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Trasplantes no, metralletas sí?

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La máquina asesina sigue rugiendo. Tiene 20 años prendida, con esos motores a toda velocidad. Con forma de carroza fúnebre se desplaza por los 912 mil kilómetros. El país es su pista, o, dicho de otra manera: Venezuela es su cementerio. Los últimos decesos ocurridos en el hospital J.M De Los Ríos, son una muestra irrefutable de que matar es su consigna. No importa de quien se trate, como en esta historia, son simplemente niños con derecho a vivir soñando, con alegrías, con esperanzas de prolongar su existencia. Pero no, la sentencia de Maduro y su pandilla es proseguir cortándole las alas a esos angelitos.

Por eso Erick Altuve, de 11 años, expiró el pasado domingo, se quedó dormido para siempre porque no llegó, a tiempo, el trasplante medular. Lo desgarrador no sólo era el sufrimiento de los progenitores de Erick, de sus familiares más cercanos, la frustración de los galenos y de todo ese abnegado personal que presta sus servicios, muy a pesar de las carencias que acusa ese centro de salud, también les desgarraba el alma a todos ver las imágenes de los mafiosos de Maduro haciendo exhibiciones en los campos de entrenamiento de los Colectivos Revolucionarios. Así como lo leen, “ejercicios de adiestramiento” para que sigan “disparando al blanco”, como lo vienen haciendo contra las ?cabezas huecas? de los jóvenes venezolanos, según la macabra descripción del inefable Roy Chaderton.

Giovanni Figueroa, de 6 años, también se nos fue. Partió al cielo junto con Robert Redondo, ambos cerraron sus ojos para siempre porque tampoco llegó a tiempo la oportunidad de los trasplantes. Posteriormente se sumaron a esa lista los nombres de Yeiderberth Requena. Eran parte de ese grupo de 30 seres que padecen de leucemia linfoblástica y requieren de trasplante de medula ósea.

Lo que si está habilitada es la partida presupuestaria con el arsenal de dineros para fabricar más metralletas. ¡Eso si va! Alardea el capo de los capos, mientras manosea ante las cámaras de televisión, un ejemplar que nada tiene que ver con medicinas, sino que “babea muerte”, o sea balas con las que mataron a los muchachos que con sus escudos de cartón salieron meses atrás a luchar por la libertad que no llegaron a conocer.

Cuánta razón se cuela en las reflexiones de la Dra. Susana Raffali: ?la gotera de niños muriendo en espera de decisiones políticas?. ¡Lapidaria!

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Sarmiento

Periodista, mamá, soñadora...

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