El Heraldo / Rodin no fue el primero que sintió curiosidad por aquel beso en el que, dicen, encontró la inspiración para su famosa escultura Le Baiser: el que, supuestamente, acabó con la vida de Francesca de Rímini y Paolo Malatesta allá por el siglo XIII. A Dante Alighieri también le conmovió la historia de aquel ósculo. Se la contó la propia Francesca con la que el escritor italiano se topó en el círculo de los lujuriosos durante su bajada al Infierno. La espada y los celos de Gianciotto, esposo y hermano de los amantes, perpetraron el doble asesinato cuando este les encontró besándose. 

Marcel Danesi, profesor de semiótica y lingüística antropológica en la Universidad de Toronto, sitúa en historias medievales como la de Francesca y Paolo el origen del beso como símbolo del amor romántico. Ese que solía acabar mal porque, normalmente, se producía fuera del matrimonio (en aquel momento, un mero contrato que sellaba las aspiraciones sociales o económicas de las familias de los contrayentes).

«El beso “romántico” (no “sexual”) es un invento que viene, con toda probabilidad, a partir de la Edad Media con la tradición del amor cortés. Está impregnado de amor “verdadero” (en lugar de “impuesto”); se trata de un acto subversivo contra el cortejo organizado y contra el amor aburrido», explicaba Danesi en un artículo en The Guardian. A partir de ese momento, el beso en los labios se convirtió en el acto romántico por excelencia.

Se sabe que el apasionado gesto se venía practicando desde hacía siglos. Algunos antropólogos aseguran que Alejandro Magno lo importó a Europa desde la India después de conquistar aquel territorio en el 327 a.C. Entre los romanos, el savolium (o beso con lengua) era habitual en la intimidad de los amantes. Y la práctica también se recoge en el Kamasutra, entre otros escritos. Aunque Danesi vuelve a insistir en que, en todos estos casos, el beso en los labios estaba vinculado al sexo y no tanto al amor: «No hay que olvidar que los labios son órganos erógenos».

La ciencia de los besos

El beso es pura química. La profesora de Antropología en la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey), Helen Fisher, cuenta en un artículo publicado por Wired que, durante el beso «con lengua», los hombres liberan testosterona que transfieren a sus parejas, lo que favorece el aumento del deseo sexual de estas. Para la mujer, por su parte, este intercambio de fluidos le permite evaluar el sistema inmunitario del potencial padre de sus hijos. Como recoge la revista norteamericana, Cheer tenía razón cuando cantaba eso de It’s In His Kiss…

Aunque con los besos se comparten muchas cosas más. En solo diez segundos, a través de él, una pareja se puede traspasar hasta 80 millones de bacterias. Según un estudio de la Organización para la Investigación Científica Aplicada, de Holanda, el resultado de besarse en la boca una media de nueve veces al día con la misma persona es acabar con una microbiota salival (conjunto de microorganismos presentes en el fluido) muy similar entre ambas partes.

La filematología o ciencia de los besos (porque sí, existe una ciencia que se encarga de estudiarlos) también ha demostrado su poder terapéutico. La sensación de bienestar que genera un buen morreo se deriva de la liberación de oxitocina en sangre, la hormona del enamoramiento (entre otras muchas cosas). La cantidad de adrenalina en el torrente sanguíneo también aumenta, de ahí el aumento del ritmo cardíaco e incluso de la glucosa. Además, rebaja la cantidad de cortisol, lo que supone una reducción del nivel de estrés. Por todo eso, expertos como la sexóloga Denise Knowles prescriben besos tanto a los que padecen falta de ánimo como, por supuesto, a los que tratan de poner solución a una crisis de pareja: «Se pone mucho énfasis en tener muy buenas relaciones sexuales y muchos se olvidan de que un simple beso es una fácil manera de mantener el contacto», explica en BBC.

Cuidado donde posas tus labios

Por su utilidad a la hora de encontrar potencial pareja de manera instintiva, los besos se enmarcarían dentro de los rituales de apareamiento de la especie humana. Un acto de cortejo innato similar al que realizan otras especies animales como algunos mamíferos, como el gato o el perro, entre los que es común restregar el hocico a sus parejas. O los elefantes, que suelen entrelazar sus trompas. No obstante, ninguno de estos animales acerca sus labios a los del otro para besarse (la única excepción al respecto serían los chimpancés y los bonobos, estos últimos muy habituados al beso francés). La mayoría de los mamíferos se limita a acercarse a su pareja lo suficiente para detectar sus feromonas, una hormona fundamental para todos ellos a la hora de elegir con quién dar continuidad a la especie.

La sensación de bienestar que genera un buen morreo se deriva de la liberación de oxitocina en sangre, la hormona del enamoramiento (entre otras muchas cosas) «Nosotros hemos heredado toda nuestra biología de los mamíferos, solo le hemos añadido unos cuantos matices a la evolución», explica Rafael Wlodarski, investigador de la Universidad de Oxford a BBC. En su opinión, los besos no son más que una evolución de ese acercamiento. La manera en la que hombres y mujeres han aprendido a arrimarse lo suficiente a sus parejas para olfatearlas. «En algunas culturas el acercamiento para olfatear desembocó en el contacto físico de los labios. Aunque es difícil señalar cuándo ocurrió».

Que los besos de hoy sean una invención de los hombres, como sostiene Wlodarski, explicaría según él mismo que no siempre haya sido una práctica habitual en determinadas sociedades. El propio investigador encontró unos escritos en sánscrito de hace más de 3.500 años en las que el beso se describía como la inhalación del alma de otra persona.

Pero, incluso, en un mundo tan globalizado como el actual el beso sigue sin estar presente en todas las culturas. Según un estudio recogido también por BBC, y realizado entre 168 sociedades de todo el mundo, el beso «romántico» solo estaba presente en el 46%. En algunas tribus, como la de los mehinaku, en el Amazonas, besarse en los labios es una auténtica aberración. En El País, Luis Miguel Ariza se hace eco del artículo que el diario chino Daily publicó en 1990 y en el que hablaba de la costumbre de besar como «una práctica traída por los invasores europeos, vulgar y rayana al canibalismo».

En otros lugares del mundo como Malasia, Dubái o Guanajuato (México) está prohibido besarse en público. La pena por hacerlo puede ir desde una multa al arresto o, incluso, a la deportación. En el caso de Halethorpe, en Maryland (EEUU), los besos no pueden durar más de un segundo si la pareja en cuestión no quiere ser sancionada. Mientras que en Iowa el requisito que se debe cumplir por parte de los varones es tener bien rasurado su labio superior puesto que los hombres con bigote tienen prohibido besar a una mujer en público.

Curiosidades sobre los besos

. Para dar un beso en la mejilla se utilizan dos músculos faciales; para dar uno apasionado se emplean 34.

. Durante el transcurso de un beso se inclina la cata el doble de veces hacia la derecha que hacia la izquierda.

. Las personas pasamos besando una media de dos semanas de nuestra vida, 336 horas.

. Durante el transcurso de un beso circulan por la saliva 9 mg de agua, 0,7 g de albúmina, 0,18 g de sustancias orgánicas, 0,711 mg de materias grasas, 0,45 mg de sales y un buen puñado de bacterias y enzimas.

. La gente recuerda el 90% de las cosas que ocurrieron con sus primeros besos.

. En Japón, los besos apasionados se dan en el cuello o en las manos, pero nunca en los labios.

. Besar con pasión durante 10 minutos quema 150 calorías.

. Como las huellas digitales o los copos de nieve, no hay dos impresiones de labios que sean iguales.

. La piel de los labios es la única parte de la epidermis idéntica entre hombres y mujeres.

. Los nepalíes no se besan.

*Eldiario.es. Las imágenes fueron extraídas del libro Antes de que te vayas quiero decirte, de Miss N & Elena Pancorbo (Cross Books) Ilustraciones: Blastto