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SOBRE COVID19 Y EXCLUSIONES

Es claro que en las pestes los primeros afectados son los más enfermos, pues a su colección de males se le añade el que los dispara todos, en este caso el virus. Así, mueren los ancianos con complicaciones debido a enfermedades anexas, los obesos con las arterias taponadas y órganos atrofiados, los que viven en las peores condiciones de salud pública (hacinamiento, promiscuidad, hambre), los que creen que las vacunas no sirven y los carcomidos por la droga, sea ilegal o legal (las medicinas que curan con efectos marginales atroces) y los sometidos a contagio permanente y sin equipos para evitarlo

Estación Etiqueta, a la que llegan los etiquetadores, gente ésta que señala y marca, establece límites para otros y busca culpables o indica quiénes sobran. Y en esas etiquetas se lee viejo, negro, latino, chino, pobre (todavía no se incluyen judíos, musulmanes ni homosexuales), portador del virus y posible portador. Y esas etiquetas, que han sido viejas (el siglo 20 las puso a funcionar todas) y han justificado todo tipo de tropelías (dispositivos, los llamará Michel Foucault), se desempolvan de nuevo para ponerlas encima de posibles culpables o elementos peligrosos, chivos emisarios y personas económicamente no viables. Y bueno, al virus se le añaden las exclusiones (lo que incluye que lo inventaron en alguna parte), los muchos demonios que produce la mezquindad, el racismo, la gerentofobia, la aporofobia y el no reconocimiento de la realidad, volviendo a ese séptimo círculo del Infierno de Dante, en el que lo peor se reúne para culparse y traicionarse, chillar y delirar.

Es claro que en las pestes los primeros afectados son los más enfermos, pues a su colección de males se le añade el que los dispara todos, en este caso el virus. Así, mueren los ancianos con complicaciones debido a enfermedades anexas, los obesos con las arterias taponadas y órganos atrofiados, los que viven en las peores condiciones de salud pública (hacinamiento, promiscuidad, hambre), los que creen que las vacunas no sirven y los carcomidos por la droga, sea ilegal o legal (las medicinas que curan con efectos marginales atroces) y los sometidos a contagio permanente y sin equipos para evitarlo.

En las plagas, pestes y hambrunas, mueren los más enfermos y desprotegidos por la salud pública, los deprimidos y los estresados (sicopatologías), pero estos no están en un rango de edad ni pertenecen solo a un grupo racial ni siquiera a un determinado estrato, pues la cuestión del enfermo no obedece a un cuadro general sino las condiciones de salud y tejido social particulares. Pero esto no pareciera importarles a los etiquetadores, que todo lo quieren por volumen y buscando resolver a través de otros lo que es un problema creciente y, en este caso del virus, algo esperado por economistas y ecologistas serios. Lo del covid-19 es solo un tope a los problemas que no se quisieron ver, a un planeta en proceso de destrucción y a un mundo cada vez con más brechas económicas y de atención en salud.

Acotación: señalar a otros cuando el culpable es uno, es cosa de todos los días. Y excluir, mentir y ver el problema en lo último que pasa y no en la base, es la constante producida por enfermedades sociales que toleran los virus de la mala política, la corrupción y la codicia, la creencia de llegar a ser dioses y las infamias que se le hacen a la naturaleza. Y ahí vamos, mal .

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