por las pasarelas del mundo (desfiló para Chanel, Jean Paul Gaultier, Hermès, Dolce & Gabbana, Dior, Moschino y Armani, entre otras) y de haber posado en producciones de las más importantes revistas internacionales, se mueve y habla con absoluta confianza, con una voz grave que contrasta con su cara angelical, llena de pecas, heredada de sus antepasados austríacos e italianos. Tiene 26, pero por su aplomo, parece mayor. Es que desde muy chica tomó las riendas de su vida. Eligió vivir en ciudades distintas. Y aprovechar los tiempos muertos de su trabajo para estudiar. En Londres fue estudiante de Arte en Central Saint Martins. Y la lluvia, tanto de Londres como de París, fue su mejor aliada para pintar. Hacía rato había dejado de ser autodidacta. Su gran maestro, a quien dedicó la muestra, fue Omar Mandolini, a los inicios de su carrera de modelo. “Él vivía en el edificio. Me empezó a enseñar. Era un señor grande. Lo encontré en sus ochenta y largos. Me empezó a enseñar desde la prolijidad, dedicación y perseverancia. Una vez me dijo, seguí viajando, seguí recorriendo y quedate por allá. Nunca vio mi vuelta a la Argentina. Y mi vuelta, en este momento, después de 12 años es cerrar un ciclo también. Estoy cerrando un ciclo de lo que era un estilo de vida a lo que hago hoy. Y es como un homenaje a él. Era un hombre admirable, uno de los más cultos que conocí en mi vida. Fue alguien que iluminó mi carrera no sólo artística, sino como ser humano, como mujer. Y él me adoptó como parte de la familia. Para mí fue una pérdida dolorosa.”

¿Siempre tomaste tus decisiones? Te mudaste a París a los 16, después cambiaste de ciudades sucesivamente, Nueva York, Londres, Los Ángeles…

Sí. Siempre tomé decisiones. Siempre tuve el control de mi vida. Siempre tuve la consciencia de manejar mi propia vida. Fui yo quien provocó vivir en esas ciudades, de esa manera.

Por vivir tan intensamente, necesitás muchos estímulos de afuera. ¿Te aburrís fácil?

Ese estímulo viene desde adentro. Voy generando eso, pero no por una falta de satisfacción. Primero, por poder trascenderme. Para poder superarme constantemente. Creo que sí soy muy exigente. Y fui educada de esa manera. En todos los ámbitos que trabajé, estudié, eso formó mi personalidad. Cuando estoy quieta, no es que lo esté. Puedo estar meses quieta en una ciudad, pero siempre voy a estar haciendo algo.

Cuándo querés algo, vas detrás de eso.

Definitivamente. Desarrollé mucho la perseverancia y la paciencia. Creo que mis años en Japón, la cultura me influenció mucho. Los japoneses son extremadamente puntuales. El profesionalismo es muy importante para ellos. Cuando deseo algo, bajo línea. Todo lleva su esfuerzo, su tiempo, dedicación, pero por lo general soy muy dedicada.

Hiciste dos colecciones cápsula para Prüne. ¿Estás trabajando para lanzar tu propia marca?

Sí, estoy trabajando, pero me falta. Se me dieron muchas cosas al mismo tiempo. Pero bien. Tengo un diseñador, mi mejor amigo, Martín Raffa, también argentino, trabajamos juntos en París. Con él nos conocimos allá hace cuatro años, de casualidad. Nos presentó un amigo. Hacemos alta costura. Siempre fui de diseñarme mis cosas. Me gusta hacerme mi ropa, los vestidos. Con Martín hago un poco eso. En un futuro me gustaría compartirla también.

¿Cómo es eso de que te hacés tu ropa?

Es de lo más normal.De la misma manera que pinto, sé lo que me gusta. Viví tantos años en la moda que sería ilógico no tener un conocimiento sobre lo que me queda bien, qué me gusta más, de qué manera me gusta verme.

¿Qué te diseñaste?

Vestidos, por lo general. Camperas, sacos.

¿Te gusta la búsqueda de telas? ¿Cómo definirías tu estilo?

Sí, lo hacemos. Me gusta un poco como Prüne. Esto de jugar con los géneros, combinarlos, la creatividad. Soy bastante clásica. Me gusta vestirme de largo. Viviendo en París es algo obvio. París te exige esa elegancia. No tiene que ser largo excesivamente. Me gusta mucho el negro. La verdad es que se me ve mucho de negro, porque el negro en algún punto es luz. Hago desde un hombro, hasta strapless, una espalda abierta.

¿A Martín le va bien allá?

Sí, de hecho fue el primer diseñador argentino que mostró su colección de Alta Costura en París.

Tenés casa en Los Ángeles. ¿Es tu hogar?

Mi casa está en LA. Pero no tengo lugar fijo. Voy y vengo. Sí de París me mudé a Los Ángeles. Pero también paso mucho tiempo en París. California es deporte para mí. Podés ir escalar al desierto, ir a hacer surf. Yo que tengo tanta lluvia en mi vida, es tan extraño que en California no llueva. Siempre hay sol y eso te motiva a hacer deporte, estar al aire libre, naturaleza pura. A mí me gusta mucho la naturaleza. Si bien me crié en ciudades enormes, cosmopolitas, con mucho estímulo, siempre me tira más la naturaleza.

Uno de los cuadros de tu muestra dijiste que estaba inspirado en el color del mar. Pero no en el de California, donde practicás surf. Mencionaste el Sur de Francia…

Sí, Saint-Maxime, un lugar muy cercano a Saint Tropez. Me gusta mucho el Sur de Francia, por los colores, uno va viajando y se enamora de lugares en los que no hay una explicación obvia.

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