Tuve el privilegio de cultivar una amistad con el doctor Diógenes de la Rosa , distinguido intelectual e historiador, mejor conocido por sus análisis de nuestro devenir desde nuestra separación de Colombia.

Las circunstancias de haberlo conocido ocurrieron cuando tenía yo la habitual costumbre de leer libros importantes en la antigua biblioteca cerca al Palacio Presidencial. Esto fue cuando se se iniciaba el periodo presidencial de don Ernesto de la Guardia hijo, y Diógenes había sido nombrado por el mandatario como asesor suyo y secretario ejecutivo del Consejo de Economía.

Recuerdo que la bibliotecaria, Ángela Alvarado, directora de ese recinto antiguo, me presentó a Diógenes. Dentro de su grandeza y humildad, él dijo que yo le recordaba el idealismo y compromiso patriótico que en sus años mozos él mismo había tenido.

En octubre de 1956, Diógenes me invitó a su oficina en el Palacio de las Garzas . Fue la primera vez que pude entrar al recinto presidencial. Me conmovió muchísimo cuando el capitán de turno, que controlaba la entrada a la presidencia, me hizo pasar.

Por todo ese periodo presidencial tuve la oportunidad de trabajar a su lado y conocer de primera mano la forma en que su inteligencia y la del presidente de la Guardia le dieron un matiz progresista al Gobierno panameño.

Debo depurar el registro histórico sobre la tumultuosa década de 1950, en particular, lo referente al proceder del presidente Ernesto de la Guardia hijo. Durante su gobierno se dieron hechos desafortunados para nuestra historia, que me consta que el presidente no tuvo responsabilidad. En el caso de la muerte del estudiante José Manuel Araúz, casi en la adolescencia, a causa de una bomba lacrimógena. Estos hechos respondían a una intriga política dentro y fuera del gobierno. Igualmente con la rebelión del Tute y la fallida invasión cubana a Panamá, don Ernesto era ajeno a las estratagemas que acompañaron estos eventos.

Muchos años después, el poeta Carlos Francisco Changmarín le preguntó a Fidel Castro por las razones del intento de invasión a Panamá, y recibió la respuesta de que había sido un error. El gobierno de Ernesto de la Guardia no era como el de Trujillo o el de Somoza.

Claro que no lo era, ya que con la intervención de Diógenes de la Rosa, Aquilino Boyd y otros más, ese gobierno abrió el camino a muchos avances sociales y a la reivindicación de la soberanía panameña sobre la Zona del Canal. Estoy eternamente agradecido a Diógenes de la Rosa por darme la oportunidad de formar parte de ese capítulo de la historia panameña.

El autor es abogado y periodista