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Tips Femeninos | Harold Gramatges: Quijote de estos tiempos

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Harold Gramatges. Foto: Archivo de Granma Hace pocos días Harold Gramatges nos convidaba a recordarlo nuevamente. El pretexto fundamental era su cumpleaños 102, pero los que fuimos sus alumnos de diversas maneras, no solo lo hacemos cada 26 de septiembre.

Su huella comienza en su natal Santiago de Cuba, y pronto la capital del país le acogería con hospitalidad en el Conservatorio Municipal de La Habana (hoy Amadeo Roldán) siendo alumno, precisamente, del mítico compositor. Según admitió Gramatges, desde el primer encuentro entre ambos le llamó la atención su rigurosidad y exigencia más su trato afable hacia los jóvenes, lo cual hablaba de la importancia de Roldán como figura entronizadora musical y su plena confianza en una generación siempre futura. Así, el camino formativo de nuestro querido y joven santiaguero vendría a replanteársele cuando recibe clases del también ilustre José Ardévol, lo cual significó una enseñanza de por vida dentro de las aspiraciones compositivas del pupilo.  Consabido es por todos, aunque también menester recordarlo, las clases de composición recibidas de Aaron Copland en Estados Unidos, así como las de dirección orquestal a través de Serge Koussevitsky, la gran pasión de Gramatges, aunque optara sabiamente por consagrarse a la faceta autoral.

Una carrera excelsa dentro del vanguardismo musical le hizo rápidamente una figura obligada y referencial no solo en Cuba, sino en otros países, factor al que debe sumársele su vinculación a un sólido movimiento cultural que contemplaba zonas como el cine, la literatura, la filosofía, la política o la pintura. Todo ello fue más que suficiente para el desarrollo autoral endógeno de Harold, así como para la edificación de un lenguaje renovador y fresco dentro de los conceptos artísticos habituales de la mitad del siglo XX.

Ahora bien, su obra musical, con eco en expresiones diversas, tuvo interesantes enfoques hacia y desde el teatro, con piezas ya clásicas dentro de su repertorio como Calígula (1955) o Medea la encantadora (1957), donde el uso de morfologías contemporáneas ya lo presentaban como un vanguardista a toda prueba. Si repasamos su vasta producción notaremos la pluralidad de formatos atípicos para los cuales escribió, combinando elementos percutivos con sólidos pasajes atonales, pero sin llegar a la estridencia que bien pudiera derivarse de tales experimentos. Por citar una rara mezcla musical podríamos mencionar su obra Móvil II (1970), que incluye flauta, trompa, clarinete, trompeta, cello, vibráfono, xilófono y percusión. La combinación de los vientos (madera y metal) con las demás familias (cuerda frotada y percusiones) constituye una renovación y un reto dentro del universo creativo de Gramatges.

Su altruismo y consagración musical tal vez lo refrende el haber sido merecedor del Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria en su 1ra. edición de 1996, del cual donó la casi totalidad del incentivo económico a la Uneac, específicamente a la asociación de músicos, la cual presidía. Pero sin duda su mayor premio era recibir a sus amigos y alumnos para aconsejarnos y charlar en su terraza de Miramar, a cualquier hora del día, junto a su querida e inseparable  Manila. Y eso, según me dijo alguna vez, lo hacía más feliz que cualquier acto material en este mundo.

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