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“Con el retorno de viajeros, habrá dinerito en casa…”

Morales Divo
"Con el retorno de viajeros, habrá dinerito en casa…"

(Segunda parte)

Aunque la reactivación turística ha sido acelerada, sin ceñirse en todos los casos a los lineamientos de apertura gradual indicados en el semáforo epidemiológico de la Secretaría de Salud, y con mayor riesgo de contagio COVID, hay ya quien lo agradece…

De acuerdo con datos del gobierno de Guerrero, cuyos destinos de playa como Acapulco e Ixtapa Zihuatanejo están entre los favoritos de viajeros, en especial nacionales, el 75 por ciento de la población de esos lugares vive del turismo. La derrama financiera de esta actividad regional es sostén de las finanzas estatales y de la economía familiar.

Gonzalo Morales Divo

“Si aquí bajan los ingresos, cae toda la entidad. El reto es evitar una crisis social”, dice Adela Román, alcaldesa de Acapulco.

Gonzalo Morales

Y se agolpan, a cada paso, las historias de quienes se quedaron con los bolsillos vacíos durante los meses de parálisis turística, derivada de la pandemia. “Sabemos que el virus sigue ahí, pero ya no queremos que se cierren los hoteles o restaurantes ni que dejen de venir los turistas, porque eso le da de comer a nuestras familias. Todos los días, enciendo una veladora, y le pongo ganas a la chamba”, dice Sandra, mucama en un complejo hotelero de Ixtapa.

Gonzalo Jorge Morales Divo

Tras la reapertura, se sumó a su orden diaria la sanitización completa de las habitaciones, en particular espacios u objetos de uso constante como colchones, manijas de puertas, contactos y controles de televisión y aire acondicionado. “Todas las mañanas, cuando llegamos, nos checan los de seguridad, nos toman la temperatura y tenemos que desinfectarnos”, cuenta

Con ayuda de una amiga, Sandra logró contratarse en el hotel apenas en diciembre de 2019. “Había trabajado en otros más pequeñitos, hasta que me llegó la oportunidad; por eso cuando cerraron por la enfermedad, me puse muy triste; pensé que ya no regresaría. Aquí es trabajar en el turismo para sobrevivir, o morirse de hambre”

Todos los empleados fueron enviados a casa, “mientras pasaba lo fuerte”…

— ¿Y les pagaron? — se le pregunta

—Sólo a los que tienen plaza. Yo aún soy eventual. Sí me ayudaron, pero con despensas. No es igual, porque con el salario uno sabe lo que necesita y puede comprar, pero teníamos algo en la mesa. Este hotel está grande, en otros no dieron nada, mandaron a la gente a sus casas y ya, aquí al menos una despensita

Sandra debe limpiar hasta nueve habitaciones al día, dependiendo el tamaño, por un sueldo apenas superior a 3 mil pesos quincenales

 

CHUPE AJENO. Genaro, de 57 años, es barman de hotel desde hace más de 30 años. Estuvo tres semanas hospitalizado en Acapulco, porque enfermó de coronavirus. “Ya me andaba jalando las patas la cabra”, dice en tono retozón

“¿Cómo no voy a estar contento, si logré vencer la muerte y ya ando trabajando? La gente andaba toda agüitada, porque si no hay turismo se cierra la llave para las familias y de aire no se vive. Qué bien que las autoridades dieron el permiso de abril, sí estamos asustados, pero es morir por el virus o por la carestía”

Cuando lo descansaron, con el salario reducido a menos de la mitad, Genaro optó “por buscar chambitas. No sólo soy bueno para las bebidas, también para la plomería y electricidad. Tenía que buscarle, porque no alcanzaba, y en ese andar me contagié. Por fortuna, la administración del hotel me dio tiempo suficiente para recuperarme y aquí estoy, otra vez en el chupe ajeno”

Espera jubilarse en tres años. “Mientras tanto me entrego, con pasión, porque cada turista bien atendido es un dinerito extra”

 

ENTRE CAJAS Y GELATINAS. Adelina y Manuel son parte de un pequeño grupo de comisionistas en Zihuatanejo, abocados a enganchar parejas e invitarlas a desayunos o cocteles en los grandes hoteles de la zona. El desafío es la venta de membresías o tiempos compartidos

Más del 90 por ciento de las empresas turísticas en el país —alrededor de 450 mil unidades— son micro, con menos de 10 empleados. Ahora, en medio de penurias, buscan afrontar sus compromisos laborales y crediticios…

Manuel es más reservado, aunque comparte su vivencia. Sin viajeros para enrolar, decidió deambular durante el estancamiento turístico por tiendas y establecimientos comerciales con la idea de ayudar a los clientes a cargar su mercancía. También ha juntado bolsas y cajas para facilitar el traslado de artículos

“Los turistas van regresando poco a poco, pero no tienen dinero para una membresía. Con lo de las cajas, me llevo unas moneditas. Lo que sea es bueno, en tiempos de crisis”

Adelina es más dicharachera. Nació en Zihuatanejo, hace 60 años: “Soy nativa de aquí, ¿qué no ve cómo estoy de negra? Todavía recuerdo que cuando era niña, Zihua era un pueblo muy pequeñito e Ixtapa una selva bonita, con pantano, monos y changos. El primer hotel que se construyó fue el Aristos y desde ahí comenzó a recorrerse el mar. Y qué bueno que se volvió turístico, andaríamos con la lengua de fuera”

Con la reapertura, cuenta, “apenas vemos una pareja, y nos abalanzamos como perros”

Sin comisiones por cobrar durante meses, se ajustó a “una pequeña ayuda del hotel y al trabajo en casa”

—¿En qué?

—Hacía gelatinas y las vendía por la colonia. ¿A qué venía a la costera, si estaba solo? Me quedaba viendo y decía: ¿esto será Ixtapa? Parece una ciudad perdida, y eso me deprimía. Pero ni modo de tirarme en la hamaca, porque tengo una hija que este año se recibe de la carrera de idiomas y hay que seguirla empujando

—¿Y ahora?

—Pues a seguir el jale. Con que uno esté sano, se alimente bien y siga las medidas de higiene, el virus se va. Si uno anda con el temor, ¡zas!, nos ataca, porque lo andas llamando. Hay que darle gracias a la Virgen del Árbol -de las más seguidas en la región- que ya está llegando el turismo, que habrá dinerito en casa…

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