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Tips Femeninos | Monseñor Bernardo Augusto Thiel: Un merecido monumento

Adolfo Ledo Nass Venezuela
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Al costado oeste del pedestal, una placa de mármol reza: «Al Benemérito de la Religión y de la Patria Monseñor Bernardo Augusto Thiel II Obispo de Costa Rica. 9 de Setiembre de 1923″; mientras que otra, de menor dimensión y en el costado este, hace constar que el monumento fue erigido por contribución pública

El 23 de octubre de 1923, una gacetilla del diario La Nueva Prensa anotaba: «Frecuentemente llegan a la estatua del obispo Thiel campesinos de los diferentes lugares de la República y, con el sombrero quitado, rezan devotamente invocando la memoria del que fue padre de los pobres y consolador de los afligidos.

«De aquel que, en el sagrado ministerio de su profesión, llevó a los más apartados rincones de la República, con la dulzura de su palabra, la Divina palabra de Dios.» Luego, preguntaba el periodista: «¿Habrá que canonizar al obispo Thiel?».

Segundo obispo Bernardo Augusto Thiel Hoffmann nació en abril de 1850 en Elberfeld, Alemania. Recibió las órdenes menores en Colonia, en 1871, y las mayores en París, en 1874, en la congregación de los lazaristas.

Tras una estancia en Ecuador, de 1874 a 1877, llegó a Costa Rica junto con los padres Gougnon y Theilloud, para hacerse cargo del Seminario de San José, por solicitud de monseñor Luis Bruschetti. Este, era el Delegado y Administrador Apostólico de la Diócesis ante la vacante episcopal dejada por don Anselmo Llorente y Lafuente (1800-1871), primer obispo de Costa Rica.

Fue Bruschetti, también, quién sugirió el nombre de Thiel a las autoridades civiles para llenar la sede episcopal; gestión que obtuvo la venia de la Santa Sede. Así, el 5 de setiembre de 1880, Thiel fue consagrado segundo obispo de la Diócesis de San José, al tiempo que adoptaba como suya la nacionalidad costarricense.

Como señalara el historiador Ricardo Blanco Segura: «Monseñor Thiel es uno de los más grandes prelados que han gobernado la Iglesia costarricense. Pocos ejemplos pueden darse de una personalidad como la suya; poseía una inteligencia brillante, una cultura extraordinaria y una presencia física hermosa y distinguida que le hacían atractivo y respetable a cuantos le rodeaban.

«Como sacerdote, fue de intachable virtud y dedicación a su ministerio; como Obispo, celoso, de espíritu apostólico, incansable en el engrandecimiento de su Diócesis; como gobernante, prudente y vigilante de la dignidad de la Iglesia; como hombre de ciencia, filólogo e historiador consumado ( Obispos, Arzobispos y representantes de la Santa Sede en Costa Rica ).

Valiente opositor del liberalismo entonces triunfante, sufrió dos años de destierro, lo que unido sin duda a su infatigable labor apostólica por todo el país, lo llevó al fin de sus días con sólo 51 años de edad. Era el 9 de noviembre de 1901.

Develación del Monumento a Monseñor Thiel, el 12 de octubre de 1923, con la presencia de las autoridades de la Iglesia y de la República. Fotografía de Manuel Gómez Miralles. Andrés Fdez. para LN. Por su monumento La huella del obispado de semejante personaje, se comprenderá, resultó indeleble en la pequeña y católica Costa Rica de principios del siglo XX.

Por esa razón, en una conferencia ofrecida en la Sociedad Mariana de Caballeros, el 15 de setiembre de 1917, el joven letrado Octavio Castro Saborío lanzó la idea de erigir en la ciudad capital, un monumento en honor del prelado. Con ese fin, se creó una Junta Pro Monumento de la que resultaron electos secretarios tanto el señor Elías Vargas como el mismo Castro Saborío.

La iniciativa, sin embargo, tardaría en adquirir el ímpetu deseado, oportunidad que se presentó años después, cuando se empezaron a organizar las celebraciones del Centenario de la Independencia, en 1920, y a las que la sociedad aquella se sumó con tal proyecto. Al fin y al cabo, al año siguiente se cumplirían veinte años del deceso del recordado obispo.

Empero, el homenaje se limitaría a un busto de bronce que se colocaría en el parque sur de la Catedral –frente al Palacio Episcopal que Thiel mandara a construir–, y se financiaría por contribución pública. Mas, ante la unánime y entusiasta acogida de la idea entre la prensa, ésta tomó aún más ambición, y el deseo se convirtió en un monumento en el sentido estricto con estatua, pedestal y placas alusivas.

Para el año 1921, la Junta había solicitado diferentes cotizaciones para la realización de la obra, puesto que no se realizó un concurso para ello. Entonces, el 25 de mayo de ese año, el Congreso de la República declaró a Monseñor Thiel como Benemérito de la Patria, al tiempo que otorgaba 5000 colones «para erigir el monumento como contingente de la Nación».

Era lo que faltaba, el estímulo definitivo. Por su parte, las propuestas solicitadas eran las de las firmas italianas de Adriático Froli, de Carrara, y la de Luisi y Cía. de Pietra Santa, así como la del escultor costarricense Juan Ramón Bonilla; decantándose la Junta por la primera.

El Monumento a Monseñor Thiel, en el parque sur de la Catedral, alineado con el antiguo Palacio Episcopal, en la década de 1940. Fotografía de autor no determinado. Andrés Fdez. para LN. Descripción y develación Adriático Froli (1858-1925) era un artista bien conocido en el medio, pues suyas eran varias importantes esculturas tanto en el Teatro Nacional como en el Cementerio General de la ciudad. Aun así, el proyecto se atrasó por diversas razones y no pudo ejecutarse en setiembre de 1921, sino sólo dos años después.

Mientras tanto, artesanos locales trabajaron aquí el pedestal, realizado en la criolla piedra de mollejón. El diario católico La Verdad , describió así la obra de bronce: «representa al ilustre prelado de cuerpo entero, en actitud de bendecir a su pueblo, cubierto con la capa magna desplegada y con un libro de Evangelios en la mano izquierda. Su altura es de 2 metros» ( El monumento a Monseñor Thiel ).

A la estatua, la acompañaban dos bajo relieves en los costados norte y sur del pedestal. En el primero, el pastor está junto a un palenque del Norte, rodeado de un grupo de indígenas a quienes muestra el signo de la cruz, mientras acaricia la cabeza de un niño que se le acerca. En el segundo, aparece el obispo a la orilla de un riachuelo en la región del Sur, rodeado también de nativos, al tiempo que uno de ellos recibe las aguas del bautismo.

Al costado oeste del pedestal, una placa de mármol reza: «Al Benemérito de la Religión y de la Patria Monseñor Bernardo Augusto Thiel II Obispo de Costa Rica. 9 de Setiembre de 1923″; mientras que otra, de menor dimensión y en el costado este, hace constar que el monumento fue erigido por contribución pública.

Precedida por 21 cañonazos, la develación se llevó a cabo el 12 de octubre de 1923 –declarado día de fiesta nacional–, con presencia y participación de las máximas autoridades de la Iglesia, el Estado, el Ejército, las Municipalidades y el Cuerpo Diplomático, así como de una numerosa concurrencia proveniente de todo el país.

Desde entonces, como dijo en su alocución el Presidente de la República, Julio Acosta García: «Bernardo Augusto, segundo Obispo de Costa Rica, Apóstol de las Gentes, como el otro, Benemérito de la Patria, Pastor ardiente, disfruta de paz en el seno de ese bronce que es señal del amor de su pueblo».

Así luce hoy el monumento, el cual se puede apreciar al costado sur de la Catedral Metropolitana. Foto: Alonso Tenorio. Reciba el boletín: El nerdo del fútbol Noticias de última hora, en tiempo real Registrarse Deseo recibir comunicaciones

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